Los elementos de la noche

Resumen del poemario de José Emilio Pacheco

Los elementos de la noche, José Emilio Pacheco
Los elementos de la noche, José Emilio Pacheco.

Los elementos de la noche es el primer libro del poeta mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014). Apareció en 1963, una época de muchas protestas y manifestaciones sociales en México.

Características

Si bien Pacheco no se identificaba con ningun movimiento, el catedrático Michael Doudoroff lo coloca dentro de la tradición simbolista-surrealista y, efectivamente, en este libro hay muchas imágenes surrealistas y símbolismo (mar, arena, ceniza, relámpagos y sol son algunos símbolos que utiliza).

Es un poemario hermético, difícil, y poco anecdótico, y caracterizado por el pesimismo y la melancolía.

Temas principales con ejemplos

El mundo hostil:
“La lluvia extingue”
“el verano ha roído”
“la noche deja su veneno”
“Resuena el huracán, el viento en fuga”
“el trueno sepulta”
"La única luz es la que da el relámpago. / Y tú eres la arboleda / en que el trueno sepulta su rezongo"

La soledad:
"
Ante la soledad se extienden días quemados"

Apocalipsis y catástrofe:
"el último valle la destrucción”
“ciudades vencidas"

Destrucción y tiempo cíclico: 
“su canción repetida / en piedra, ola tras hora”
“el día se devora”
“Nada persiste contra el fluir del día”
“el tiempo lucha con el cielo” 
“y proyecta sus horas / en el óxido muerto, / se disuelve en la playa / donde forma el cangregjo / húmedas galerías que la marea destruye”
“al centro de la noche todo acaba / y todo recomienza”

Estilo y estructura

Encabezan la obra epígrafes de Tristan Tzara y Edgar Allan Poe.

El lenguaje se caracteriza por la elegancia verbal y los juegos de palabras. Pacheco utiliza varias composiciones poéticas, entre las que figuran el soneto, el octavo, verísculos y prosa poética. También emplea la intertextualidad con imágenes de los textos de Octavio Paz, como “Piedra del sol”, pero contradice la visión unificadora de Paz con una de desintegración y cambio.

En el poema “Árbol entre muros” parece que es una respuesta al sentido de tiempo y conciencia de Paz.

La última sección del libro consiste en “aproximaciones”, es decir traducciones no muy literales o reinterpretaciones de la poesía de otros poetas, como Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud. Pachecho considera las “aproximaciones” un válido género literario.

Tres poemas de Los elementos de la noche

“Los elementos de la noche”

Bajo el mínimo imperio que el verano ha roído
se derrumban los días, la fe, las previsiones.
En el último valle la destrucción se sacia
en ciudades vencidas que la ceniza afrenta.

La lluvia extingue
el bosque iluminado por el relámpago.
La noche deja su veneno.
Las palabras se rompen contra el aire.

Nada se restituye, nada otorga
el verdor a los campos calcinados.

Ni el agua en su destierro
sucederá a la fuente
ni los huesos del águila
volverán por sus alas.

“Canción para escribirse en una ola”

Ante la soledad se extienden días quemados.
En las olas del tiempo el mar se agolpa
y proyecta sus horas
en el óxido muerto,
se disuelve en la playa
donde forma el cangregjo
húmedas galerías que la marea destruye.

El mar tiene palabras que se mezclan y estallan
cuando la tierra escucha
su canción repetida
en piedra, ola tras hora.
Un caracol eterno son el mar y su nombre.
En su cuerpo varado
encalla toda noche.

El mar, espejo roto
de la luna desierta.

“Árbol entre dos muros”

Sitiado entre dos noches
el día alza su espada de claridad:
mar de luz que se levanta afilándose,
selva que aísla del reloj al minuto.

Mientras avanza el día se devora.
Y cuando toca la frontera en llamas
empieza a calcinarse. De tu nombre
brotan la luna y su radiante armada,
islas que surgen para destruirse.

Es medianoche a la mitad del siglo.
Resuena el huracán, el viento en fuga.
Todo nos interroga y recrimina.
Pero nada responde.
Nada persiste contra el fluir del día.

Al centro de la noche todo acaba
y todo recomienza.
En la savia profunda flota el árbol.
Atrás el tiempo lucha con el cielo.
El fuego se arrodilla a beber rescoldos.
La única luz es la que da el relámpago.
Y tú eres la arboleda
en que el trueno sepulta su rezongo.