Los calendarios astronómicos en América del Sur prehispánica

Arqueoastronomía en América del Sur precolombina

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Intihuatana en Machu Picchu (Perú). Jordan Klein / Creative Commons

La astronomía en América del Sur no se desarrolló con la precisión de Mesoamérica, o al menos no quedan demasiadas evidencias, pero sí tenían sus propios métodos calendáricos. El Sol estaba presente en la mente de los misteriosos constructores de Tiahuanaco y en los grandes centros urbanos incas.

Antiguas sabidurías astronómicas en Sudamérica

La Puerta del Sol de Tiahuanaco posiblemente fue un calendario solar, así como la Puerta de la Luna, donde todos los solsticios (diciembre y junio) sale el Sol por la puerta o por uno de sus extremos.

Fueron construidos por una cultura preincaica de la que quedan pocos vestigios que había colapsado unos 500 años antes de la llegada de los europeos.

Las Torres del Chankillo (Chanquillo) se ha propuesto como el observatorio solar más antiguo de América, ya que cuenta con 2 000 años al menos de existencia. Forman la estructura 13 torres que se alinean de norte a sur. Se localiza a 400 km de Lima, cercano a la costa y según los investigadores Iván Ghezzi y Clive Ruggles, gracias al Chankillo los antiguos pobladores, 300 aC., podían determinar con cierta precisión los solsticios y equinoccios y en definitiva construir un calendario tanto agrícola como ritual.

La astronomía inca

Los observatorios solares incas se encuentran en la región de Cuzco y en la costa peruanas construidos por la cultura moche entre 200 y 300 aC.

Machu Picchu, a tenor de lo propuesto por el arqueólogo Rolf Muller, la ciudad sagrada inca, fue erigida con un marcado objetivo astronómico y con una antigüedad muy superior.

En efecto, Machu Picchu, una ciudad contemporánea a la conquista, tiene algunos alineamientos solsticiales como el Torreón, según ha demostrado el arqueoastrónomo J.B. Carlson.

El monumento más descaradamente usado como instrumento astronómico es el intihuatana, un monolito de cuatro caras orientadas a los puntos cardinales.

La relación con la salida del Sol resulta evidente por su propio nombre quechua: Inti-Sol; huatana-amarra. Es decir, "donde se ata el sol". Actuaría como un gnomon que permitiría a los sacerdotes definir las estaciones.

En otros lugares de Perú existen intihuatanas, aunque sólo se conservan en buen estado los de Pisac y Machu Picchu. El intihuatana de Pisac formaba parte de un observatorio astronómico.

Astronomía y calendarios con ceques y quipus

Otros lugares que estudian los arqueoastrónomos es el Korikancha en Cuzco, hoy convento, antaño centro religioso (Templo del Sol o Inti Kancha) del que irradiaban líneas conocidas como ceques que formaban una urdimbre a modo de cartografía social y astronómica del territorio. Para su lectura se valían de quipus.

La herramienta calendárica más importante era el quipu, estructuras construidas con sogas anudadas a modo de ábaco que les permitía llevar la contabilidad además de fechas y efemérides. Ese entramado de nudos representaba la visión inca del universo en el que todo está conectado: cuerpos celestes, emociones humanas y topología de un territorio.

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