Los adolescentes deben ser guapos

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Mikul Robins

Una de las características de la adolescencia es que las chicas y los chicos comienzan a preocuparse cada vez más por su aspecto físico. Suele ser el momento en el que sus cuartos se llenan de botes de maquillaje, perfumes, lacas de uñas y sus armarios se desbordan por la cantidad de ropa que almacenan.

¿Cómo lucen? ¿Qué se ponen? Hablan de ello, piensan en ello y en algunos casos hasta se obsesionan con ello.

A muchos y muchas les preocupa su aspecto y lo cuidan pero sin más consecuencias. Pero en algunos casos, esa preocupación por el aspecto puede ocasionar problemas y problemas graves.

Esto suele último suele ocurrir en los casos de chicos o chicas cuyo aspecto físico no se considera dentro de lo que es la normalidad: adolescentes con sobrepeso o muy delgados, más altos que la media, o más bajos… Las posibles combinaciones de chicos o chicas diferentes a la media general es enorme en la adolescencia porque es un periodo de cambios que en unos suceden más rápido que en otros.

Si esas “diferencias” se unen a algunas otras características como el perfeccionismo, la timidez o la falta de autoestima pueden desembocar en asuntos más serios como la aparición de un trastorno de la alimentación, la depresión o simplemente las dificultades para relacionarse de forma saludable con sus iguales.

La mayoría de los padres y madres son muy conscientes de estos riesgos pero no saben cómo combatirlos.

Lo cierto es que es muy difícil. Pero lo primero que deben hacer es entender bien de dónde nace esa enorme presión que sufren los adolescentes con respecto a su imagen. Entiendo bien de dónde viene esa presión es algo más sencillo buscar herramientas para combatirla.

El físico sí importa. Con mucha frecuencia escuchamos decir que el aspecto físico no es tan importante.

Incluso es muy habitual que eso se lo repitamos constantemente a nuestros hijos. Pero por mucho que lo repitamos, no suele servir para nada. Y no sirve para nada porque la realidad es que el aspecto físico sí importa, y mucho. Vivimos en una sociedad que le da una enorme trascendencia a nuestro aspecto físico. Así que será mucho más efectivo que reconozcamos ante ellos que el aspecto físico sí importa dentro de la sociedad pero les enseñemos a analizar por qué es así y las formas de rebelarse ante ello.

La presión de la publicidad. La publicidad está muy presente en la vida de los adolescentes y en ella la uniformidad estética es una dictadura. Todos los modelos que aparecen son uniformes y están dentro de esa imagen que se considera ideal y en la que la mayoría de nuestros hijos no entran. Hagamos que lo vean. Y hagamos que entiendan también que ese no es el mundo real, se trata solo de una ilusión creada con el único propósito de hacerles creer que si compran tal o cual producto conseguirán con ello a la vez convertirse en uno de esos modelos ideales, algo que es totalmente falso.

La presión sobre las chicas. Si los adolescentes varones sufren presión, la que sufren las chicas es todavía mayor y a veces casi insoportable.

Durante decenas de años, y de forma sutil pero muy efectiva a las mujeres se les ha hecho creer que para ser mujeres deben ser bellas, delgadas y discretas. Incluso las mujeres, muchas de ellas madres de adolescentes, que han conseguido tener su trabajo y vivir su vida con independencia, es decir que deberían sentirse unas auténticas triunfadoras, viven muchas de ellas sometidas a esa presión. Identificarla y enfrentarse a ella es una fórmula buenísima para ayudar a las adolescentes que vienen detrás de ellas y corren el peligro de que sus vidas estén siempre sometidas a esa misma presión.