Lola, una pequeña luchadora con un gran corazón

La niña argentina de 6 años sufre varias cardiopatías congénitas

La historia de Lola, una niña con una cardiopatía congénita
Una imagen de Lola cuando tenía 4 años. Foto cedida por Pablo Hernán, padre de la niña

Cuando Romina y Pablo, un matrimonio de Roque Pérez, una ciudad en la provincia de Buenos Aires, se enteraron de que iban a ser padres de una hija con una cardiopatía congénita el mundo se les vino abajo. Tenían miedo, no entendían por qué a ellos les había tocado y se preguntaban, como muchos padres en la misma situación, qué es lo que habían hecho mal.

“Hasta que entendimos que un hijo es una bendición, y un hijo con una cardiopatía congénita es una bendición doble.Todos los días agradezco a Dios por enviarnos a Lola.

La elijo y la volvería a elegir cien millones de veces más, a mi amada Lola, tal como es, con su corazón travieso”, explica orgulloso el padre de esta preciosa niña de 6 años y medio.

El nacimiento de Lola

Lola nació en la Ciudad de La Plata el 11 de enero de 2010. Tres días antes le habían diagnosticado una comunicación interauricular (CIA), una comunicación interventricular (CIV), un ductus arterioso persistente, una estenosis pulmonarsevera y una transposición de los grandes vasos (TGV).

“Nos enteramos por casualidad ya que el médico que nos siguió durante el embarazo nunca se dio cuenta que de la niña tenía problemas en el corazón. Pero sí lo hizo la partera, quien notó algo raro en el sonido de su corazón. Lo consultamos con el ginecólogo, pero nos aseguro que no era nada, que solamente era algo funcional, que al nacer se normalizaría todo”. Pero los padres no se quedaron tranquilos, y quisieron saber más.

Viajaron a la ciudad de La Plata para consultar a otros especialistas y fue entonces cuando se enteraron de sus cardiopatías.

“Teníamos el peor pronóstico, nos daban muy pocas esperanzas de vida”, comenta Pablo. Pero las ganas de vivir y la fuerza de la niña superaron con creces la enfermedad. “Nació por cesárea, estaba estable y su corazoncito latía fuertemente.

En cada latido demostraba sus ganas de vivir”, dice el padre.

Tras pasar diez días en Neonatología para controlar que todo iba bien, la familia salió del hospital y la niña tuvo que someterse a controles, ecocardiogramas y varios estudios.

Los médicos decidieron esperar que ella creciera para realizarle una cirugía reconstructiva general, ya que al tener tantas cardiopatías, les explicaron a los padres, corregir una por una en cada operación tenía mucho riesgo.

Lola creció sin complicaciones

“Y pasaron los meses y Lola fue creciendo contra todos los pronósticos. Ella iba escribiendo su historia día a día. Con los meses también pasaron los controles. Le hicieron varios cateterismos de control, que arrojaron los resultados que confirmaban lo que ya sabíamos: Lola podía hacer una vida normal”, cuenta su padre.

Pero cuando se acercó la fecha de su operación recibieron la llamada del cirujano comunicándoles que no iba a operar a Lola porque no lo veía claro. “Esta noticia nos borró, nos dejó ciegos. No sabíamos qué hacer,” confiesa desolado Pablo.

Finalmente encontraron a otro cirujano. Desde la primera entrevista sabían que era la mejor opción, les dio mucha seguridad y confianza. El médico les dijo que aunque había muchos riesgos, pero también había buenas expectativas, “pensemos en las buenas y vamos por ellas".

Llegó la operación

Dos años después del nacimiento de Lola, llegada la Semana Santa del año 2012 ingresaron en el hospital para la cirugía. Entraban un domingo, pero no sabían cuando se irían. Los mejores pronósticos apuntaban a que iban a estar al menos un mes internados si todo iba bien.

“Lola entró al quirófano a las 8 de la mañana. Fue terrible tener que entregarla, firmar papeles de conformidad y mil cosas más. La operación duró 8 horas eternas, las horas más duras y largas de nuestras vidas. Una enfermera nos llamó, nos hizo pasar a una habitación y ahí encontramos al cirujano con una gran sonrisa que nos comunicó que todo había salido bien”.

Lola tuvo una recuperación casi milagrosa. En menos de 24 horas ya no necesitaba la respiración artificial, a las 48 horas no tenía fiebre y ya estaba despierta.

La familia ingresó un domingo de Pascuas y una semana después, les daban el alta.

La niña se recuperó satisfactoria y rápidamente. Ahora los médicos esperan a ver cómo crece y cómo se desarrolla su corazón para saber si precisará otra cirugía.

En palabras de su padre: “Lola es una niña con gran corazón que late bien fuerte, que tiene muchas ganas de vivir. Hizo y hace una vida super normal. Va al jardín, a la colonia de verano, participa en los carnavales, va a clases de baile y, sobre todo, es muy feliz”.

Referencia:

Historia contada por Pablo Hernán Díaz, padre de Lola, una niña argentina de 4 años y medio que nació con cardiopatías múltiples.