Lo que debes hacer cuando empieza la pubertad de tu hija

Descubre lo que puedes hacer para evitar la aparición de problemas

Emociones
La llegada de la pubertad provoca una revolución emocional en las niñas. John Clutterbuck/Getty Images

La pubertad en las chicas empieza entre los 8 y los 14 años. Madres y padres de niñas de esa edad saben que la pubertad de sus hijas puede empezar en cualquier momento y a pesar de ello, para la mayoría es una sorpresa.

En la reacción de padres y madres hay algo de negación. Lo primero porque aunque ellos no sean conscientes, que sus hijas crezcan significa que los padres se hacen también mayores. Y además porque todos saben que comienza un periodo que va a ser difícil.

Estar preparados para ello y alerta hace que las cosas sean más sencillas.

Todavía es una niña

Es la frase que más se repiten los padres y madres de adolescentes ante la pubertad de sus hijas. Y es cierto. Todavía son niñas y lo van a seguir siendo en muchos aspectos. Pero también son preadolescentes que están entrando en la pubertad. Así que lo normal es que al tiempo que siguen jugando con sus muñecas tengan ya reacciones de adolescentes.

Un momento difícil para ellas

La pubertad provoca un revuelo hormonal en su organismo. Y esas hormonas unidas al desconcierto que les causan los cambios físicos que han empezado a notar en su cuerpo son los que hacen que las niñas en ese momento sean emocionalmente inestables.

Los primeros síntomas

  • Cambios físicos. Los primeros cambios físicos que se producen en las niñas son la aparición de un incipiente vello en las axilas y el pubis y la aparición del botón mamario. Pero estos síntomas suelen pasar desapercibidos, sobre todo al principio, para las madres y padres de las niñas. Casi todos ellos son conscientes de que algo está cambiando cuando observan que sus hijas comienzan a tener importantes y repentinas alteraciones emocionales
  • Cambios emocionales. Estos suelen ser los cambios más evidentes en la mayoría de las niñas. Las madres y los padres de las preadolescentes ven como sus hijas empiezan a ser ultra sensibles, lloran por multitud de cosas, se enfadan sin motivo aparente, comienzan a utilizar expresiones como ¡déjame en paz!, las puertas de sus dormitorios antes siempre permanentemente abiertas comienzan a estar cerradas cuando ellas están dentro.
  • Aparecen conflictos. Es también muy habitual que en ese momento aparezcan algunos conflictos. Los más frecuentes ocurren con sus amigas y en la escuela. Peleas con sus amigas o cambios de amistades son bastante habituales. También puede ocurrir que niñas que hasta ese momento se encontraban cómodas en la escuela y eran buenas estudiantes comiencen a tener problemas de concentración, de falta de interés…

Qué hacer

  1. Hablar con ellas. Es imprescindible que las niñas entiendan lo que les está ocurriendo. No se les puede explicar cómo se explicaría a un adulto, hay que trasladar la información para que ellas puedan entenderlo. Pero es necesario que sepan que su cuerpo está cambiando, que esos cambios son normales y buenos pero que pueden provocarle algunas alteraciones emocionales. Es importantes no agobiarlas con exceso de información pero también hay que tener cuidado con quedarse cortos. Lo más aconsejable es charlar con ellas con frecuencia sobre todo, sobre cómo se siente, cómo está en la escuela, cómo le va con sus amigas… Y así, podemos insistir en todas esas cosas que necesitan saber sin angustiarlas.
  2. Cuando aparecen los conflictos. Es bueno enfrentarse a ellos. Si los conflictos aparecen en la escuela, una buena idea es hablar con el maestro o la maestra y explicarle que nuestra hija ha entrado en la pubertad para buscar junto al maestro la estrategia que ayudará a la niña a sentirse mejor. Las maestras y maestros de niños de esta edad están acostumbrados a tratar con los síntomas de la pubertad así que suelen tener recursos suficientes para enfrentarlos.
  1. Consejeros. Una figura esencial pueden ser las consejeras o consejeros de la escuela. Ellos son capaces de hablar con las niñas como no lo hacen ni sus padres ni sus maestros y ellos también tienen recursos para ayudar a las niñas a enfrentarse con lo que les está ocurriendo. Es importante que los padres se mantengan en contacto con los consejeros o consejeras de la escuela de sus hijas para que la estrategia de ayuda a la niña sea la misma y todos sepan los avances o los problemas que aparecen.
  2. Tener paciencia. No es una época fácil para ellas así que van a necesitar toda la paciencia y el amor del que sus padres sean capaces. Cuanto más amor y más paciencia, mejor saldrá todo.