Lesbiana después de relaciones hetero

Salir del clóset es más complicado en ciertas circunstancias

Cambiar de amor
Cambiar de amor. © Olga Berrios Photostream

Es difícil ponerse en la piel de los demás, y saber porqué cada persona actúa de determinada manera. Aún lo es más cuando se trata de analizar lo que piensan y sienten otros, y porqué. En realidad, tratándose de emociones o de sentimientos, es mejor no juzgar y limitarse a respetar. Desde ese punto de partida, vamos a intentar comprende un problema que suele plantearse a algunas mujeres: el de “descubrir”, sentir, que se enamoran de otra mujer, habiendo llevado una vida como heterosexual.

Amar a otra mujer y orientación sexual

No todas las personas homosexuales se definen a sí mismas como tales desde muy jóvenes. La educación, los preceptos sociales y familiares y otras motivaciones, encaminan muchas veces a las personas hacia un rol determinado. No son pocas las personas que “descubren” que son homosexuales bien entradas en la edad adulta. Todavía es más costoso admitir que puedan sentirse atraídas por hombres y mujeres por igual. La bisexualidad ha sido tratada como una perversión hasta hace bien poco. ¿Qué pasa entonces sí, una mujer que siempre ha mantenido relaciones heterosexuales, percibe que se está enamorando o se siente atraída sexualmente por otra mujer?

La primera reacción será, obviamente, de pavor y confusión. En principio, aclaremos que una primera atracción no significa que se sea lesbiana. Deben analizarse bien los motivos por los que una se siente atraída por esa compañera, amiga o conocida.

Quizás sea una mezcla de afecto, admiración y una necesidad de empatizar que se cumple al estar junto a esa persona. O quizás, esa atracción hace que se reconozca de una vez por todas que siempre existió, pero se mantuvo reprimida por convencionalismos sociales, económicos o un poco de todos ellos.

Recordemos que nadie “se vuelve” homosexual o heterosexual, ya se nace con una orientación sexual.

En realidad, es bueno que se abra esa crisis existencial, para que la mujer tenga ocasión de plantearse abiertamente cómo se siente mejor, qué desea en realidad y cómo se identifica sexualmente.

Así, pues, el primer paso es estar segura de la propia orientación sexual, de los posibles motivos para “elegirla” o de si lo impuesto fue la heterosexualidad anterior y es junto a una mujer como se siente mejor realizada a nivel de pareja.

Pero, una vez superada esa fase, primordial para el buen equilibrio anímico y personal, queda lo más difícil: salir del clóset con un entorno familiar, laboral y de amistades ya muy establecido y que tiene una imagen de esa persona muy distinta.

Salir del clóset en edad adulta

Sentirse a gusto con una pareja del mismo sexo, después de haber padecido una mala relación sentimental -matrimonial incluso- con un hombre, es para muchas mujeres una liberación. Deja de serlo cuando comprenden que deben dar a conocer al mundo- “su” mundo- su nueva opción de vida. El temor por perder el afecto y aceptación de los más allegados, el miedo a tener que dejar de ver a los hijos, los padres, los amigos de siempre, puede obligar a negar la realidad en muchos casos.

Solo en caso de que exista esa pareja estable, con experiencia en esos trances y en quien se confía, puede realmente ayudar a dar el paso de salir del clóset sin demasiados miedos. Pero no son así todas las situaciones, y es complicado siempre, en todos los casos.

Como ya hemos dicho, la seguridad en la propia orientación sexual y en lo que se quiere para una misma y para el resto de la vida, es el primer gran paso a dar. El segundo, sin duda, es saber preparar el terreno para descubrir esa decisión y lo que implica.

No suele ser positivo ir dejando entrever el nuevo modo de sentirse o las nuevas afinidades a los familiares más cercanos, esperando que sean ellos los que se den por enterados. Si es una decisión madurada, asumida y firme, lo mejor es plantearla y enfrentarla de la misma manera.

Puede que algunas personas del entorno hayan tenido tiempo de darse cuenta de que “algo ha cambiado” o no, pero debes ser tú quien lo diga, abiertamente, con total confianza y mentalizada de que las reacciones al principio no van a ser de franca aceptación, máxime si te han conocido una relación heterosexual anterior. La inicial sorpresa y el proceso de hacerse a la idea de la nueva realidad son inevitables; y muchas personas reaccionan mediante la negación o el inmediato rechazo, que después, al calmarse y tomar medida de la situación, puede desaparecer y cambiarse por un pensamiento más comprensivo o tolerante. La paciencia y mentalizarse de cuáles deben ser los sentimientos de los demás en ese momento, son básicos para seguir adelante sin caer en desesperaciones innecesarias o dramatismos que lo empeoran.

Eso no significa que se plantee como algo en lo que los demás puedan hacer valer el peso de su opinión o sus deseos, sino simplemente en dejarles expresar sus propios pensamientos o reacciones, dejando siempre claro que ya está personalmente asumido, aunque se respete lo que piensen los demás.

La información correcta, para una correcta relación

El que hayan cambiado las preferencias de pareja y/o sexuales no quiere decir que todo lo demás deba cambiar en la vida. Por descubrir o aceptar que se es lesbiana, no tiene porqué vivirse “como lesbiana” las veinticuatro horas del día, como no se vive pensando que una es hetero toda la jornada. Hay gustos, labores, o relaciones que todos queremos mantener, sea cual sean la situación personal en el ámbito sentimental o sexual.

El entorno más próximo, sacudido aún por la novedad de la noticia, puede tener dudas o preguntas que necesita hacer, y se deben saber responder para una buena comunicación, deshacer tabús y prejuicios y volver a recuperar la confianza de esas personas queridas, demostrándoles que, en realidad, nada cambia en relación a ellas y solo deseas ser tú misma. Por eso conviene informarse sobre cuáles son las preguntas que suelen inquietar más a familiares y amigos, cuando conocen la homosexualidad de alguien cercano, y mentalizarse en que habrán de responderse tarde o temprano.

Por absurdas que parezcan algunas cuestiones, por falta de obviedad que parezcan tener algunas formas de entender la homosexualidad, la paciencia y la comprensión vuelven a ser las únicas herramientas para aclarar dudas, no enfadarse con nadie y despejar barreras con la mayor naturalidad. No perder los nervios, recordar cómo una misma pensaba de los “diferentes” en otro tiempo y pensar en que, de ese modo, todo volverá a ser normal, es lo mejor para superar el miedo al rechazo.