Las zonas erógenas o zonas de placer sensual

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¿Qué son las zonas erógenas?

Qué son las zonas erógenas
©Viegas/Creative Commons

¿Qué son las zonas erógenas?

Las zonas erógenas son áreas en el cuerpo que producen excitación sexual o que son sensibles a ella, cuando son tocadas o acariciadas. Hay numerosas zonas erógenas distribuidas en todo el cuerpo, muchas de ellas son comunes a todas las personas, como la boca y los genitales por ejemplo. Otras zonas erógenas son específicas de los hombres, como el pene y los testículos, o de las mujeres, como los senos y el clítoris. 

El ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg, quien describió por primera vez en la medicina moderna el punto G, una importante zona erógena femenina, afirmó que el cuerpo femenino era capaz de experimentar sensaciones placenteras en toda su extensión. Lo mismo se puede decir del cuerpo masculino. Las zonas de placer son tantas, que casi se podría afirmar que no hay parte del cuerpo del ser humano que no tenga la posibilidad de responder sexualmente. Esto sucede porque nuestro cuerpo está recubierto por la piel, el órgano del sentido del tacto, que es además el órgano más extenso de nuestro cuerpo.

La piel está conformada por millones de terminaciones nerviosas que nos permiten sentir y ser conscientes de las sensaciones de frío, calor, placer, dolor, aspereza, suavidad, contacto, presión, sequedad y humedad, entre otras cosas. Gracias a la piel experimentas placer sensual.

Es posible que no nos demos cuenta de toda la riqueza sensorial que nos brinda el sentido del tacto, esos mismos receptores que hacen posible que sientas y percibas una tierna caricia, así como un contacto placentero intenso y sublime durante un buen encuentro sexual. Gracias a sus millones de células receptoras todo tu cuerpo es potencialmente una gran zona erógena. El sentido del tacto tiene un componente físico y otro emocional. La psiquiatra y sexóloga norteamericana Helen S. Kaplan (1988, p.54), resalta la importancia emocional del contacto físico en nuestras vidas:

“Tendemos a responder con amor a una persona que nos acaricia y halaga. El contacto táctil tierno parece aumentar la intimidad y el compromiso mutuos”.

En las zonas erógenas se concentra gran cantidad de terminaciones nerviosas que producen sensaciones placenteras. Por ello, responden con alta sensibilidad al recibir el estímulo adecuado. Conocer cuáles son las principales zonas erógenas, te ayudará a experimentar por ti mismo cuál es tu nivel de sensibilidad en cada una de ellas, cuáles tocar cuando acaricias tiernamente, cuáles te inundan de sensualidad al tocar y ser tocado en ellas, y cuáles zonas reservarás únicamente para tus encuentros sexuales.

Tipos de zonas erógenas

Para comprender mejor el papel que tienen las zonas erógenas en la sexualidad y el placer es útil clasificarlas en tres tipos según su grado de sensibilidad:

1. Zonas erógenas primarias. Son las áreas del cuerpo más sensibles a la estimulación erótica. Estas zonas son:

  • boca y labios
  • senos
  • genitales
  • ano

2. Zonas erógenas secundarias. Son las áreas más receptivas al contacto erótico cuando aún no estamos muy excitados. Por ello, es bueno acariciarlas durante el juego sexual preliminar. Estas zonas son:

  • lóbulo de la oreja
  • base del cuello
  • parte baja de la espalda (cerca del hueso sacro)
  • curvatura de los glúteos
  • parte interna de los muslos

3. Zonas erógenas terciarias. Son los áreas del cuerpo que se vuelven receptivas al contacto erótico sólo cuando el nivel de excitación es alto. Estas zonas son:

  • palma de las manos
  • dedos de las manos
  • punta de la nariz
  • abertura de los oídos
  • ombligo
  • corvas (parte de atrás de las rodillas)
  • planta del pie
  • dedos de los pies

Cómo acariciar las zonas erógenas

El mejor modo de acariciar las zonas erógenas es secuencialmente, teniendo en cuenta el grado de receptividad de ellas durante el encuentro sexual. Es recomendable comenzar acariciando primero las zonas erógenas secundarias, luego las primarias y, por último, las terciarias, cuando el encuentro sexual esté más avanzado y tu pareja suficientemente excitada.

No siempre la estimulación de ciertas zonas erógenas produce placer. Cada persona puede tener mayor sensibilidad en unas zonas que en otras, de acuerdo a las características de su cuerpo, sus preferencias y su historia personal. 

Por eso es importante saber qué te gusta o disgusta, al igual que conocer qué le agrada o desagrada a tu pareja. La comunicación es la mejor vía para lograrlo, en especial si tienes una pareja estable.

Fuentes:
Kaplan, H.S. (1988). Manual Ilustrado de Terapia Sexual