Las razones por las que debes respetar la intimidad de tus hijos

El respeto a la privacidad de nuestros hijos es clave para su formación

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El paso más importante de la relación entre padres e hijos durante la adolescencia es el momento en el que la relación está plenamente basada en la confianza. En las dos direcciones.

Conseguir esto no es sencillo pero es una clave para que el adolescente madure de forma sana y para que las relaciones familiares transcurran de forma pacífica.

Pero para que la relación sea de confianza es imprescindible el respeto por la privacidad y la intimidad.

Todas las personas tenemos derecho a que los demás respeten nuestra intimidad. Los adolescentes también. Algunos padres y madres tardan en entender esto y eso provoca continuos enfrentamientos con sus hijos adolescentes.

Cuando antes entiendan los padres y madres que ese es un derecho de sus hijos, más sencilla será la convivencia.

Qué es su intimidad

Respetar su intimidad quiere decir que no entraremos sin su permiso en su dormitorio y que sus correos electrónicos, su ordenador, sus cuadernos, sus libros, sus llamadas son privados y tampoco podemos verlos sin su permiso.

Por qué es necesario que respetemos esa intimidad.

Imaginemos por un momento que nuestros hijos revisaran nuestros emails, nuestras llamadas, nuestros mensajes… seguro que no nos gustaría porque todas esas comunicaciones pertenecen a nuestra más estricta intimidad y así deben ser. Con ellos ocurre lo mismo, todas esas comunicaciones las hacen nuestros hijos para no compartirlas con nadie más que con la persona a la que están destinadas y, salvo que aparezcan problemas graves, así debe seguir siendo.

Respetar su intimidad es una forma de ayudarles a madurar, de que vayan entrando poco a poco en la edad adulta.

¿Debemos mantener ese respeto bajo cualquier circunstancia?

Esa es la pregunta que se hacen la mayoría de padres y madres cuando se trata de los límites al respeto de la intimidad de los hijos.

La respuesta es que solo podemos saltarnos esos límites en caso de peligro. Si creemos que nuestro hijo o hija está en problemas y que invadiendo su intimidad podemos ayudarle, esa es la única salvedad a la necesidad de respetar esa intimidad.

Podemos planteárnoslo de nuevo pensando en nuestra intimidad y en qué casos está permitido que se vulnere. Todos sabemos que las autoridades pueden invadir esa intimidad en el caso de que estén investigando algún delito. En el caso de nuestros hijos adolescentes y su intimidad podemos planteárnoslo así: si estamos preocupados porque nuestro hijo o hija tengan algún problema grave y la única forma que tenemos de descubrir si esto es así es invadiendo su intimidad, es lícito hacerlo. Siempre intentando ser lo menos invasivos posibles y teniendo claro que se trata de una acción excepcional.

Igual ocurre con aquello que hacen  nuestros hijos. Para su seguridad, los padres y madres deben saber dónde y con quién están sus hijos pero eso no quiere decir que estos deban compartir con sus padres todos los detalles. También en este aspecto tienen derecho a su intimidad.

Recordemos siempre que es difícil mantener el equilibrio entre confianza, autonomía y seguridad y que debemos pensar más en nuestros hijos que en nosotros a la hora de buscar ese equilibrio.

 No debemos olvidar que en muchas ocasiones cuando aseguramos que estamos haciendo algo por la seguridad de nuestros hijos en realidad no lo hacemos por su seguridad sino solamente para estar nosotros más tranquilos, para evitarnos una dosis de miedo o de preocupación.