Las botas de siete leguas de Pulgarcito

Pulgarcito
Wikimedia Commons.

Este pequeño ser de cuento, con multitud de versiones según las fuentes, también nos dice mucho del sentido simbólico del calzado, de la importancia que en mitos y leyendas tiene esta prenda. Y no es de extrañar, ya que los zapatos, en este caso las botas, nos indican no solo la personalidad (o persona) del que los luce, como ocurre con La Cenicienta, sino también que es el objeto mágico que posibilita el conocimiento, como encontramos en El mago de Oz.

Desde la identificación hasta la consecución de la búsqueda, el calzado aparece como símbolo en múltiples narraciones fantásticas.

El cuento de Pulgarcito de Charles Perrault

 

La trama de este pequeño ser que apenas mide un pulgar, pero eso no quita para que sea inteligente y arrojado, varía según las versiones, de tal manera que se llega a contabilizar más de 5, cada una distinta y con sus variantes. En las recogidas por los hermanos Grimm, las botas mágicas, no aparece, aunque Pulgarcito también inicia un viaje iniciático que le lleva a la riqueza.

Esta prenda solo está presente en la versión de Charles Perrault. La narración dice que el diminuto Pulgarcito era el benjamín de una familia muy pobre formada por los padres y siete hermanos. Los padres abandonan por dos veces (tal como es perceptivo en los cuentos y relatos iniciáticos) a sus hijos. La primera vez, el ingenioso Pulgarcito es capaz de regresar al hogar paterno gracias a un especial hilo de Ariadna: una serie de piedras que la madre, en un acto de piedad, entrega al hijo.

Pero el segundo abandono, al sustituir las piedras por migas de pan que son devoradas por los pájaros, se lleva a cabo. Los 7 hermanos se pierden en un bosque oscuro, simbolización arquetípica del emplazamiento donde sucede la separación y, por tanto, el inicio del conocimiento de uno mismo. Allí se topan con una familia de ogros formada por 7 hijas y los padres, los cuales retienen a los muchachos.

El ogro que pierde las botas de siete leguas

 

Y la idea no es más que servir como cena cuando sea necesario. Otra vez Pulgarcito hace gala de arrojo e inteligencia, como cuando encontró el camino a casa. Así, mientras el gran monstruo (simbolización del inconsciente oscuro que atrapa al ser humano en los deseos instintivos y destructivos) logra sustituir las coronas de las hijas del ogro por los gorros de los muchachos. Con este acto logra confundir a la bestia que devora a su prole confundiéndola con Pulgarcito y sus hermanos. Y este acto tiene tanta significación que merece un estudio aparte. Eso en otro lugar y otro día.

Ni que decir tiene que la cólera es tal que el ogro persigue a los protagonistas con sus botas de siete leguas.  Continuamos con este número considerado como mágico y ordenador del universo en distintas culturas. Pero, una vez más, Pulgarcito que es pequeño, pero dotado de recursos ingentes, logra engañar al monstruo, ya que es capaz de robar las botas mágicas y huir con ellas.

El hecho de que pudiera llegar hasta el rey (destino supremo en distintos cuentos) viene a confirmar el significado de las botas no solo como el objeto que posibilita la aventura y con ella la superación de pruebas que confirman la valía personal, también nos dice que los logros personales solo son posibles con audacia y arrojo.

Las botas de siete leguas de Pulgarcito no indican el camino, como los zapatos de El Mago de Oz, sino que más bien son el premio final. Con ellas se puede llegar a lo más alto o más lejos y a conseguir aquello que se desea. En este caso, salir de la pobreza y el abandono. El calzado, por tanto, es en Pulgarcito el objeto final de la búsqueda, la que permite alcanzar la totalidad.

Por eso nos gustan tanto los zapatos: porque está en cuentos y leyendas como recompensa suprema.