La verdadera historia de Hugh Glass

Monumento a Hugh Glass
Monumento a Hugh Glass en Shadehill, Dakota del Sur, donde fue atacado por un oso. Dominio público

La historia de  Hugh Glass (1783 – 1833) fue contada por primera vez en un libro publicado en 1939, y luego en 2002 en una novela escrita por Michael Punke. Inspiró la película “The Revenant”, protagonizada por Leonardo DiCaprio y dirigida por Alejandro González Iñárritu.  

En el libro “The Oregon Trail” (“El camino de Oregon”), escrito por el proyecto de escritores del llamado New Deal, mencionaba este personaje, que era prácticamente una leyenda del Oeste.

La historia de  Glass  es un típico relato de hombres duros del Oeste: sobreviviente de un ataque, malherido y abandonado por sus propios compañeros.

  Glass se había sumado a un grupo de cazadores y exploradores dirigido por Andrew Henry que viajaba por los ríos Missouri y  Grand River, en lo que es hoy el territorio de Dakota del Sur, y que se dedicaba a comerciar con pieles de castor.

En el trayecto, Glass es atacado por un oso  que le arrancó un pedazo de carne para alimentar a sus cachorros. No  tuvo tiempo de disparar o defenderse. Sus compañeros mataron al oso, pero ya Glass estaba malherido en todo el cuerpo, y su muerte era inminente.

 El oso, de la especie “grizzly”, es uno de los más feroces y de gran fuerza, capaz de enfrentarse y vencer a otros feroces depredadores como los tigres y panteras.  Sus compañeros, viendo el estado en que se encontraba Glass, le pagaron a dos de ellos para que se quedaran con él hasta que muriera y lo sepultaran,   pues no podían llevarlo consigo o detener la expedición hasta que  muriera.

Pero Glass no murió, y luego de cinco días de espera, los dos hombres decidieron abandonarlo. Recogieron sus pertenencias, entre  ellas sus armas para defenderse  y cazar (pistola y cuchillo), y se las entregaron al jefe, asegurando que el explorador había muerto.

Glass no solo sobrevivió sino que lleno de rencor por quienes lo abandonaron, emprende una ruta hacia la vida y la venganza.

Indefenso, se arrastró hasta el asentamiento más cercano, Fort Kiowa, a unas 100 millas del lugar donde fue abandonado.

A punto de morir de hambre, alimentándose con raíces, llegó hasta donde una manada de lobos acababa de matar  un ternero de búfalo. Glass asustó a los lobos, alejándolos, y comió de la carne cruda del animal cazado por los lobos. Encontró a un grupo de cazadores y se unió a ellos, pero un ataque de indígenas aricaras acabó con la vida de todos, excepto Glass, salvado por otra tribu indígena, los mandan.

  Solo nuevamente, el aventurero llegó a la posta de Big Horn, donde planeó su venganza, pero el grupo de sus excompañeros  ya se había marchado del lugar.

Entonces, junto a otros cuatro hombres se dirigió a Fort Atkison en busca de quienes lo abandonaron.

En el camino encontraron a otro grupo de aricaras, quienes, aunque parecían amigables al principio, habían sido víctimas de cazadores blancos, quienes habían matado al jefe de la tribu el año anterior. Dos de los hombres blancos fueron asesinados, mientras que otros dos escaparon, dejando a Glass a su suerte otra vez. Durante su aventura los indígenas lo ayudaron con alimentos y abrigo.

 Cuando finalmente, en el mes de junio llegó a Fort Kiowa, para enfrentarse a quienes lo habían abandonado,  la fama de las versiones de su viaje infrahumano y sus planes de venganza había llegado al lugar.

Lo recibieron allí con gran expectativa y asombro. Sin embargo, su rencor y rabia se habían agotado en la travesía de nueve meses desde que había sido abandonado, y no pasó nada.

Glass murió en 1833 en un ataque de indígenas.