La Teodicea

Justificación de Dios

Gottfried Wilhelm Leibniz
Gottfried Wilhelm Leibniz. public domain in the United States

La idea del mal junto a la existencia de un Dios bueno y todopoderoso preocupó desde siempre en el pensamiento cristiano. El problema básico surge de la pregunta de ¿por qué un Dios bueno no solo permite sino que crea el mal? Pues recordemos que el Dios cristiano es el creador de todas las cosas. A esto se intentó contestar que Dios no crea el mal sino que lo hace el Diablo y que, en sentido estricto, el mal viene del Diablo y no de Dios, pero eso no satisface demasiado el interrogante solo lo traslada, porque Dios creó al Diablo según el esquema cristiano y, en cualquier caso, Dios permite el mal al permitir actuar a esa figura maligna.

La Teodicea de Leibniz

La Teodicea surge como una reflexión que intenta explicar todo eso y “ajustar” lo que parecen contradicciones respecto a la naturaleza de Dios. De ahí el propio nombre de Teodicea, que significa “justificación racional de Dios”. El término se remonta a Leibniz, que en 1710 publicó una obra titulada "Essais de Theodicée sur la bontée de Dieu, la liberté de l'homme et l'origine du mal". A partir de ahí la palabra “teodicea” se utiliza para denominar cualquier investigación cuyo fin es explicar la existencia del mal dejando a salvo y justificando la bondad divina. Leibniz aboga por la idea de que éste es el mejor de los mundos posibles y que Dios, en su bondad, creó justamente el mejor de los mundos posibles, el propio mundo sería una prueba de la bondad divina.

Hay que decir que hay dos conceptos de Teodicea, aquí se trata de la tradicional que enfoca el problema de Dios desde el concreto punto de vista del problema del mal, otro enfoque, que aquí no se aborda es el de Teodicea en cuanto teología natural, que se extiende más allá de esa puntual cuestión y trata de aspectos más generales como la posibilidad del conocimiento de Dios, los argumentos a favor de su existencia, sus características y diferentes atributos de la divinidad.

El maremoto de Lisboa

Si Leibniz ya trata el problema del mal y trata de justificarlo las reflexiones que su obra marcan se cuestionan a partir de un hecho natural. La catástrofe del maremoto que asoló Lisboa en 1755 que causó entre 60.000 y 100.000 víctimas mortales. La pregunta era ¿Cómo en el mejor de los mundos posibles podía suceder tal cosa a una población cristiana?

La explicación de Leibniz entra en entredicho

En gran medida ese suceso natural -ocurrido en un país muy devoto- lleva a los ilustrados franceses a desdecir de las justificaciones ofrecidas por Leibniz, así Voltaire se deshace por completo de ellas y pasa a concebir las cosas desde un punto de vista azaroso, en el cual la fortuna buena o mala va unida a la casualidad, eso lo reflejará en sus obras “Cándido” y en su “Poema sobre el desastre de Lisboa”. Con todo Voltaire no abandona la idea de Dios pero asume la que formula el deísmo. Lo cierto es que la justificación de Leibniz, que utiliza también la idea de que éste es el mejor de los mundos posibles, será ampliamente cuestionada a partir de ese suceso, y ese “mejor de los mundos posibles” sufrirá la sátira de Voltaire.

La naturaleza del mal

Puede sorprendernos el porqué una catástrofe natural pudo cuestionar de tal manera una visión teológico-filosófica de Dios -como la que armónicamente expuso Leibniz para el Dios cristiano-, pero hay que entender que el contexto del siglo XVII tal hecho no se ve como algo natural sino como una manifestación de la cólera divina, así que la pregunta era ¿Por qué Dios azota a una ciudad y un país creyente en él?

Eso ponía en cuestión, precisamente, que el mal le fuera ajeno y estuviese vinculado al pecado humano y a la acción diabólica -así como la idealidad de éste mundo que había propuesto Leibniz como parte de su justificación de Dios-.

La cuestión del mal es, en el fondo, la cuestión de su naturaleza, las preguntas al respecto son diversas ¿Qué es el mal? ¿De dónde viene? ¿Es intrínseco a la naturaleza humana? ¿Es un factor externo a lo humano? Todas esas cuestiones se pueden responder de una manera u otra, el problema es ajustarlas y armonizarlas en una muy concreta idea de Dios, no solo personal -con características personales- sino bondadoso, omnisciente y omnipotente como es el que muestra la idea del Dios cristiano.