La preeclampsia: qué es, síntomas y sus complicaciones en el embarazo

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Los síntomas de la preeclampsia incluyen alta presión arterial, aumento súbito de peso y edema. ©Getty Images/Virginia Star

La preeclampsia es una condición que combina presión arterial elevada (más de 140/90) y cantidades excesivas de proteína en la orina de la madre. Entre un 5% y 8% de las mujeres embarazadas la padecen, según Preeclampsia Foundation.

La preeclampsia se produce cuando la placenta no llega a desarrollarse por completo y se crea hipertensión arterial en los vasos sanguíneos maternos. La enfermedad puede presentarse después de las 20 semanas de embarazo, aunque en la mayoría de los casos se reporta a partir de la semana 37.

Al afectar tu flujo sanguíneo, la preeclampsia pone en riesgo tanto tu salud como la del bebé, pero su gravedad depende del momento de tu embarazo en que se manifieste y con qué rapidez avance.

Detectada a tiempo y con el tratamiento adecuado, la preeclampsia puede manejarse para un embarazo y parto exitoso. En los casos más severos, la enfermedad puede causar desprendimiento de la placenta, interferir con el flujo de oxígeno y nutrimentos al bebé, desarrollar eclampsia, provocar bajo peso al nacer, ocasionar un parto prematuro, o muerte de la madre o el bebé (aunque esto sucede con poca frecuencia).

Factores de riesgo de sufrir preeclampsia

No se sabe a ciencia cierta qué causa la preeclampsia, pero sí se han identificado varios factores que te ponen en mayor riesgo de padecerla:

    Síntomas de la preeclampsia

    El problema más grave de la preeclampsia es que quizá no te des cuenta que la padeces, puede aparecer de repente y progresar con gran velocidad. Sus síntomas suelen confundirse con molestias comunes del embarazo:

    • Presión sanguínea alta – puede ser leve (140/90) o severa (más de 160/110). En muchos casos, no necesitas tener historial de hipertensión arterial.
    • Manos, pies, tobillos y cara hinchadas (más de lo que considerarías normal para ti), en especial alrededor de los ojos
    • Náuseas y vómitos
    • Dolor en la boca del estómago
    • Aumento de peso súbito. Recuerda que es normal aumentar alrededor de una libra por semana después del cuarto mes de embarazo. En el caso de la preeclampsia, el aumento se da más rápidamente, puede ser en cuestión de unos días y alcanzar hasta cinco libras en una semana.
    • Dificultad o poca frecuencia urinaria
    • Presencia de proteína en tu orina
    • Dolor de cabeza constante y pulsante que no disminuye con medicamentos
    • Pulso alterado
    • Dolor en la parte derecha del abdomen y hombro derecho
    • Cambios extraños en la vista, como ver puntos brillantes o borroso, visión doble, sensibilidad a la luz, o pérdida temporal de la vista
    • Confusión mental
    • En tu bebé, la preeclampsia puede reflejarse en poco crecimiento y bajo peso para su edad gestacional
    • Convulsiones, en los casos más severos (la preeclampsia pasaría entonces a llamarse eclampsia, una versión más grave de la enfermedad)

    Tratamiento

    No hay cura para la preeclampsia más que dar a luz, puesto que la condición se debe a anormalidades de la placenta. Por ello, la condición debe ser vigilada muy de cerca por tu médico.

    Si tu caso es leve, te puede recomendar reposo, tomar vasos adicionales de agua y vigilar tu dieta en el embarazo. De ser necesario, el médico puede recetarte medicamentos para bajar la presión arterial.

    La preeclampsia severa requiere hospitalización. En el hospital tu médico puede controlar tu hidratación, darte medicamentos para reducir la presión arterial, y monitorear cómo evoluciona tu condición y el bebé. Si considera que el riesgo es grave, también puede administrarle medicamentos al pequeño para ayudar a que sus pulmones maduren, en caso de que fuera necesario su nacimiento prematuro por cesárea.

    En los casos más extremos, como cuando tu condición empeora, tu bebé no muestra crecimiento o deja de moverse, la preeclampsia obliga al médico a realizar una cesárea lo antes posible.

    Si la preeclampsia se detecta cerca de tu fecha probable de parto, (de la semana 34 en adelante), tu médico puede optar por inducir el nacimiento o realizar una cesárea. Antes de ese tiempo, quizá prefiera controlar la preeclampsia mientras tu bebé de madura sus pulmones y adquiere la capacidad de sobrevivir por su propia cuenta. En caso de que tu condición o la del bebé empeore, la cesárea es la medida más recomendable.

    Prevención

    Debido a que no se conoce su causa, la preeclampsia es difícil de prevenir. Sin embargo, el cuidado médico prenatal es clave para evitar mayores complicaciones. Durante tus citas mensuales, tu médico te toma la presión arterial, anota tu peso, examina cualquier hinchazón y realiza una prueba de orina. Estos cuatro controles pueden revelar la preeclampsia en su fase inicial, para así tomar las medidas preventivas necesarias a tiempo (más información en: Control prenatal mes a mes, exámenes de rutina y pruebas especiales).

    Si has sufrido preeclampsia en embarazos anteriores, tu médico podría recomendar aspirina infantil, pero no vayas a tomarla sin que te lo indiquen. Y si sufres presión arterial elevada antes del embarazo, debes consultarle a tu médico antes de intentar quedar embarazada, pues tienes mayor riesgo de desarrollar preeclampsia y debes controlarlo desde el principio. Entre tanto, procura mantener una alimentación balanceada, tomar multivitaminas con ácido fólico y evitar el tabaco.

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    Fuentes:
    American College of Obstetricians and Gynecologists Task Force on Hypertension in Pregnancy 2013. Hypertension in Pregnancy. Accedida 15 de febrero del 2016.
    Lambert, G., et al. Preeclampsia: an update. En: Acta Anaesthesiologica Belgica. 01/2014;65(4):137-49. Accedida en línea el 15 de febrero del 2016.
    Preeclampsia Foundation Preeclampsia: conozca los síntomas, confíe en sí misma. Accedida diciembre 13, 2011.

    También conocido como: Toxemia gravídica, hipertensión inducida por el embarazo