La negligencia emocional invisible

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La psicóloga Jonice Webb describe cómo, a lo largo de 20 años trabajando como psicóloga, se dio cuenta de que había muchas personas que decían haber tenido una infancia normal pero que no eran conscientes de que habían vivido una forma de negligencia emocional sutil e invisible, muy difícil de detectar.

La negligencia, ya sea física o emocional, se considera una forma de abuso o maltrato. Puede identificarse fácilmente cuando es grave.

Por ejemplo, padres y madres que no se preocupan de sus hijos, no les dan ropa adecuada, los dejan solos durante muchas horas o no atienden sus necesidades emocionales en absoluto. Es decir, son niños totalmente ignorados.

Por el contrario, la negligencia emocional que describe Webb es mucho más sutil, más leve, pero no menos dañina, donde los padres y madres no responden lo suficiente ante las necesidades emocionales de sus hijos. No necesariamente porque no los quieran o no se preocupen por ellos, sino porque no saben cómo hacerlo. Es decir, se trata de un acto de omisión; no es algo que hicieran, sino algo que deberían haber hecho pero no hicieron. Por tanto, no son sucesos concretos que puedan recordarse, como sucede con las palizas o los insultos.

Las consecuencias de la negligencia

Como consecuencia, estas personas tienen una sensación de vacío, de desconexión con los demás, se sienten como extraños entre el resto de las personas, no entienden bien sus propias emociones y piensan que algo anda mal en ellos, aunque no pueden explicar de qué se trata.

En uno de sus artículos, Webb pone el ejemplo de un niño que ha tenido problemas con algunos matones del colegio. Se siente dolido, avergonzado por haber llorado delante de los demás en el colegio y tiene miedo de ir a clase al día siguiente. Al llegar a casa no dice nada, pero sus padres tampoco le preguntan si le pasa algo o si se siente mal ni tratan de indagar para descubrir qué ha sucedido.

Si esto pasa de manera esporádica, no tiene especial importancia, pero si sucede de forma habitual, le están transmitiendo al niño el mensaje de que sus emociones no son importantes, puesto que los demás no se dan cuenta de ellas ni responden ante ellas, sino que son irrelevantes o incluso inaceptables.

Esto hace que este niño (y más tarde, el adulto) se sienta personalmente invalidado, pero sin ser consciente de qué ha pasado para sentirse así. Comenzará a ignorar y apartar sus propias emociones, tendrá problemas para entenderlas y para manejarlas correctamente porque nadie le ha enseñado qué hacer con sus emociones salvo ignorarlas. Puede tener problemas para conectar con los demás, tomar decisiones o dar sentido a su propia conducta o la de los demás. Puede no tener claro por qué hace lo que hace, qué siente, qué se espera de él o ella, qué necesita a nivel emocional o cómo responder en una determinada situación cargada emocionalmente. Puede tener dificultades para apoyarse en los demás, o sentir ira o desprecio hacia sí mismo.

En su libro Running on Empty: Overcome your Childhood Emotional Neglect, Jonice Webb habla de este tipo de negligencia, describe doce tipos de padres que, sin saberlo, están siendo emocionalmente negligentes con sus hijos, así como los problemas que estos niños van a encontrar en el futuro como consecuencia.

Ofrece, además, diversas estrategias diferentes para ayudar a superar los efectos de la negligencia y para ayudar a los padres a asegurarse de que no transmiten a sus hijos la misma negligencia emocional que vivieron ellos en la infancia.