La música y la medicina

escuchando música
música. Foto © [Dougal Waters/ Getty Images]

Desde hace años se estudian los efectos de la música en la salud. Desde relatos extraordinarios, como el del doctor Oliver Sacks que cuenta de un joven con un tumor cerebral y una devastadora amnesia que recupera su memoria cuando escucha música de los 60’s, hasta la sobresaturada investigación de los desórdenes de ansiedad que desaparecen cuando escuchamos música que nos gusta; desde los trabajos —académicos y no— sobre música que nos ayuda a estudiar, concentrarnos o dormir, hasta la euforia y sensualidad que explota la industria discográfica para atraernos y volvernos adictos a ella.

La música forma parte de la naturaleza humana y de la mente, en la misma medida —aunque sin los mismos patrones y coherencias— que la lengua. Nuestros pensamientos son musicales lo mismo que son lingüísticos, y por lo tanto la música ordena y da sentido a nuestras emociones, nuestra vitalidad y nuestras diversas discapacidades.

Así como nuestro ego es lingüístico y puede modificarse a voluntad con la psicoterapia, nuestra mente y sus correlatos inmunológicos y fisiológicos pueden tratarse en buena medida con la música. Contrario a lo que se creyó durante parte del siglo XX, el cerebro tiene una amplia gama de funciones que no involucra el pensamiento lingüístico; entre ellos la apreciación musical.

 

La música y la ansiedad

Ha sido demostrado hasta el agotamiento el impacto de la música en el estrés y la ansiedad. La Universidad de Edimburgo participa en la creación de música asociada a los distintos patrones de ondas cerebrales —los trabajos de Marconi Union y Steven Halpern son ejemplos maravillosos de este proceso—.

El propio Halpern, considerado por muchos el padre de la musicología, comenta que los cambios de decibeles de las ciudades dañan, en un principio nuestro comportamiento, y eventualmente nuestra salud y estado físico.

No se trata solamente del ruido de la fiesta que no nos deja dormir, sino incluso patrones a los que nos hemos acostumbrado y sobre los cuales realizamos nuestra vida diaria, como el tráfico, los electrodomésticos o incluso el bullicio de un edificio departamental.

Un interesante estudio reciente de investigación experimental dirigido por Palmeiro, señala que la música puede influir en el desarrollo de habilidades tan primarias como nociones de espacio y navegación. Grupos de hombres y mujeres obtenían diferentes resultados en pruebas de orientación espacial según la música que escuchaban. Pese a que la orientación espacial es un atributo característico de la diferencia de género, ante música “negativa”, la diferencia en orientación era igualmente pobre tanto en hombres como en mujeres.

Diversos estudios en hospitales han demostrado el efecto positivo de la música relajante en personas ansiosas. Un estudio de abril de 2016 en la Revista de Medicina Paliativa encontró que los pacientes preoperatorios se mostraban significativamente menos ansiosos cuando escuchaban música, sin importar su edad, género u origen.

Al respecto, se ha demostrado que la música interviene no sólo en la ansiedad, sino en sus síntomas relacionados, como son el ritmo cardiaco, el ritmo respiratorio y la presión arterial.

El parahipocampo: la música y yo

Existe una región del cerebro conocida como giro hipocampal. En él se desarrollan las emociones evocadas por la música, los comportamientos y experiencias sensoriales psicodélicas, y la imaginería mental.

El parahipocampo está fuertemente conectado con la experiencia autobiográfica y con la familiaridad que sentimos con ciertos escenarios —a ello se debe parte de la relación de la música con la ansiedad, pues nos puede transportar a la sensación de estar en un lugar de confort.

Interesantemente, el parahipocampo también ha sido vinculado con la capacidad para situarnos e identificar contextos sociales, incluida la comunicación paralingüística: cuando esta región del cerebro funciona adecuadamente, tenemos una mejor capacidad para detectar el sarcasmo, el humor, la ironía y el enojo.

Así, buena parte de lo que nos identifica está vinculado con la música. No es sorprendente si pensamos en la forma en que nuestra música favorita puede causarnos confort en cualquier escenario, o la música favorita de alguien más, desplazarnos al recuerdo de su compañía.

En términos sociales, la música también parece impactar en nuestras percepciones de justicia y comodidad, como lo ha investigado un estudio de Fronteras en Psicología. Las personas estimuladas mediante música tienden a poner menos atención en el egoísmo de sus pares, y a castigar menos el comportamiento abusivo del que son víctimas. El experimento sugiere que muchas decisiones estratégicas que deberían ocurrir de manera fría y calculadora, son en realidad sintomáticas de nuestro humor, y que el humor puede ser manipulado a través de la música.

 

La música y la salud

Es indudable que el buen humor es un síntoma y una herramienta para la buena salud, mientras que el estrés y el mal humor promueven el malestar orgánico, la mala digestión, dificultad para dormir y para obtener los beneficios reparadores del sueño, y en general para todo nuestro organismo.

Un poco de música ambiental, durante el trabajo o al irnos a acostar, por ejemplo, pueden ser una diferencia sustantiva en nuestro desempeño y en nuestra salud, si se vuelve un hábito; en la misma medida en que alejarnos del ruido es sin duda beneficioso: trata tu mente como a una biblioteca pública.

La música puede combatir una serie de malestares. Puede inhibir la percepción del dolor. En los bebés, un poco de música puede disminuir los cólicos y el malestar que estos causan. Efecto similar tiene en dolores de cabeza, síndrome premenstrual y agotamiento físico.

En ese sentido, hay un debate sobre el impacto de la música en la cantidad de ejercicio que puedes hacer. Según millones de atletas, la música los ayuda a llegar más lejos, al grado que se considera injustamente ventajosa en el deporte profesional. Y si bien no hay estudios que demuestren de manera contundente un mayor rendimiento físico al escuchar música, sí se ha comprobado que la música aumenta los beneficios a la salud de salir a caminar o de cualquier otro ejercicio.

La música se considera un complemento terapéutico importante en pacientes con hipertensión, en personas que se recuperan de una cirugía cardíaca, en personas que reciben una transfusión de médula o simplemente de sangre, y en la rehabilitación física.