La miel, buena o mala

Un remedio natural o un ingrediente que debes evitar

miel. Foto © [Juan Silva / Getty Images]

La miel se ha utilizado como manjar y como medicamento durante miles de años. Desde tiempos remotos, la miel ha sido aprovechada por sus cualidades antiinflamatorias, su efecto calmante y su potencial regenerador en la piel.

Sin embargo, en los últimos años, cuando se ha tomado conciencia de los efectos dañinos del azúcar y se emprenden campañas para su eliminación de la dieta, causa alarma el reconocer que la miel está saturada de fructosa, cuando se cree que la fructosa es la parte más dañina de la sacarosa —la molécula que compone la azúcar común, es mitad glucosa y mitad fructosa—.

Entonces, ¿debemos dejar de comer miel, o son suficientes sus beneficios en comparación con el daño que nos causa?

 

Desde la macrobiótica hasta la dieta Paleo

Aunque la macrobiótica y la dieta Paleo tienen cosas en común, suelen diferir en puntos importantes: para la dieta Paleo, la carne debe ser esencial en la comida diaria; de hecho, la grasa animal debe ser la principal fuente de calorías. Para la macrobiótica, en cambio, la carne, en especial la carne roja, es casi eliminada de la dieta, consumiéndose acaso una vez al mes.

Curiosamente, en torno a la miel ambas disciplinas guardan recelo. La miel es demasiado calórica y su producción demasiado artificial —comparada con la miel a la que pudieran acceder nuestros ancestros paleolíticos— para que puedan aceptarla: es demasiado yin, en términos de Medicina China.

Es difícil aceptar en el modelo nutricional aceptado, que la carne roja, que en general se recomienda consumir con moderación, haya producido a los seres extraordinarios que fueron nuestros ancestros.

En cambio, muchos tenemos la experiencia de personas sanas, longevas y de extraordinario carácter (como los monjes tibetanos), que viven un régimen que está bastante apegado a los principios macrobióticos.

En ese mismo sentido, resulta curioso notar que hay miles, cientos de miles de personas que comen cantidades de miel que alarmarían a cualquier nutricionista, y que se encuentran en cambio en perfecto estado de salud.

¿Con qué certeza le decimos a estas personas que deben eliminar la miel de sus dietas? ¿Que los está dañando?

Dejar de comer azúcar es altamente recomendable, pues el incremento del azúcar en la dieta ha sido proporcional con el aumento de diversas enfermedades. Las personas que consumen azúcar habitualmente tienden a sufrir padecimientos como sobrepeso y diabetes, que personas con perfiles similares evitan simplemente retirando el azúcar de su dieta.

 

Qué hace la miel en nuestro cuerpo

En cambio, la miel, pese a ser cuatro quintos de azúcar, es un poderoso nutriente, cuyos beneficios han sido demostrados durante siglos, mientras que su daño a largo plazo es hasta ahora meramente teórico.

Es extraordinariamente rica en antioxidantes: de hecho, la apiterapia provee el antiinflamatorio más poderoso conocido.

Además, en personas diabéticas, si bien podría subir los niveles de glucosa en la sangre, mostró impactos benéficos en el control del peso corporal, triglicéridos, colesterol y homocisteína, factores importantes —pero menos reconocidos— en el control de la enfermedad.

La miel también ha demostrado potencial en la reducción del estrés oxidativo, y tiene potencial antibacteriano. Es un excelente complemento en la elaboración de cosméticos y en el cuidado de la piel.

La miel es el alimento que ha mostrado tener la mayor concentración de boro, un mineral que se pierde en los procesos de filtración de agua, pero que es tremendamente importante para el organismo: ayuda a mantener huesos, sanar heridas, producción de hormonas y enzimas, aprovechamiento de vitamina D, reducir inflamación y a eliminar metales pesados.