La leyenda de la casa de los perros

Pequeña venganza de ultratumba

La casa de los perros. Foto: Macías

Esta leyenda tiene lugar en Guadalajara, México, a principios del siglo pasado. Habitaba cómodamente en la ciudad un rico comerciante de café, don Jesús Flores, quien era viuda hace desde hacía mucho y no tenía hijos. La soledad le pesaba, por lo que decidió buscar una nueva compañera. Amante de las mujeres jóvenes y bellas, empezó a cortejar a las hijas de una mujer viuda. La menor de éstas, de nombre Ana, aconsejada por su madre acerca de la conveniencia de desposar al acaudalado pretendiente, aceptó los requerimientos del señor Flores, y pronto hubo boda en Guadalajara.

No mentimos si afirmamos que separaba a la pareja alrededor de medio siglo.

La niña Ana, ahora orgullosa esposa del señor Flores, pronto comenzó a exigir privilegios propios de su clase. Gastó una fortuna en decorar y amueblar la nueva casa, y agregó, en la parte superior, dos esculturas de perros que hizo traer de Nueva York. Desde entonces la morada fue conocida como la casa de los perros por los habitantes de la ciudad.

Todo marchaba, aparentemente, bien, pero es aquí donde comienza el misterio. El señor Flores, que deseaba ahora disfrutar de la paz de su nuevo hogar, había puesto al frente de sus negocios a un joven mayordomo, de nombre José Cuervo, quien llevaba adelante los intereses de su patrón. No pasó mucho tiempo antes de que en la ciudad se empezara a correr el rumor de que entre Ana y José, jóvenes de casi la misma edad, ocurrían amores ilícitos. Don Jesús Flores no parecía haberse enterado de la situación, o bien le restaba importancia.

Nunca la sabremos a ciencia cierta, pues un día se anunció con consternación la inesperada muerte de de don Jesús.

Por supuesto, se intensificaron los rumores de los chismosos y hasta se habló de veneno y aun de maleficios, pero nada pudo probarse. Lo cierto es que escasos meses luego del deceso de Flores se anunciaba el nuevo enlace entre la señora Ana y José Cuervo.La ciudad se preparó, si bien con algo de escándalo, para una renovada fiesta.

O al menos esos eran los planes. Semanas antes del día fijado para la boda, extraños episodios comenzaron a ocurrir en la casa de los perros. Voces que parecían venir de ultratumba, luces extrañas, puertas que se cerraban y se abrían sin explicación; en fin, todo indicaba la presencia de un espíritu disgustado que no quería hacer sencilla la estadía de la pareja. No pudiendo soportarlo más, la señora Ana y José Cuervo huyeron de Guadalajara con rumbo incierto, llevándose apenas unas cuantas cosas que pudieron cargar en su equipaje. Se ignora si más tarde concretaron la boda o no.

En tanto, la casa de los perros quedó desocupada. Muchos pícaros intentaron hacerse fácilmente de un lugar lujoso donde vivir, pero a los pocos días salían corriendo espantados por la actividad paranormal. Las autoridades eclesiásticas tomaron cartas en el asunto y oficiaron misas para el descanso del alma de don Jesús Flores en el mausoleo donde había sido enterrado. Con el tiempo, los fenómenos sobrenaturales comenzaron a mermar, hasta finalmente desaparecer. Quizás el alma de don Jesús halló finalmente la paz eterna. Hoy día la casa de los perros es una conocida leyenda de Guadalajara y un moderno museo.