La inmadurez en la adolescencia

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Adolescentes en un tren para niños. Radek z Brna

Una queja habitual entre las madres y los padres de adolescentes es que sus hijos son inmaduros. Pero esa queja procede de que los padres y las madres no entienden bien el proceso por el que están pasando sus hijos. Entender ese proceso ayuda a comprender que esa inmadurez de la que se quejan es precisamente la característica que define lo que les ocurre a sus adolescentes.

La adolescencia es un tránsito: el camino que lleva desde la infancia hasta la edad adulta.

Tras la pubertad, los chicos y las chicas empiezan a vivir una serie de transformaciones físicas y psicológicas. Todo en sus vidas es cambiante, no solo su cuerpo, también lo es su cerebro, sus emociones, sus deseos, sus aspiraciones, sus relaciones, su sexualidad. En ese proceso, chicas y chicos deben adaptarse a todos esos cambios y, al tiempo, decidir en qué se quieren convertir. Y no es fácil.

Ese proceso es, por definición, un periodo de inmadurez. Los adolescentes están madurando, se están convirtiendo en adultos, pero aún no lo son. Con el paso del tiempo, los rasgos de inmadurez van siendo cada vez menos y los de madurez, más. Hasta que llega un momento en que el adolescente se ha convertido en un joven adulto.

En la adolescencia y, necesariamente, conviven rasgos de la niñez que aún no se han abandonado con los nuevos rasgos de la madurez que se van adquiriendo. Hay veces que unos resaltan más que otros y hay adolescentes que crecen más deprisa.

No hay nada definido, no hay un ritmo al que se pueda llamar “normal” para que eso suceda. En unos sucede más rápido y en otros más lento. Pero en cualquier caso, es absolutamente normal que los adolescentes sean inmaduros. Tienen que serlo.

Cómo ayudarles a crecer

Para ayudar a los adolescentes en ese proceso es imprescindible que sus padres entiendan esos rasgos de inmadurez como normales.

Eso no quiere decir que acepten que su hijo o hija sea un irresponsable. Como tampoco lo aceptaron en sus últimas etapas de la niñez. Hay que tener claro que una cosa no es igual a la otra. Exigir a un adolescente responsabilidad no es impedirle crecer sino todo lo contrario, es marcarle el camino por el que debe transcurrir su crecimiento.

Pero no debe ser motivo de preocupación que un adolescente, en las primeras etapas de esta edad, juegue a veces a juegos de niños o que se entretenga con amigos más jóvenes que él o ella. Como tampoco lo es que a veces tenga reacciones que nos recuerden a cuando era niño porque, en una parte, lo sigue siendo.

Es importante, eso sí, apoyarle para que siga su propio ritmo de crecimiento. Para ello hay que ayudarle a ir ganando responsabilidad, a ser cada vez más autónomo y a tomar sus propias decisiones. En una palabra, a que se vaya despegando de sus padres. Muchas veces esto es doloroso para padres y madres porque de alguna forma sienten que están perdiendo a sus hijos pero deben pensar que ello es imprescindible para que sus hijos crezcan.