La inflamación como tratamiento

La ciencia estudia la posibilidad de mejorar la inflamación, con inflamación

pies hinchados
inflamacion. Foto © [Ian Hooton / Getty Images]

Los procesos inflamatorios parecen ser el problema de salud más preocupante. Siete de cada 10 personas en Estados Unidos mueren por una enfermedad relacionada a un proceso de inflamación crónica, y millones sufren algún tipo de discapacidad, motriz o mental, en la que encontramos procesos inflamatorios.

En los últimos años, la preocupación por la relación entre enfermedad e inflamación ha desatado una promoción inagotable de antiinflamatorios, y ha causado serios cuestionamientos sobre el impacto entre nuestro estilo de vida y la salud.

Las razones detrás de estos patrones nocivos las encontramos en la industria alimentaria (que ha desprovisto la dieta de Omega 3) la contaminación de campos de cultivo, aire y agua.

Sin embargo, estudios recientes se han aproximado al problema de las enfermedades con inflamación crónica desde una perspectiva diametralmente opuesta. El planteamiento original es que la inflamación, un proceso natural del sistema inmunológico para generar glóbulos blancos, aislar una infección y reparar tejidos dañados, se sale de control en ciertas enfermedades y desencadena la muerte de células sanas —algo estrechamente vinculado con el estrés oxidativo—.

Pero, ¿qué tal si el problema no es la inflamación? Es decir, ¿qué tal si lo dañino no es la inflamación descontrolada, sino la causa subyacente?

La medicina deportiva ha experimentado la importancia de la inflamación como ninguna otra. Desde la década de 1970 se sabe que los macrófagos, células capaces de “fagocitar” bacterias y toxinas en una lesión, son clave del proceso inflamatorio y parte invaluable del proceso de sanación.

Pero su papel, hasta la fecha, no se comprende por completo. Existe evidencia que sugiere que los macrófagos se comportan de formas distintas dependiendo de la etapa de la inflamación, y de su relación con fenotipos presentes en las distintas etapas de restauración de tejidos.  Se cree que sólo en determinadas circunstancias, estas células pueden promover la inflamación excesiva o la fibrosis, lo que puede ocasionar problemas crónicos y deficiencias en la reparación de tejidos.

Algunos médicos promueven la irritación controlada de tejidos dañados, para promover procesos inflamatorios, y así estimular su reparación. Contrario al tratamiento popular de una herida muscular, no se evita la inflamación, sino que se promueve.

Este tratamiento es incómodo: una herida inflamada es más sensible y puede disminuir la motricidad. Pero ese dolor y esa parálisis son necesarias para que el cuerpo promueva una reparación integral. Obstaculizarla con antiinflamatorios y analgésicos no sólo produce una sanación más lenta y deficiente, sino que puede acarrear problemas inmunológicos severos en el futuro.

Promover la inflamación en personas que padecen problemas crónicos inflamatorios parece una apuesta arriesgada, pero los laboratorios médicos empiezan a acumular evidencia que sugiere que los procesos inflamatorios que la medicina ha atacado despiadadamente, en realidad están protegiendo tejidos de manera masiva, y que cuya causa de deterioro, si bien se desconoce, no se encuentra en el proceso inflamatorio.

En concordancia con los principios de la homeopatía, la investigación médica piensa ahora que estimulando la inflamación podría ayudarse al cuerpo a elaborar sus defensas, y se ha comprobado con horror que muchos de los tratamientos antiinflamatorios a los que se someten los pacientes con enfermedades crónicas, aceleran el deterioro de la salud.

Cómo puedo beneficiarme de esta investigación

La lección a aprender es que el cuerpo todavía encubre misterios, y que su reacción natural a la enfermedad —como dolor e inflamación— funciona mejor que las estrategias para manipular las dolencias. Al aliviar los síntomas, no siempre aliviamos nuestro malestar. Mientras el avance médico esté intrínsecamente vinculado a la medicina alopática, seguiremos dando traspiés por no entender al cuerpo holísticamente.