La chica del tren, de Paula Hawkings, resumen y crítica

La chica del tren de Paula Hawkings
Planeta

La chica del tren, la primera novela de la escritora inglesa Paula Hawkings, se ha convertido en un fenómeno editorial. No sólo se colocó de inmediato en el primer lugar de la lista de bestsellers del New York Times, sino que también ha sido número uno en ventas en otros países, incluyendo España. Se trata de una obra de suspense, al mejor estilo de la novela negra, como explicamos en esta concisa reseña.

Sinopsis de La chica del tren

La historia gira en torno a Rachel, una mujer madura que ha perdido su matrimonio, su casa y su trabajo por sus problemas con el alcohol, que para pasar el tiempo deambula en tren entre los suburbios y el centro de Londres.

Desde el tren observa diariamente a una pareja que vive muy cerca de su antigua casa, pero que no conoce personalmente y a quienes llama Jess y Jason. Continuamente fantasea sobre la vida de ellos, imaginándolos como una pareja inmensamente feliz, al contrario de lo que ha sido su caso.

No obstante, resulta que Jess, cuyo nombre real es Megan, aparece muerta el mismo día en que Rachel despierta en casa de la ex-pareja de ésta -Tom- con una herida en la cabeza y sin recordar qué le ha pasado.

Rachel se empeña en tratar de averiguar quién asesinó a Megan, si su celoso esposo Scott, o su terapeuta, Kamal (Rachel vió como Megan y Kamal se besaban unos días atrás), o ella misma en un episodio de embriaguez que no recuerda.

Esto le lleva a descubrir ciertos aspectos oscuros en la vida de la pareja que idealizaba, y a ir atando cabos hasta llegar a desvelar al asesino, poniendo en riesgo su propia vida. Contar más sería arruinarles la lectura de este thriller vertiginoso.

El trasfondo de La chica del tren

Aunque la característica propia de toda novela de suspense o novela policiaca es el misterio, y el proceso del protagonista para resolver el crimen, que es lo que atrae fundamentalmente la atención del lector, no es menos cierto que el subgénero que conocemos como novela negra se centra, como manera de darle más brillo a la obra, en las angustias y sufrimientos del “detective”, normalmente azotado por sus propios demonios.

La chica del tren va un poco más allá, al adentrarse dentro de una categoría propia dentro de dicho subgénero, y que muchos la han dado por llamar “domestic noir”, y que trata de reflejar los aspectos sórdidos, si se quiere, de la vida de las familias en los suburbios, en una aparente felicidad a los ojos de los demás, pero que esconden toda una serie de “trapos sucios”. Es, pues, llevar la novela negra, de los recónditos agujeros del bajo mundo, a los relucientes pero nada limpios de la clase media.

El estilo y la técnica de La chica del tren

El tema de una persona que fantasea con una pareja que no conoce y que ve frecuentemente, seguido de la muerte o desaparición de alguno de los integrantes de ésta, es recurrente en películas y en otras novelas. De hecho, al leer La chica del tren, lo primero que me vino a la cabeza fue la obra de Javier Marías, Los enamoramientos.

No obstante, es el ritmo de la novela, que se puede catalogar de cinematográfico, lo que la hace popular, pues de alguna manera atrapa al lector y lo lleva a querer devorar la novela de un tirón, pese a que se trata de un libro de casi 500 páginas.

Por lo demás, la novela está redactada en lenguaje sencillo y directo, nada que señale una particular calidad literaria.

Destaca la narración en primera persona, pero desde la perspectiva de tres diferentes protagonistas, todos mujeres: de Rachel, de Megan, la víctima, y de Anna, la segunda esposa de Tom, el ex de Rachel.

En definitiva, se trata de una novela entretenida, pero sin mayores ínfulas, que vale para ser leída mientras disfrutamos de un día en la playa, por ejemplo.