La alegría de verles sonreir

© Eva María Bernal

Está estudiado por la antropología que la mayoría de los recién nacidos saben cómo atraer a los adultos de su especie para ser cuidados. Esos perritos recién nacidos, esos elefantes empezando andar a los minutos de haber nacido…

Tengo la sensación que en los bebés de la especie humana está más claro que en ninguna otra. Cuando nacen nuestros hijos, las primeras semanas es algo muy instintivo porque aunque no recibimos prácticamente feed back por parte de ellos deseamos cuidarles y sacarlos adelante por encima de todo, pero en apenas 8 o 10 semanas, este pequeño bebé comenzará a sonreírnos y enamorarnos con sus ruiditos.

Irán pasando los años y aunque los momentos buenos se alternarán con los momentos en los que nos sentimos angustiadas por no saber cómo conseguir que estén tranquilos o que ordenen o que no peguen, ver sus progresos en el desarrollo de sus habilidades físicas, emocionales y sociales nos va a emocionar y hacernos sentir muy orgullosas.

Quizás sea incluso un sentimiento inesperado, pero en algunos casos va a poder sentirlo plenamente. 

Y por encima de todo estará su honda emoción cuando les vea sonreír:

  • Sonreír al despertarse: lamentablemente no todos los niños, igual que no lo hacen todos los adultos se despiertan alegres, pero aquellos que sí lo hacen, nos hacen enfrentarnos al día con una sensación de que nos ha tocado una parte importante de lo bueno que tiene la vida.
  • Sonreir al vernos volver: cuando usted vuelve cansada del trabajo o quizás desilusionada por los problemas en el trabajo o acaso hay temas económicos que está intentando resolver y la traen preocupada, si hay un niño que la espera con los ojos emocionados y la sonrisa abierta gritando ¡Mamá! al verla seguro que el día puede enmendarse un poco y hacerla sentir que sé si hijos son los verdaderos pilares de su vida y los que importan de verdad.
  • Sonreír en la tragedia: nuestras niños no saben de dolor y de tragedia, no al menos como lo vivimos los adultos cuyo dolor puede impregnar las 24 horas del día. Ellos pueden percibir situaciones dolorosas y desarrollar sentimientos al respecto, pero saben vivir el aquí y ahora ¡son puro Mind fullness! Y ellos con sus juegos y sus sonrisas van ayudarnos a pasar el duelo con un poco más de serenidad. Están aquí y son reales.
  • Sonreír con sus amigos: es maravilloso observar como nuestros hijos aprende a relacionarse con otros niños. La capacidad que tienen para jugar estableciendo relaciones sin importarles si antes se conocían mucho o poco es fascinante. Verles cómo resuelven las situaciones sobre todo verles sonreír. Nuestro corazón henchido de amor nos hace darnos cuenta de qué no haremos nosotras por ver sonreír a nuestros hijos.

 

Ojalá todos los niños del mundo tuvieran la posibilidad de sonreír tanto como los nuestros, los niños del primer mundo sin carencias materiales. Aunque las personas que han estado en países como India, África y algunas zonas que también tienen problemas económicos en  Oriente o Latinoamérica hablan siempre de la sonrisa permanente que tienen estos niños que apenas tienen nada.