Internet de las emociones

La era de la computación afectiva en Internet

Internet de las emociones
RUSSELLTATEdotCOM / Getty Images

Se ha hablado ya sobre el potencial que hay con el Internet de las cosas (IoT) y era sólo cuestión de tiempo que Internet evolucionara hacia un lado más humano, algo así como “Internet de los humanos”; pero como los humanos somos seres emocionales, pues entonces estamos hablando de Internet de las emociones.

Antes de hablar del Internet de las emociones, hay que hablar de algo que seguramente te sonará más a ciencia ficción que a una realidad en vías de desarrollo: la computación afectiva.

Computación afectiva es la base

De acuerdo a la definición publicada por el MIT (enlace en inglés), “la computación afectiva es la que se relaciona con, surge de, o deliberadamente influye en las emociones u otros fenómenos afectivos”.  

En otras palabras, se trata de sistemas y dispositivos que no sólo pueden identificar emociones humanas, sino que las pueden simular también. Imagina un programa de cómputo que llegara a simular empatía con tus emociones, adaptando su propio comportamiento para dar una respuesta adecuada a lo que estás expresando. Algo así como Ava en la película Ex Machina (enlace a IMDb), pero con una interfaz [mucho] más primitiva.

Los dos retos que saltan a la vista en computación afectiva son: por un lado identificar emociones un una persona y, por el otro, expresar emociones en un dispositivo. ¿Cómo puede un refrigerador inteligente expresar frustración porque se acabó la mantequilla?

Y la pregunta más interesante ¿cómo esa expresión de emoción mejora la interacción con el humano?

Dado que algunas teorías dicen que las emociones son parte de nuestro estilo personal para resolver problemas, entonces la frustración expresada por nuestro refrigerador inteligente imaginario resulta ser, más que un berrinche, una forma de solucionar el problema de “se acabó la mantequilla” y, muy probablemente, es una forma mucho más eficiente que el simple envío de un MMS.

¿Hay aplicaciones prácticas en el corto plazo? Bueno, ahí dejaré que formes tu propio criterio; por ejemplo puedes ver esta lista de proyectos experimentales que el MIT está haciendo en esta disciplina.

Volviendo al tema de Internet de las emociones

Bueno, una vez establecida la base, podemos darle un giro más aplicable a Internet (o IoT) a eso de la computación afectiva. Y no, no me refiero a que tu navegador tenga reacciones histriónicas a tus publicaciones de Facebook. Pero sí piensa en algo así como SIRI pareciéndose más a Samantha, de la película Her (pero sin aplicarle la regla 34) y diciendo algo como “¡Tienes mucho estrés! ¿Porqué no vamos a este spa que queda cerca? ¡Te lo mereces!”. Si piensas que estoy alucinando con una SIRI emocional, te diré que Apple ya compró una compañía dedicada a computación afectiva, Emotient.

Toda la teoría de conectividad detrás del Internet de las cosas, aplicada a la identificación de nuestras emociones, pudiera resultar atemorizante porque, ¿qué podría hacer una compañía publicitaria con conocimiento de lo que sentimos? Y más aún, conocimiento de cuándo lo sentimos. ¡Un nuevo nivel de ingeniería social!

Imagina que llegas a tu casa y la iluminación cambia de acuerdo a tu estado de ánimo o que la selección de música esté basada en un estado de ánimo detectado por el reproductor mismo.

Eso es el Internet de las emociones y qué tan cerca está de convertirse en una realidad, en una parte integral de nuestras vidas, está por verse. Después de todo, ¿recuerdas como era la vida sin Internet? Quizá en un futuro no muy lejano no recordaremos aquellos días en que nuestros dispositivos eran objetos sin expresiones, sin matices.