Inmanuel Kant y la estética

La formulación de la estética kantiana

Inmanuel Kant
Inmanuel Kant. United States public domain

La palabra estética deriva del término griego “aisthesis” y quiere decir “sensibilidad”. Aristóteles había identificado lo bello con lo bueno como la materialización en la realidad de la perfección. Esa identificación de la belleza como materialización de lo bueno todavía se encuentra en el siglo XVIII en la filosofía inglesa del sentimiento moral, enlazando la idea de lo bello con la sensibilidad y ésta con el sentimiento moral.

Especialmente esto puede observarse en Shaftesbury.

La estética kantiana

La separación de la estética de la valoración moral se debe a Inmanuel Kant, quién en su obra “Crítica del juicio” contempla la estética como cosa independiente. Kant ya llamó “estética trascendental”, con anterioridad, a la parte de su obra “Crítica de la razón pura” que se encargaba de los principios que informan la sensibilidad. Estos serían el espacio y el tiempo.

En esa misma dirección utilizó, antes que Kant, la palabra estética Alexander Gottlieb Baumgarten, en su obra “Reflexiones filosóficas acerca de la poesía” usa la palabra "estética" por primera vez, para diferenciar lo que trata del concocimiento sensorial, que llega a través de la apreciación de lo bello y que se plasma en obras artísticas, frente al conocimiento cognitivo del que trata la lógica. Baungartem también llama a la estética “gnoseología inferior” y centra la cuestión de esta materia en el problema de lo bello.

Si bien Baungartem es quién introduce primero el término es Kant quién claramente crea la estética como un campo filosófico independiente, para él el juicio estético es un juicio de finalidad, de una finalidad subjetiva que le resulta conveniente al sujeto.

El juicio estético

Siguiendo a Kant el juicio estético se basa en lo que al sujeto le gusta desinteresadamente, así éste encuentra que algo es bello no cuando ese algo resulta satisfactorio por otros motivos sino cuando ese algo gusta por sí mismo, por el hecho de ser como es, sin mediar ningún otro tipo de interés externo al respecto, la finalidad de ese agrado radica pura y simplemente en aquello que gusta.

Cuando Kant se refiere a la obra o a aquello sobre lo que se valora la belleza no lo hace en relación al objeto que se analiza en sí, no trata sobre lo que sea éste sino sobre lo que despierta éste en el observador, la sensación que provoca, e imagina el “placer” o “dolor” que la contemplación del objeto causará en el espectador -su agrado o desagrado-. No enfoca la cuestión desde la lógica sino que lo hace desde lo puramente estético, es decir, desde una base totalmente subjetiva y dependiente de la valoración sensorial del sujeto. Dicho de otro modo, a la conciencia de la representación del objeto se debe unir la satisfacción -el sentimiento o sensación- que éste provoca observador, para lo cual no hace falta un conocimiento del objeto en sí -por ejemplo, a alguien puede gustarle un capitel corintio sin saber que se trata ni de un capitel corintio ni, siquiera, que eso forma parte de una columna-.

Para Kant lo estético es una “finalidad sin fin”, es decir, la finalidad reside en la estética en sí misma -en aquello que se admira porque agrada el hecho de que es como es-.

La belleza no es externa al sujeto, por el contrario es una interacción con el sujeto, éste es quién decide que algo es bello al tomar contacto con ello, supone Kant que si todo el mundo fuese igualmente desinteresado no habría diferencias en la valoración de lo bello.

La axiología en la estética kantiana

Esta idea aunque puede entenderse como subjetiva no deja de contener elementos o consideraciones objetivas, como que en igualdad de condiciones habría un patrón de belleza universal, eso también representa la formulación de la base de una posible axiología o teoría de los valores al respecto -en este caso basada en la igualdad de “desinterés” cómo circunstancia para apreciar de modo homogéneo la belleza de algo-. En el sentido de formular una axiología Kant anticipa lo que serán las tendencias posteriores en relación al estudio de la estética.

Pero lo avances críticos y analíticos de la estética kantiana se detendrán durante el período del idealismo alemán que entenderá la estética a partir de otros presupuestos no tan ligados con la apreciación del sujeto y su participación en la identificación de lo bello.

Para Friedrich Schelling lo bello se define como la síntesis de lo objetivo y lo subjetivo. Hegel ira más lejos al decir que lo bello es una manifestación de lo absoluto -lo cual lo externaliza totalmente en relación al sujeto que lo analiza-, aunque, en sentido estricto, para Hegel la reflexión estética no es una reflexión filosófica sobre lo bello sino una reflexión filosófica sobre el arte.

Será Schopenhauer quién retomará la línea teórica de las investigaciones kantianas en la estética y en la reflexión sobre la idea de belleza y de lo que es bello.