Horarios

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Austin Calhoon

Los niños y los adolescentes no tienen concepto del tiempo. Eso es algo que se adquiere cuando uno se hace mayor. Pero esa falta de adecuación del ritmo de uno mismo con el del resto puede corregirse. Hacerlo es una prueba de madurez y de responsabilidad. Por eso es importante que corrijamos a los adolescentes cuando no son capaces de cumplir nunca su horario.

Tiempo que se estira y se encoge

Todos hemos vivido eso en muchas ocasiones.

El tiempo parece pasar de distinta forma dependiendo de nuestra actividad o de nuestro humor. Hay veces que cinco minutos se hacen eternos y hay otras en las que varias horas pasan sin que nos enteremos. Para los adultos eso no es lo habitual, casi siempre tenemos una medida interior muy aproximada del paso del tiempo. Y eso es así porque a lo largo de la vida vamos aprendiendo a hacerlo.

Pero imaginemos por un momento que siempre nuestra vida fuera una sucesión de esos cinco minutos eternos y esas horas instantáneas. Así es la vida de los niños y los adolescentes por eso les cuesta mucho más seguir los horarios cuando eso depende de ellos.

Además hay otro hecho que lo dificulta aún más. Generalmente no son ellos los que organizan su propio tiempo. En la escuela son otros los que lo hacen, los niños y los adolescentes tienen siempre marcado cada minuto y además se emplean con ellos técnicas para marcarlo: timbres, campanas, etc…

Y en la casa suelen ser los padres y madres los que lo hacen. Hay muchos casos de adolescentes que no se levantan hasta  que su padre o su madre les llaman en la mañana.

Muchos padres y madres protestan por esa aparente incapacidad de sus hijos para atenerse a los horarios fijados si ellos no están pendientes.

Pero estos padres y madres deben entender algo. Lo primero es que aprender a seguir los horarios es un aprendizaje. Y lo segundo es que no se pueden pretender que los hijos aprendan a organizar sus propios horarios si siempre somos los adultos los que se los organizamos y les hacemos seguirlos.

  • Autonomía. Para que los chicos y chicas aprendan a organizarse deben hacerlo. Un buen método es que se levanten ellos mismos por las mañanas. Que pongan su despertador o su alarma y se levanten sin que nadie los llame. Es casi seguro que, sobre todo al principio, se levantarán tarde más de una vez. No importa. Si en ese momento su padre o su madre vuelven a la costumbre de llamarlos, se perderá la enseñanza. Hay que dejarles a ellos, aunque vayan a llegar tarde. De esa forma aprenderán lo que es la responsabilidad. Y veremos como en un corto espacio de tiempo, que variará según los chicos o las chicas, habrán ganado un punto más de autonomía. Y poco a poco, igual que adquieren la responsabilidad de levantarse ellos mismos por la mañana, irán adquiriendo otras responsabilidades sobre su vida y sus horarios.
  • Empatía. El desarrollo de la empatía también es fundamental para aprender a cumplir los horarios. Ponerse en el lugar de los otros cuando los hacemos esperar hará que no lo hagamos. Y lo mismo ocurre en el caso de los adolescentes. Conseguir que desarrollen esta capacidad es muy beneficioso para todo en sus vidas y también para que se acostumbren a ser más disciplinados cuando los demás están implicados en sus actividades, algo que ocurre casi siempre.