Historia de un símbolo: Rosie the Riveter o Rosita la Remachadora

El cartel 'Podemos hacerlo' fue creado durante la II Guerra Mundial

Cartel 'We can do it' con Rosie the Riveter, creado por J. Howard Miller, símbolo del feminismo.
Cartel 'We can do it' con Rosie the Riveter, creado por J. Howard Miller, símbolo del feminismo.

Es inevitable asociar el feminismo con la famosa imagen de Rosie the Riveter (Rosita la Remachadora), icono creado en 1943 por el creativo J. Howard Miller para la compañía Westinghouse Electric que en sus múltiples versiones es ya un símbolo del poder femenino. Su historia, no obstante, es algo más controvertida.

El cartel con el eslogan 'We can do it' ('Podemos hacerlo') tenía una finalidad patriótica durante la Segunda Guerra Mundial: alentar a las trabajadoras para liderar la producción de las fábricas estadounidenses mientras los hombres estaban en el frente.

El mismo Gobierno norteamericano que ahora pedía a las mujeres que "sacaran músculo" haría una campaña al final de la guerra para que regresasen a sus casas a cuidar de sus héroes y convertirse en 'ángeles del hogar', tal y como analizó Betty Friedan en 'La mística de la feminidad'.

Es evidente que la palabra "poder" es clave en las reivindicaciones feministas y que, además, tiene una gran fuerza en el marketing político. La campaña de Obama en las Presidenciales de 2008 tuvo como famosísimo lema el 'Yes, we can' ('Sí, podemos') inspirado también en Rosie, para cuyo dibujo Miller tomó como modelo a una obrera real: Geraldine Hoff. Ella fue una de las verdaderas Rosie the Riveter, a las que rinde tributo el proyecto documental 'The girl with the rivet gun', al que puedes acceder en este enlace.

La mujer, fundamental en la industria bélica

Según esta película, las mujeres construyeron 300.000 aviones y 6 millones de toneladas de bombas, convirtiéndose en piezas fundamentales de la industria bélica.

Y gracias a la Enciclopedia de Historia Económica Americana sabemos que cobraban de media 31,21$ por semana frente a los 54,65$ que recibía un hombre por el mismo trabajo. Curiosamente, los puestos de trabajo en los que eran "aceptadas" las mujeres pasaron de un 29 a un 85% en este periodo.

La imagen 'Yes, we can do it' fue recuperada por el feminismo de los años 80 para ilustrar el empoderamiento femenino y la capacidad de las mujeres para trabajar en cualquier sector y desempeñar todo tipo de tareas.

Pero su trascendencia la ha convertido ya en una imagen pop de la cultura estadounidense, aunque su objetivo en la década de los 40 fue mucho más concreto y formó parte de una campaña nacional que incrementó en un 57% el número de trabajadoras fuera de casa, hasta alcanzar las 20 millones, entre 1940 y 1944.

Mano de obra barata

No es la primera ni última vez que la mano de obra femenina se ha utilizado por necesidad de producción. Así, la llegada de la Revolución Industrial entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del siglo XIX trajo fuertes migraciones del campo a la ciudad. Las mujeres trabajaban de igual a igual con los hombres en cuanto a funciones y carga laboral, pero por menos remuneración y sin derechos sociales en caso de acoso laboral, embarazo o maternidad. Se empleaban sobre todo en la industria textil, que se consideraba un trabajo "adecuado" para ellas al igual que ser empleadas domésticas, y generaron mucha riqueza para los empresarios de la aguja en países como Francia y Gran Bretaña. Varias autoras feministas como Flora Tristán, Elena Caffarena o Emilia Pardo Bazán retrataron las condiciones de trabajo de estas mujeres en sus obras. 

Esta división sexual del trabajo estaba respaldada por los sindicatos, que consideraban a las mujeres trabajadoras débiles y a un segundo nivel con el objeto de proteger el empleo masculino.

Pero fue también el caldo de cultivo de las primeras organizaciones de mujeres que, junto al voto, reivindicaron la igualdad de salarios y libertades ciudadanas.

(Fuente: Web proyecto Rosie the Riveter. Departamento de Transporte de Estados Unidos)