Frases inspiradoras para su alma del Dalai Lama

Decimocuarto Dalai Lama
Su Santidad el Dalai Lama. John Sones Singing Bowl Media/Getty Images

Tenzin Gyatso, el decimocuarto Dalai Lama y actual lider espiritual del Tibet, fue reconocido como la reencarnación del decimotercer Dalai Lama cuando apenas tenía 2 años de edad. Desde entonces se preparó para cumplir la misión de motivar e inspirar a su pueblo, y al mundo, con sus mensajes y acciones.

Los Dalai Lama son considerados encarnaciones del santo patrono del Tibet, Avolokiteshvara, y se reconocen como seres avanzados e iluminados que por decisión han renacido entre nosotros para poder servir y guiar a la Humanidad.

El primer Dalai Lama se presentó en el año 1617.

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Frases espirituales del decimocuarto Dalai Lama 

Sólo hay dos días en el año en los que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y el otro se llama mañana. Hoy es el día correcto para amar, creer, hacer y vivir.

La ira nace del temor, y éste de un sentimiento de debilidad o inferioridad. Si usted posee coraje o determinación, tendrá cada menos temor y en consecuencia se sentirá menos frustrado y enojado.

Si alguna vez no te dan la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya. Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa, como aquel que no sabe sonreír a los demás.

Cuando pierdas, no pierdas también la lección.

El verdadero héroe es aquel que conquista su propia ira y odio.

La acción de alguien no debería determinar tu respuesta.

Mi religión es muy simple. Mi religión es la bondad.

Derroto a mis enemigos cuando los hago mis amigos.

Solo el desarrollo de la compasión y el entendimiento de otros nos pueden traer la tranquilidad y la felicidad que buscamos.

El enojo, el orgullo y la competencia son nuestros verdaderos enemigos.

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Se dice que nuestro enemigo es nuestro mejor maestro. Al estar con un maestro, podemos aprender la importancia de la paciencia, el control y la tolerancia, pero no tenemos oportunidad real de practicarla. La verdadera práctica surge al encontrarnos con un enemigo.

Tanto el creyente como el no creyente son seres humanos. Debemos tenernos un gran respeto. Si te llamas a ti mismo creyente pero no tienes tolerancia hacia otras realidades estás más en falta que aquel que no cree.

Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar.

Honrar a Dios es fundamental, pero también lo es respetar a nuestro prójimo. De hecho la verdadera adoración a Dios es posible cuando uno respeta a su prójimo.

Esa oscuridad interior que llamamos ignorancia, es la raíz del sufrimiento. A mayor luz interior, menor oscuridad. Ésta es la única forma de alcanzar la salvación.

Practiquen la meditación. Es algo fundamental. Una vez que se la disfruta, ya no se la puede abandonar, y los beneficios son inmediatos.

Si una persona quiere poner a prueba a cualquier religión, debe practicar sus consejos. Así podrá descubrir su verdadero valor.

Creo en la determinación humana. A lo largo de la historia se ha comprobado que la voluntad humana es más poderosa que las armas.

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No tiene sentido estar apegado exclusivamente a esta vida, ya que por muy larga que sea, no podemos vivir más de determinada cantidad de años. Por eso no importa cuánta riqueza o recursos acumulemos en esta vida. En ese momento no nos servirán de nada.

El problema no radica en la religión, sino en la mente humana. Los practicantes sinceros de cualquier religión , muestran cualidades humanas esenciales: simplicidad, constancia, compasión y contento.

Nuestros problemas se deben a un apego apasionado a las cosas y a deseo que nunca se satisfacen por completo, entonces generan aún más angustia. Percibimos a las cosas como entidades permanentes. En el empeño de conseguir estos objetos de nuestro deseo, empleamos la agresión y la competencia como herramientas supuestamente eficaces, y nos destruimos cada vez más en el proceso.

Para desarrollar la compasión, primero es importante entender que entre ustedes y los demás, los otros son más importantes, porque son mucho más numerosos.