Firma un contrato con tu hijo adolescente

Establece por escrito normas y obligaciones

Cuando se acerca la adolescencia la mayoría de madres y padres sienten cierto grado de terror. Muchos no saben cómo enfrentarse a los cambios que sus hijos viven en esos años: alteraciones en el humor, cambios de amigos, alejamiento de la familia, despertar de la sexualidad

Es frecuente oír que cuando alguien dice que tiene un hijo adolescente, el resto de los adultos le miren compasivamente, sobre todo aquellos que han pasado por la experiencia de ser padres o madres de adolescentes.Pero hay una magnífica solución para no sentirse así.
Para no tener mido cuando llega esa edad en nuestros hijos y para pasar con ella con éxito: prepararse.Si en vez de sentir miedo o desconfianza hacia lo que viene, lo que hacemos es informanos sobre los cambios, entender qué es lo que va a vivir nuestro hijo y, sobre todo, recordar que nosotros también fuimos adolescentes, seguro que la travesía de la maternidad o paternidad de un adolescente será no solo exitosa sino también placentera.Porque esta es una etapa más de la vida de nuestros hijos y aunque es verdad que tiene dificultades también nos puede proporcionar enormes alegrías y satisfacciones. Es un trabajo de dos
La maternidad o la paternidad es en todos los casos un trabajo de dos: el padre o la madre y el hijo. Es muy importante que sepamos eso y se lo hagamos saber a nuestros hijos.Sobre todo en el caso de hijos únicos, cuando esa paternidad o maternidad es la primera haremos bien en hacer entender a nuestro hijo que nosotros hacemos las cosas lo mejor que sabemos pero que, tal y como le ocurre a él, aprendemos a la vez que lo hacemos.Es importante que hablemos habitualmente con nuestro adolescente.
Que le hagamos saber nuestras dudas, que entienda que nosotros no tenemos todas las respuestas pero, a la vez, es fundamental que él o ella sepan también que siempre podrá confiar en que las buscaremos. Mantener las normas
Es importante también que mantengamos las normas que hemos impuesto. Si las normas son negociadas con el adolescente será mucho más sencillo, pero en cualquier caso él o ella deben saber que esas normas no son fruto de la inconsciencia o la falta de flexibilidad.
Haremos bien en explicarle todas las veces que haga falta la razón de esas normas: su salud, su seguridad y su bienestar estarán detrás de la mayoría, por eso habrá que hacerselo ver. Un contrato con nuestro hijo
Una fórmula muy eficaz es establecer un contraro con el o la adolescente. Incluso redactado y firmado por ambos. En él estableceremos esas normas con su explicación y siempre podremos acudir a él para mostrarle a nuestro hijo que eso fue lo que pactamos. Incluso dentro el contraro podremos estipular las causas de modificación.Redactarlo puede ser un momento divertido de compartir y puede enseñarnos tanto a los padres o madres como a los hijos algunas cosas acerca de nosotros mismos: cómo es nuestra capacidad de negociación, cuánto confiamos en nuestro hijo o dónde están nuestros límites. Amor
Y siempre, en nuestra relación cotidiana, en las charlas e incluso en el contrato debemos hacer que nuestro hijo no tenga ninguna duda del enorme amor que sentimos por él. Un amor que además vamos a tenerle siempre. Y él o ella deben saberlo. Ese amor es la base de que la eduación de los adolescentes sea exitosa. Un chico o una chica que se sienten queridos están más seguros de sí mismos y eso hace que la construcción del adulto en la que están embarcados sea más sencilla. Foto © Wistula