Exceso de azúcar y problemas de ansiedad, irritabilidad o agresividad

Azúcar
© Neil Beckerman / Getty Images

La comida que ingerimos tiene un efecto no solo en nuestra salud sino también en nuestro estado de ánimo y el azúcar es uno de los productos que más problemas pueden causar.

Desgraciadamente, cuando una persona toma azúcar en exceso todos los días, no se da cuenta de que su malestar (por ejemplo, ansiedad, irritabilidad, agresividad, dolor de cabeza, etc.) está causado por el azúcar, puesto que se siente así de manera crónica.

El azúcar está por todas partes, ya sea en forma de glucosa, fructosa, sacarosa, etc. Muchos alimentos procesados o preparados contienen azúcar, desde los cereales para el desayuno, hasta el maíz en lata, el salmón ahumado, los zumos y por supuesto, los dulces, además de una larga lista de alimentos que no tendrían por qué llevar azúcar añadida.

Pero el consumo excesivo de azúcar de manera habitual puede acabar causando problemas. Algunas personas se vuelven adictas al azúcar y necesitan consumir una gran cantidad. Esta ingestión de azúcar les hace sentir bien durante unas horas pero luego se produce una caída en un estado depresivo, irritable o de fatiga.

Si tienes un fuerte deseo de azúcar y la consumes a diario en una cantidad alta, es probable que te interese hacer una prueba para conocer el efecto real que ejerce el azúcar en ti y en tu estado de ánimo. Para ello, debes dejar de tomar azúcar totalmente durante al menos 5 días (o a veces hasta un mes).

Tras ese periodo, tu cuerpo se ha recuperado, de manera que si tomas azúcar puede producirse una fuerte reacción de la que serás plenamente consciente y que incluso notarán tus familiares o amigos. Esta reacción destaca sobre todo en los niños. De este modo, verás más claramente la conexión entre lo que comes y cómo te sientes y estarás más dispuesto a eliminar todos los alimentos que contienen azúcar añadida.

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  • Azúcar e hidratos de carbono
  • Síntomas de hipoglucemia

Azúcar e hidratos de carbono

El azúcar se encuentra en los hidratos de carbono. Todos los carbohidratos se descomponen durante la digestión en azúcares simples, que son utilizados por las células de nuestro cuerpo como fuente de energía. En nuestra sangre circulan sobre todo dos tipos de azúcar: la glucosa, que es la fuente normal de energía y no es peligrosa cuando se mantiene en los límites normales, y la fructosa, que sí puede causar problemas.

La glucosa que se libera mediante la digestión de alimentos ricos en hidratos de carbono, no produce ningún daño cuando el alimento que tomamos es natural e integral, como arroz integral, pan integral, verduras o frutas enteras, etc. No es dañina porque se libera lentamente en la corriente sanguínea (y no de golpe), de manera controlada y acompañada de otros nutrientes que ayudan al cuerpo a procesar el azúcar y convertirla en energía y otros productos.

En cambio, cuando el azúcar se saca de los alimentos que la contienen y se toma de manera independiente (por ejemplo, en los dulces), o cuando se toman carbohidratos refinados (como pan blanco, arroz blanco, etc.) su efecto es muy diferente y peligroso. Al usar el azúcar de este modo, se libera y se absorbe con mucha rapidez, de manera que los niveles de glucosa (azúcar) en sangre aumentan en exceso.

El exceso de azúcar en la sangre hace que el páncreas deba liberar gran cantidad de insulina para disminuir los niveles de azúcar hasta niveles normales.

No obstante, cuando se consume azúcar (o carbohidratos refinados) con mucha frecuencia o en exceso, el páncreas acaba liberando demasiada insulina demasiado rápido, haciendo que los niveles de glucosa en sangre caigan en exceso, produciéndose entonces una hipoglucemia. Cuando eso sucede, el cerebro, que funciona a base de glucosa y oxígeno, no obtiene suficiente glucosa para funcionar normalmente y aparecen los síntomas de hipoglucemia.

Si la caída de glucosa continuara podría producirse incluso la muerte. Para impedirlo, se libera epinefrina (adrenalina), que indica al hígado que debe liberar más glucosa en la sangre y equilibrar sus niveles. No obstante, la epinefrina produce también una serie de incómodos síntomas, como sensación de temblor interno, palpitaciones, sudoración y debilidad.

Por desgracia, cuando están hipoglucémicas, muchas personas recurren a tomar más dulces, (de hecho, pueden sentir un gran deseo de tomar algo dulce), llevando su cuerpo a una montaña rusa de subidas y bajadas de azúcar nada saludables.

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Síntomas de hipoglucemia

Como veíamos, tras tomar alimentos muy ricos en azúcar, los niveles de azúcar en sangre son muy altos tras su consumo y caen por debajo de lo normal (hipoglucemia) unas horas después. Estas personas notan síntomas como somnolencia, náuseas y dolor de cabeza unas pocas horas después de haber tomado alimentos ricos en azúcar. Es decir, es el mismo consumo de azúcar el que acaba produciendo una caída.

La dieta alta en azúcar puede hacer producir los siguientes síntomas:

  • Nerviosismo
  • Irritabilidad, cambios de humor, estallidos de agresividad
  • Agotamiento, falta de energía
  • Sensación de mareo, desmayos, temblores, sudor frío
  • Depresión
  • Vértigo, mareo
  • Somnolencia
  • Dolor de cabeza
  • Problemas digestivos
  • Problemas de memoria a corto plazo
  • Brotes de llanto
  • Insomnio
  • Preocupaciones constantes sin motivo
  • Ansiedad, generalmente un estado continuado de ansiedad
  • Confusión mental
  • Palpitaciones
  • Dolores musculares
  • Indecisión

Relación entre hipoglucemia y agresividad

Los niveles bajos de azúcar pueden hacer que una persona se sienta más irritable, sea más propensa a la ira y tenga estallidos de agresividad. En un estudio realizado en 1980 en Estados Unidos por el doctor Stephen Schoenthaler, se comparó a un grupo de chicos de un centro de detención de menores que tomaban su alimentación normal (alta en azúcar y alimentos procesados) con otro grupo al que se le dio una alimentación baja en azúcar (eliminando refrescos, azúcar de mesa, dulces, cereales azucarados y otros alimentos ricos en azúcar).

Los chicos del grupo bajo en azúcar tuvieron un 45% menos de incidencias de acciones disciplinarias.