Estereotipos, categorización y prejuicios. ¿Seguro que tú no eres así?

La mayoría de las personas intenta no dejarse llevar por estereotipos o prejuicios a la hora de juzgar a los demás o tomar decisiones que les afecten. El problema es que a menudo se están dejando llevar por dichos estereotipos sin querer y sin darse cuenta de que lo hacen.

Las personas tienden a clasificar los sucesos o a otras personas en categorías (como rico, pobre, de izquierdas, de derechas, universitario, funcionario, contable, etc.).

Estas categorías generan una serie de expectativas. Es decir, si nos dicen que alguien es un universitario, nos haremos una idea de esa persona muy diferente que si nos dicen que es un político.

Un interesante estudio realizado por los psicólogos John Darley y Paget Gross demostró cómo nuestras propias categorizaciones y las expectativas que generan influyen en cómo pensamos y los juicios que hacemos de los demás.

Los autores de la investigación contaron cuatro historias diferentes de una misma niña llamada Hanna a varios grupos de estudiantes de Princeton y luego les pidieron que hicieran una estimación de la capacidad académica de la niña.

En las dos primeras historias, los estudiantes vieron un vídeo de Hanna jugando en un vecindario pobre o en uno rico, para crear un estereotipo relacionado con los antecedentes de Hanna como niña rica o pobre. Los estudiantes no se dejaron influenciar por este estereotipo, y no hubo diferencias entre ellos al considerar la capacidad académica de Hanna.

En este ejemplo es fácil darse cuenta del estereotipo presente, por lo que podemos evitar guiarnos por él y juzgar a Hanna injustamente.

Sin embargo, los psicólogos añadieron algo a las otras dos historias de Hanna que cambió totalmente estos resultados. A los dos vídeos anteriores les añadieron otro vídeo en el que Hanna respondía a 25 preguntas relacionadas con su nivel académico.

Su rendimiento fue ambiguo, de manera que a veces respondía bien a preguntas difíciles pero a veces fallaba preguntas fáciles. Así, un grupo de estudiantes vio el vídeo de Hanna en un vecindario pobre más el vídeo donde respondía a las preguntas, y otro grupo vio a Hanna en el vecindario rico más el mismo vídeo de la niña respondiendo a las preguntas. Es decir, lo único que variaba en estas dos situaciones era el nivel socioeconómico de Hanna, tal y como sucedía en los dos primeros vídeos. Sin embargo, en esta ocasión los estudiantes sí se dejaron influenciar por el estereotipo y consideraron a Hanna como menos capaz cuando su nivel socioeconómico era más bajo.

Lo que sucedió es que los estudiantes creían que juzgaban a Hanna en base a su rendimiento al responder a las preguntas, sin darse cuenta de que, en realidad, se estaban dejando influenciar por el estereotipo "rico/pobre" sin ser conscientes de ello y, seguramente, sin desearlo.

La correlación ilusoria

Una forma en la que los estereotipos nos influyen recibe el nombre de correlación ilusoria, que se produce cuando relacionamos la información que tenemos de un determinado estereotipo, con una persona a la que categorizamos dentro de ese estereotipo. La historia de Hanna es un buen ejemplo de esto.

Veamos otros ejemplos interesantes: cuando se le dice a un grupo de personas que los hombres homosexuales tienen una mayor incidencia de SIDA, categorizan a las mujeres homosexuales en ese mismo grupo y tienden a creer que también tienen una mayor incidencia de SIDA, cuando lo cierto es que constituyen el grupo que menos infecciones por esta enfermedad presenta de todos.

Cuando le decimos a alguien que una persona tiene un trastorno mental tenderá a considerar algunas de sus conductas como extrañas o como parte de su enfermedad, mientras que esas mismas conductas son vistas como normales en una persona no diagnostica de trastorno mental. Así, categorizar a una persona dentro de un grupo nos hace creer de ella cosas que no necesariamente son ciertas.

La división entre ellos y nosotros

El hecho de pensar mediante categorías tiene también otros efectos interesantes. Por ejemplo, cuando nos consideramos pertenecientes a un grupo (o categoría), al compararnos con un grupo externo tendemos a creer que las personas de ese grupo son muy parecidas entre ellas, mientras que las personas de nuestro grupo presentan una gran diversidad. Esto es porque a los componentes del grupo interno (el propio) los vemos como individuos con su propia personalidad y diferencias individuales, mientras que a los del grupo externo los vemos en términos de grupo y de estereotipos, de manera que nos parecen todos iguales.

También tendemos a pensar que los miembros de nuestro grupo son mejores en todo y a favorecerlos. Los vemos como más agradables y competentes y nos gustan más solo porque son de nuestro grupo, incluso aunque ese grupo se haya formado al azar para una investigación.

Seguramente, si vas a contratar a alguien para trabajar en tu empresa, quieres asegurarte de no dejarte llevar por estereotipos y contratar a la persona más competente.

Pero puede que tu mente te juegue una mala pasada, de modo que si aparece una persona con la que te identificas (de tu grupo), creas que es mejor que los demás y tiendas a favorecerla incluso sin darte cuenta.

Y es que luchar contra los estereotipos no es siempre fácil. Por ejemplo, mucha gente sabe que se tiende a favorecer a las personas más atractivas, lo cual es cierto, y además creen, aunque no es cierto, que esto pasa sobre todo con las mujeres y no tanto con los hombres. Esto puede hacer que una mujer atractiva lo tenga más difícil en nuestra supuesta entrevista de trabajo, porque el entrevistador se esfuerza (quizás en exceso) en no dejarse influir por el estereotipo para no contratarla por su atractivo.

No obstante, si somos conscientes de la gran influencia que la categorización de las personas puede tener en nosotros y tenemos presente que podemos llegar a ser racistas, homófobos, xenófobos, sexistas, etc., sin darnos cuenta y a pesar de nuestro propio rechazo hacia ese tipo de comportamientos, podremos luchar mejor contra ellos y tratar de evitar que nuestro inconsciente nos deje en mal lugar y nos convierta en algo que no queremos ser.

Una investigación muestra la relación entre homofobia y homosexualidad reprimida

A veces la sabiduría popular se antepone a la ciencia acertando en sus predicciones. Es el caso de la idea que muchas personas mantienen sobre la homofobia o aversión a los homosexuales: que es el deseo sexual reprimido hacia el propio sexo el causante de dicha aversión. Ahora, la ciencia viene a confirmar esta idea, según un estudio publicado en la revista Personality and Social Psychology.

Varios investigadores de la Universidad de Essex, en Inglaterra y la Universidad de California, en Estaos Unidos, realizaron cuatro experimentos separados en Alemania y Estados Unidos, con una media de unos 160 estudiantes universitarios cada uno.

“Las personas que se identifican como heterosexuales pero en los test psicológicos muestran una fuerte atracción por su mismo sexo pueden sentirse amenazadas por gays y lesbianas porque los homosexuales les recuerdan las tendencias similares en ellos mismos”, explica uno de los investigadores.

A los estudiantes se les mostraron imágenes y palabras en pantallas de ordenador y les pidieron que las clasificaran dentro de la categoría gay o heterosexual. Antes de mostrar cada una de las 50 palabras e imágenes aparecía en la pantalla la palabra “yo” o la palabra “otros” de manera subliminal durante 35 milisegundos. Después veían imágenes de parejas homosexuales o heterosexuales, así como palabras como “gay”, “heterosexual”, “homosexual”, etc.

El ordenador media de manera precisa el tiempo de respuesta.

En un segundo experimento se midió la atracción sexual implícita mientras los participantes miraban libremente fotos de personas de ambos sexos.

Además, mediante cuestionarios evaluaron el estilo educativo que vivieron en sus infancias, desde autoritario hasta democrático.

Y por último se midió su nivel de homofobia, tanto de forma abierta, con preguntas sobre sus creencias, como de manera implícita (por ejemplo, haciendo ciertas tareas de completar palabras).

“En una sociedad predominantemente heterosexual, conocerse a uno mismo puede suponer un reto para muchos individuos homosexuales. Pero en hogares controladores y homofóbicos, adoptar una orientación sexual perteneciente a una minoría puede ser aterrador. Estas personas se arriesgan a perder el amor y la aprobación de sus padres si admiten su atracción por el mismo sexo, así que muchas personas niegan o reprimen esa parte de sí mismas.”