Espacios sagrados orientados a las estrellas en el Reino Unido

En Gran Bretaña se encuentran grandes megalitos orientados astronómicamente

Megalitos de Avebury
Algunos de los megalitos de los grandes recintos sagrados de Avebury (Gran Bretaña). JimChampion

En otras entradas hemos visto la importante relación que tenían los antiguos constructores de megalitos con las estrellas frente al pensamiento imperante en la arqueología de que no poseían los conocimientos matemáticos suficientes como entender el complejo movimiento de los astros. Puedes leer más en los siguientes artículos:

  • Los megalitos como observatorios astronómicos en la prehistoria
  • La sabiduría astronómica de los hombres primitivos

Los círculos de piedra de Avebury

Uno de los mayores conjuntos megalíticos unido a rituales ancestrales de difícil interpretación y con orientación estelar es Avebury. Situado al norte de Stonehenge en el Wiltshire, al sur de Inglaterra, forma un monumental complejo del que ya en el siglo XVIII, John Aubrey, uno de sus primeros investigadores, escribió: "supera en grandeza al renombrado Stonehenge, tanto como una catedral supera una iglesia parroquial".

En Avebury no se habían encontrado alineaciones astronómicas significativas, por lo que se aceptaba exclusivamente una finalidad ceremonial como la propuesta por el arqueólogo británico Michael Dames, en su libro The Avebury Circle. El lugar habría sido el escenario elegido para la representación de un drama religioso anual sobre el ciclo agrícola, que incluía actividades sexuales y rituales de magia imitativa relacionados con la fertilidad de los campos.

Sin embargo, Avebury es algo más que un complejo megalítico singular. Es uno de los pocos lugares en los que se puede aún contemplar un auténtico paisaje sagrado neolítico. Desde el gran círculo central arranca una doble hilera de piedras, la avenida de Kennet, que conduce a un recinto circular, el Santuario, construido en su día con piedras y postes de madera.

Tumbas dirigidas a las estrellas

A poca distancia se encuentra West Kennet Long Barrow, un enorme túmulo alargado que oculta una colosal tumba de corredor cubierta. A menos de 1 km del túmulo se alza el imponente cono truncado de Silbury Hill, con sus más de 40 m de altura, la mayor colina prehistórica artificial de Europa. Las investigaciones arqueológicas en este túmulo, dirigidas por el prestigioso arqueólogo Robert J.C. Atkinson (1920-1994), no revelaron la existencia de enterramiento alguno, por lo que su finalidad permanece en el misterio.

Una regla de oro de la arqueoastronomía indica claramente que determinados lugares sagrados antiguos deben verse asociándolos conjuntamente con el cielo y el entorno natural que los rodea. Y precisamente desde esta perspectiva, Silbury Hill ha comenzado revelar recientemente las primeras conexiones astronómicas de Avebury.

El hallazgo se debe a la intuición y perseverancia mostrada por Paul Devereux, un investigador de lo que se ha dado en llamar "misterios de la Tierra" y cuyas heterodoxas opiniones deben manejarse con extrema precaución. Aunque para Michael Dames la colina sagrada era una representación de la diosa, y por tanto asociada a la  alguna de ver ex exhumó la leyenda de que en el interior del túmulo alberga el cuerpo de un rey cubierto con una armadura de oro.

Un rey dorado podría ser una metáfora solar. Algunos comentaristas conectan el topónimo Silbury como Sol-Bury o "Colina del Sol", aunque se trata de una interpretación más fantástica que científica.

Silbury Hill, la colina donde el sol sale dos veces

Durante varios años, según cuenta él mismo en su libro Earth Memory, visitó el lugar en los solsticios y equinoccios. Nunca presenció acontecimiento solar alguno, hasta un primer día de agosto de 1989 mientras participaba en un programa televisivo de la BBC sobre emplazamientos prehistóricos, la colina sagrada reveló uno de sus enigmas: servía como telón de fondo para presenciar una doble salida del sol durante el mismo amanecer.

Nada mejor que las palabras del propio Devereux para describir su descubrimiento: "así pues, por medio de su ubicación, su tamaño y su forma, Silbury Hill contenía información codificada sobre la distribución geográfica de lugares en el paisaje ceremonial más cercano y sobre un acontecimiento astronómico (el tiempo) en el paisaje en cuestión.

El monumento es un ejemplo puro y cristalizado de geomancia. Simboliza la unión de los cielos sagrados con la santa Tierra. Quienes lo proyectaron no pudieron resistir la tentación de hacer el gran gesto de que el Sol en la época de la cosecha saliera dos veces para celebrar el cultivo recogido".

Aún queda mucho que hacer por allí: Se han estudiado las relaciones con la Luna y otros astros con lo cual Avebury ha quedado instalado definitivamente en la historia de la arqueoastronomía.

Conexión de los recintos sagrados con acontecimientos astronómicos

Otros emplazamientos megalíticos como el túmulo bretón de la pequeña isla de Gravinis, en Morbihan (Francia), o el de Maes Howe, en la isla Mainland de las Orcadas (Escocia), muestran otra forma más sutil con la que los pueblos prehistóricos europeos conectaban los fenómenos astronómicos a su recintos sagrados. Introducían en su interior la luz del Sol y de la Luna para conseguir efectos espectaculares (quizás relacionados con ceremoniales), en los muros de las cámaras cubiertos de espirales, círculos, serpientes y extrañas figuras rectangulares.

Incluso en Stonehenge, el astrónomo Gerard Vaucouleurs ha calculado los juegos de sombras diferentes y significativos durante el verano y el invierno, pero los efectos de este tipo más sorprendentes se observan en los túmulos irlandeses del Río Boyne, que se encuentra situado al norte de la capital irlandesa, Dublín.

La mitología irlandesa emplaza allí el Brú na Bóinne, la morada del dios Dagda Mór y de "los tres veces 50 hijos de reyes" Señores de la Luz, anteriores a la llegada de los celtas. De este tiempo mítico datan, según las consejas populares, los túmulos megalíticos de Knowth, Dowth y Newgrange.

Corredores para la luz en Newgrange

Newgrange, por su parte, era considerado simplemente una tumba hasta que las excavaciones realizadas en la década de los 60 del pasado siglo revelaron su secreto. Michel O'Kelly, el director de los trabajos, encontró una abertura rectangular tapada el tejado, sobre la entrada del corredor que conducía al interior del túmulo, y así en el solsticio de invierno de 1969 se convirtió en el primer arqueólogo que presenció el sol penetrando en Newgrange.

Claro que el fenómeno era más complejo. Martin Brennan, un arqueoastrónomo aficionado, enamorado de Irlanda, se encargaría de demostrarlo tras varias visitas a los túmulos de Boyne. En 1976 llegó a la conclusión de que todos ellos, y no sólo Newgrange, se construyeron de modo que el Sol llegara a su interior en fechas claves del año para que sus rayos señalaran su paso por las enigmáticas tallas de las paredes interiores.

La luz sagrada de los megalitos

Brennan comprobó que el sol naciente del invierno entra directamente en el corredor de Newgrange, pero la apertura que O'Kelly encontró en el tejado permite que un fino rayo de luz solar penetre gradualmente hasta el fondo de la cámara central, iluminando las tallas como si fuesen oro vivo.

Está convencido de que los dibujos del corredor contienen información codificada, y sospecha que las espirales grabadas en la piedra de entrada de Newgrange comunican la interacción de las posiciones relativas de la Tierra y el Sol durante toda una órbita terrestre.

Brenan resume sus investigaciones afirmando que todas las agujas señalan que las tallas eran relojes e imágenes del Sol, la Luna y el movimiento celeste. En efecto, la luz solar era el software que hacía funcionar el hardware megalítico y todo esto en un túmulo que ya era viejo cuando comenzaron a construirse las pirámides de Egipto.

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