¿Es la realidad virtual la droga del siglo XXI?

Diversos tipos de juego en Internet ya usan realidad virtual

Juegos de realidad virtual adictivos
Benjamin Torode / Getty Images

Quizá recuerdes la película titulada La historia sin fin (The NeverEnding Story, –enlace a IMDb–) de 1984, dirigida por Wolfgang Petersen, basada en el libro del mismo nombre del autor Michael Ende (1979). Para quienes tuvimos la experiencia de leer el libro, una de las cosas más memorables es la narrativa usada para describir cómo Bastián, uno de los protagonistas, lee un libro de fantasía y se ve inmerso cada vez más en la misma, hasta que la fantasía toma control por completo, reemplazando la realidad.

En su libro, Michael Ende básicamente usa lo que todo ávido lector sabe: la historia vive en tu imaginación, dándole personalidad y voz a cada protagonista, dándole matiz a cada situación. En otras palabras, mientras tienes ese libro en tus manos, la historia es real en una versión única, ya que el Bastián que yo me imagino no es el mismo que tú te imaginas.

Pero los tiempos de estimular nuestra imaginación con un buen libro están quedando atrás. En otras ocasiones he mencionado varios efectos secundarios del uso de Internet en exceso, como son la adicción misma a Internet o la generación de alter-ego, que son perfiles que algunos usuarios de redes sociales crean para manifestar a la persona que no pueden ser en el mundo tridimensional (realidad).

Hay uno [efecto secundario] en particular del que hablaré hoy, sin mencionar ejemplos específicos ni señalar páginas en particular; esto para evitar suspicacias o que se interprete como sugerencias.

Este efecto secundario es provocado por ambientes de realidad virtual (VR) en Internet, mayormente encontrado en forma de juegos o grupos de interés.

Mundos virtuales en juegos

Los juegos o comunidades a los que me refiero en particular son aquellos que te permiten definir un perfil completo, crear un avatar y ser parte de un mundo virtual, con cosas virtuales, usando dinero virtual para que compres esas cosas virtuales, con interacciones con otros avatares (nótese que no dije personas) y, básicamente, creándote todo un entorno en donde puedes ser ese avatar que creaste.

Y todo esto está muy bien. Es entretenimiento, hasta que, como Bastián, la línea de la realidad, si bien no desaparece, sí se distorsiona para darle cabida a ese avatar, a ese alter-ego que se creó, ese yo alternativo sin defectos, que tiene todo lo que su creador quiere ser... ¡y más!

Un fenómeno interesante es cómo estos mundos virtuales evolucionan y toman vida propia; después de todo se trata de personas interpretando un avatar en un mundo con ciertos grados de libertad. Se crean grupos, amistades, enemistades, retos, triunfos, fracasos y, en algunos casos, hasta romances, todo quizá hasta rebasando los alcances que imaginaron los propios creadores del mundo virtual. Como se dice en el ámbito de la informática: las personas son sistemas complejos y no se puede pronosticar su comportamiento con un sistema lineal.

Regresando al mundo virtual de forma compulsiva

No me atrevo a ponerle una etiqueta a lo que sigue. ¿Adicción? ¿refugiarse de la realidad? ¿diversión? La etiqueta la dejo a la que quieras aplicarle a el preciso momento en que las horas dedicadas a ese mundo virtual se logran a costa de sacrificar horas de actividades en el mundo donde estamos las personas tridimensionales, horas de escuela, trabajo, familia o pareja.

Por ejemplo, existen juegos para adultos, donde se crean avatares y éstos interactúan con otros avatares, puedes verlo como un eHarmony en un mundo virtual (o quizá hasta un Ashley Madison). Por supuesto estos avatares no necesariamente reflejan fielmente a la persona que los creó. ¿Un poco de pancita? La quitamos del avatar, es más ponemos un abdomen atlético ahí. ¿Siempre quisiste ojos verdes? Se los ponemos al avatar.

Estos avatares, estas versiones perfeccionadas de las personas que los crean, tienen pláticas, adquieren cosas, establecen relaciones y viven en el mundo virtual hasta que se crean lazos fuertes con ese mundo. Se llega a un punto en el que ya se ha hecho una inversión, quizá sólo de tiempo en un inicio, muy probablemente seguido por una inversión de dinero, culminando con una inversión personal al haber creado amistades ahí (que se sienten reales).

Mi punto es que habrá razones para regresar... y regresar... y regresar a estar en el mundo virtual.

Todo con medida, nada con exceso

Como todo, los excesos son negativos. No es un misterio que los videojuegos son adictivos. Esto se debe a la reacción que causa en el cerebro el explorar, el descubrir y obtener una recompensa. La sustancia involucrada en nuestra química cerebral, la dopamina (enlace en inglés), aplicada en el aspecto de motivación y recompensa, es la que nos da esa sensación que nos hace volver a jugar videojuegos una y otra vez; la necesidad natural de explorar y descubrir, es algo que los creadores de esos juegos explotan ¡y muy bien!

Los juegos están evolucionando conforme la tecnología evoluciona. La realidad virtual está llegando a cubrir más aspectos que únicamente los que la dopamina cubre. Un mundo virtual incluye mucho más que sólo la experiencia de explorar-recompensar. Un mundo virtual puede llegar a tener más cobertura de los aspectos que conforman una experiencia, desencadenando una serie de estímulos cerebrales que casi pudieran llegar a niveles de una droga pero, en este caso, 100% legal.

Los juegos de realidad virtual que hay hoy en Internet no usan [aún] todo el potencial que está por venir. Con tecnología como Oculus, la inmersión en estos juegos va a ir mucho más allá de una versión virtual perfecta de nosotros, permitiendo una inmersión visual de 360˚ dentro del mundo en el que vive dicha versión y, de ahí, otros estímulos sensoriales vendrán pronto. Por ejemplo, aplicando la regla 34, ya hay entretenimiento para adultos (léase porno) para Oculus.

Regresando al punto de este artículo, existen juegos de realidad virtual que crean experiencias significativas. El que establezcas amistades e incluso romances son experiencias significativas, aún cuando esta relación sea establecida con una persona que nunca has visto y probablemente nunca lo hagas. Antes subrayé que estás estableciendo una relación con un avatar y no con una persona y es que, al final de cuentas, la relación es con una versión que tú completaste de esa persona, tal como un personaje de un libro tiene una versión única en cada uno de los lectores.

La significancia de la experiencia es lo peligroso, porque siempre será mucho más gratificante que alcanzar el nivel 7 en tu juego de Xbox.

Sin llegar a exageraciones del tipo de la película Matrix, quizá estos sistemas envolventes de realidad virtual sean la forma en que nuevas generaciones de jóvenes interactúen, se conozcan y experimenten. También quizá la tecnología evolucione hasta un punto donde el avatar refleje más una realidad que una fantasía o, todo lo contrario, te permita definir una fantasía como la realidad. Por el momento, al igual que un buen libro, de cuyo mundo fantástico nos extraemos cuando lo dejamos en el buró, quizá debamos disfrutar de esta realidad virtual sin se vuelva una realidad adictiva.