Errores en la dieta que ponen en riesgo tu salud

Pueden hacerte engordar o pueden hacer que enfermes

Errores en la dieta
Comer solo carne o carbonizarla es uno de los errores más frecuente en la dieta que puede hacerte sufrir problemas de corazón o incluso cáncer. John Kelly / Getty Images

Los errores en la dieta se pueden pagar muy caro. Pueden exponerte a sufrir carencias nutricionales que te harán sentir más débil, con poca energía o hasta aumentar el riesgo de alguna enfermedad. Y sin embargo, los cometemos sin darnos cuenta o porque no queremos engordar. Estos son los más frecuentes. 

Quemar la comida 

Existen múltiples modos de cocinar los alimentos y, en la actualidad, contamos con métodos de preparación muy sanos.

Es el caso de la cocina al vapor o el wok. Ambos permiten la cocción de verduras, hortalizas e, incluso, carnes y pescados de un modo económico, saludable y poco laborioso. Sin embargo, si nos limitamos a un solo modo de cocinar, por ejemplo, el asado, frito o barbacoa, exponemos a nuestro organismo a sustancias que pueden ser potencialmente cancerígenas. Es el caso del benzopireno que se produce al quemar algunos alimentos o las aminas heterocíclicas o los hidrocarburos aromáticos policíclicos que también se segregan al cocinar la carne a altas temperaturas y que, según organismos oficiales como la Organización Mundial de la Salud o el Instituto Nacional del Cáncer, puede aumentar el riesgo de sufrir esta enfermedad. 

Saltarse el desayuno

Se trata de uno de los errores en la dieta más típicos debido al ritmo acelerado en el que vivimos y que puede pagarse. El desayuno nos aporta la energía necesaria para encarar la jornada.

Saltárselo o dedicarle poco tiempo u atención hará que durante todo el día andemos al ralentí. El más equilibrado es el que consiste en lácteos o derivados de la leche (aportan minerales y proteínas aunque de bajo poder biológico), fruta e hidratos de carbono de absorción lenta como los cereales, puesto que dan la energía que necesita nuestro organismo, pan integral por su aporte de fibra y, algo de proteínas como una loncha de jamón york o queso fresco.

Comer mucho y pocas veces

Otra equivocación común en nuestros hábitos alimenticios. Las recomendaciones de los expertos en nutrición son claras: cinco ingestas diarias, es decir, tres comidas principales al día (desayuno, comida y cena) y dos tentempiés a media mañana y por la tarde. Nada de llegar a la comida o a la cena con excesiva hambre y engullir los alimentos sin masticar. Hay que tener en cuenta que nuestro organismo funciona 24 horas y necesita almacenar una determinada cantidad de energía para poder transformarla en glucosa en momentos de máximo esfuerzo intelectual o físico.

Salar demasiado las comidas

La sal es necesaria puesto que contiene determinados minerales (sodio y potasio) que la hacen indispensable para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Sin embargo, no debe consumirse en exceso puesto que puede favorecer la retención de líquidos y dar lugar a un aumento de la tensión arterial. Un modo muy sano de sazonar las comidas es utilizar hierbas aromáticas o diversos productos de venta en los herbolarios.

Beber menos de 1 litro de agua al día

El agua aumenta la elasticidad de la piel, hidrata el organismo y ayuda a normalizar las funciones metabólicas. Los expertos recomiendan beber al menos dos litros de agua al día.

Si se practica una actividad física que requiera pérdida de líquidos, se debe incrementar la ingesta para que el organismo no se resienta y aparezca la deshidratación, una situación que, en casos extremos, puede incluso producir un fallo multiorgánico. Aunque no tengas sed, tienes que beber agua o consumir abundantes líquidos.

No comer fruta y verduras

Se deben tomar de tres a cuatro piezas de fruta al día y al menos, dos raciones de verduras u hortalizas diarias. Incluso hay estudios que recomiendan siete alimentos verdes. Descartar estos alimentos puede suponer un grave riesgo para la salud pues contienen vitaminas y minerales que el cuerpo necesita, además de fibra para combatir el estreñimiento. Una dieta pobre en fibra se ha asociado con el aumento del riesgo de algunas enfermedades como el cáncer de colon.

Limitar la dieta a un tipo de alimentos

Nuestra dieta global debe ser rica y variada y no puede carecer de ningún nutriente puesto que todos son necesarios para mantenernos en un óptimo estado de salud: proteínas, grasas, azúcares, minerales, agua, hidratos de carbono... todos cumplen su función en el organismo. Por ejemplo, a las grasas siempre les ha acompañado muy mala prensa. Sin embargo, son necesarias para formar las membranas de la células y, del colesterol (que proviene de las grasas) se conforman las hormonas. La dieta mediterránea es la que goza de mayor aceptación entre los endocrinólogos y los expertos en nutrición.

Comer en platos grandes

Comer en exceso no es bueno, puesto que nuestro organismo transforma entonces la glucosa que le sobra en grasa. Si ésta se va acumulando en el organismo y no se elimina mediante el ejercicio físico, puede favorecer la aparición de dolencias como el sobrepeso y la obesidad. Los platos demasiado grandes favorecen una ingesta descontrolada de alimentos por lo que se recomienda comer poca cantidad en platos pequeños. De este modo además la pérdida de peso o el mantenimiento de un peso corporal óptimo es más fácil.

Evitar los carbohidratos

La pasta, los cereales, el arroz y el pan pertenecen a la familia de los carbohidratos, unos nutrientes que proporcionan al organismo una fuente de energía de combustión lenta (mejor que la que aportan los dulces, de combustión rápida, que pueden provocar alteraciones del estado del animo y potenciar el estrés). Contienen además vitamina B, imprescindible para relajarse. Además, contribuyen a la asimilación del triptófano (un aminoácido relacionado con la producción de serotonina, un neurotransmisor encargado de regular el estado de ánimo además de ser un inductor del sueño). De este modo, se produce el descanso nocturno y los niveles de estrés disminuyen.

Dejar que el estrés nos afecte

Es frecuente que algunas personas, ante un problema de estrés cambien sus hábitos alimenticios, empobrezcan la dieta, coman en exceso o muy poco consumiendo tan solo alimentos estimulantes.

Todo ello puede provocar graves dolencias físicas y psíquicas (variaciones excesivas de peso, merma de la autoestima, riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, debilidad y cansancio, irritabilidad, estrés). Lo ideal es que, a pesar de que la vorágine del día a día nos absorba o los problemas nos alejen de la cocina, se intenten mantener los mismos horarios de comidas y seguir con una dieta sana ya que ésta ayudará al organismo a encarar mejor las vicisitudes de la vida.