Enfermedades que transportan los cometas

¿Son los cometas los causantes de las epidemias?

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Placa original de 1910 del cometa Halley que según algunos científicos es el causante de algunas variantes de gripe. ESA

Muchos científicos han apoyado la idea de que la vida llegó a la Tierra portada por cometas, una teoría conocida como panespermia, o su variante exogénesis. A pesar de lo controvertido de la propuesta, algunos científicos han ido un paso más allá y han lanzado la hipótesis seriamente documentada de que muchos de los virus y bacterias causantes de grandes epidemias no fueran de origen terrestre, sino procedentes del espacio.

Basándose en que los cometas contienen agua y elementos químicos esenciales para la vida, los autores de esta teoría, nada menos que los astrofísicos Fred Hoyle (1915-2001), también autor de ciencia ficción y autor de una de las teorías alternativas al Big Bang) y Chandra Wickramasinghe (consultor en la misión Rosetta con el que se accederá a un cometa para estudiarlo), imaginaron el escenario más adecuado para que ciertas enfermedades aparezcan de repente y asuelen determinadas regiones o incluso todo el planeta, y lo que es peor, las enfermedades siguen llegando a la Tierra a lomo de los cometas.

Relación entre los cometas y la peste

Según Hoyle y Wickramasinghe la relación entre cometas y las supersticiones que los relacionan con grandes enfermedades tendría una base real. Por ejemplo, un vaticinio de 1665 preveía que el cometa de ese año traería la la Peste y casualmente asoló Londres ese mismo año.

El propio Daniel Defoe (1660-1731), conocido columnista británico y famoso autor de Robinson Crusoe (1719), escribió sobre esa relación entre cometas y peste en su Diario del Año de la Peste (1722).

Según estos científicos, el proceso se origina a partir de las bolas de nieve recubiertas que forman los cometas.

Estos van recogiendo carbono y otros materiales esenciales para la vida como la celulosa, el material más común en la vida terrestre, tomándolos de las nubes de polvo situadas entre las estrellas.

Ese material interestelar se va depositando en la superficie del cometa dando lugar a una gruesa capa de hasta 1 km de grosor. Los choques entre cometas disparan las reacciones químicas dando lugar a depósitos acuosos lo suficientemente calientes como para albergar vida durante miles de años y donde pudieron evolucionar virus y bacterias que acabaron congelados y en estado letárgico.

Cada cometa, una enfermedad diferente

Uno de estos cometas pudo haber llegado a Tierra hace 4 000 millones de años. Un continuo bombardeo de cometas permitiría a alguno de esos insanos habitantes cometarios medrar en nuestro planeta.

Hoyle y Wickramasinghe expusieron en su libro Las enfermedades procedentes del espacio (Diseases from Space, 1979) que según qué enfermedad tiene su origen en uno u otro cometa. Por supuesto no se trataba de una afirmación gratuita. Realizaron estudios estadísticos en colegios británicos y sacaron conclusiones que expusieron en este primer libro de astromicrobiología.

Descubrieron que el cometa Halley fue el causante de determinadas variantes de gripe que se produjeron en el planeta poco después de su paso.

Por supuesto, aún no se ha comprobado la certeza esa teoría, pero Hoyle considera que todos los elementos químicos se originan en las estrellas y no en la explosión inicial y no cejó en su empeño de prevenir a la humanidad sobre las desgracias que portan los cometas. Pero paradójicamente, consideraba que la enfermedad es necesaria para que se consigan importantes pasos en la evolución humana, ya que incorpora a su a acervo genético nuevos mensajes tomados de las bacterias y los virus.

El cometa venenoso de 1910

Ningún estudio reciente insiste en esta teoría que ha perdido mucho fuelle. Al final podría quedar en otra teoría catastrofista como aquella que produjo un pánico global en 1910 provocada por las investigaciones espectográficas del astrónomo William Huggins (1824-1910), quien sin pretenderlo condujo a miles de personas de todo el mundo asegurando que los cometas transportaban una sustancia que no dudó en señalar como cianógeno o cianuro, un veneno mortífero como ninguno.

El cometa Halley estaba llegando a la Tierra a la que alcanzaría de lleno con su cola repleta de un gas venenoso. Algunos astrónomos como Camille Flammarion apuntaban en la peor dirección: "el gas cianógeno impregnará la atmósfera de la Tierra y podría borrar toda la vida del planeta".

Si ya el cometa asusta, estas afirmaciones condujeron al pánico con informaciones de todo el mundo sobre gente que se quitaba la vida ante la catástrofe inminente, que sellaba sus casas o que acaparaba las botellas de oxígeno como denunció hasta el Papa Pío X, según cuenta Carl Sagan en su excelente libro El Cometa.