Embarazo psicológico o falso embarazo

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El embarazo psicológico, también llamado falso embarazo o pseudociesis, consiste en la creencia que sostiene una mujer de que está embarazada, junto con la aparición de los síntomas típicos de un embarazo.

El embarazo psicológico es poco frecuente, entre 1 y 6 de cada 22.000 embarazos, y todavía no está del todo claro cuáles son las causas y el mecanismo por el que se produce, aunque parece que puede tratarse de una combinación de factores psicológicos y hormonales.

Puede darse tanto en personas como en animales y no es un fenómeno nuevo, sino que se han dado casos en tiempos muy antiguos. Por ejemplo, ya en el año 300 A.C. Hipócrates describió los casos de 12 mujeres que creían estar embarazadas.

¿Cuáles son los síntomas?

Además de creer firmemente que están embarazadas, estas mujeres presentan síntomas como la desaparición de la menstruación, el engrosamiento del abdomen, aumento del tamaño de los pechos, náuseas, antojos de alimentos y hasta pueden llegar a sentir lo que parecen ser movimientos fetales. Un pequeño número de ellas llegan incluso a dar positivo en los test de embarazo. Es decir, puede aparecer prácticamente cualquier síntoma de embarazo excepto tres: no escuchas el corazón del feto, no ves el feto en las ecografías y no hay parto. Sin embargo, en el momento del supuesto parto, pueden romper aguas y sentir dolor exactamente como si fueran a dar a luz, solo que dicho parto nunca llega a producirse.

¿Cuáles son las causas?

Algunos expertos opinan que estos falsos embarazos se producen en mujeres que desean desesperadamente quedarse embarazadas. Tampoco es raro que las mujeres con embarazos psicológicos tiendan a experimentar estos falsos síntomas coincidiendo con el embarazo de alguna amiga o familiar.

Las mujeres con un mayor riesgo de falso embarazo son aquellas que:

  • Tienen cerca de cuarenta años o más y han intentado quedarse embarazadas durante años sin conseguirlo debido a problemas de fertilidad.
  • Mujeres que han sufrido un aborto o han perdido a un hijo.
  • Mujeres que, aunque no son emocionalmente inestables en general, sí son extremadamente sensibles en lo que respecta al embarazo.

No obstante, parece que las hormonas también juegan un papel importante, pues en los casos estudiados (pocos, debido al pequeño número de personas con esta afección) se produce una elevación de los niveles de ciertas hormonas, como estrógenos y prolactina, que pueden causar síntomas físicos como agrandamiento del abdomen y producción de leche.

Por tanto, es posible que un determinado estado emocional dé lugar a una alteración de los niveles hormonales que acaben causando la aparición de síntomas similares a los del embarazo. Según la doctora Mary Erskine, de la Universidad de Boston, que estudia la neurología de los sistemas reproductivos, la ansiedad puede ser uno de estos estados emocionales implicados, debido a que el estrés puede influir en el ciclo ovárico.

En los perros se producen falsos embarazos con más frecuencia que en humanos.

Se piensa que es debido a altos niveles de hormonas reproductivas, especialmente la prolactina. Si la perra no se queda embarazada, el cuerpo lúteo va desapareciendo con lentitud, durante unos 70 días. La consiguiente caída de progesterona hace que se produzca un aumento de los niveles de prolactina, que da lugar a la producción de leche, agrandamiento del abdomen y un comportamiento maternal (por ejemplo, cuidar de animales de peluche como si fueran sus crías).

En las personas, sin embargo, debido al pequeño número de casos de falsos embarazos que existen, es posible que no se llegue a entender nunca del todo este fenómeno, explica el doctor Paul Paulman, del Centro Médico de la Universidad de Nebraska. "La glándula pituitaria está situada justo en la base del cerebro y es de ahí de donde vienen todas las hormonas durante el embarazo.

Este es uno de los ejemplos clásicos en medicina sobre cómo la mente afecta al resto del cuerpo".

Y, sin duda, es también un buen ejemplo de cómo la mente humana es capaz incluso de dominar la propia fisiología. ¿Qué podríamos llegar a hacer si fuésemos capaces de controlarlo voluntariamente?