El síndrome de Romeo y Julieta

El empecinamiento en el amor es común en la adolescencia

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La historia de amor más famosa de todos los tiempos da nombre a un síndrome, el de Romeo y Julieta, y nos enseña mucho sobre el enamoramiento adolescente. Y es que eso es la historia que escribió William Shakespeare, una historia de amor adolescente. No podemos olvidar que la protagonista, Julieta, es poco más que una niña de trece años. Y Romeo no es mucho mayor, unos diecisiete o dieciocho.

El síndrome al que dan nombre los amantes más repetidos de la historia es el empecinamiento por continuar con una relación ante la oposición de los adultos.

 Ese empecinamiento que relató magistralmente el genial Shakespeare ocurría en 1597 cuando el dramaturgo inglés escribió la historia y sigue ocurriendo hoy, más de cuatrocientos años después. Y es que en el asunto de los primeros amores y los primeros noviazgos no hemos cambiado mucho. Los adolescentes se enamoran como entonces, quieren como entonces y sufren como entonces.

Shakesperae escribió su obra teatral como denuncia de la presión de los padres sobre los sentimientos de los hijos. Como señal de advertencia extrema el autor inglés acaba la obra con el suicido de los dos jóvenes. Y la advertencia de Shakespeare sigue siendo válida hoy. Aunque las cosas no suelen llegar al extremo que relató el escritor en su obra, las prohibiciones tajantes todavía suelen dar muy malos resultados en lo que se refiere a los jóvenes y sus amores. Es mucho más efectivo el diálogo, como en todo.

Las padres y madres que dicen no

Igual que en la obra de Shakespeare, hay muchos padres y madres que prohíben a sus hijos el noviazgo. En la inmortal obra de teatro, la razón es que los Capuleto, la familia de Juileta, y los Montesto, la familia de Romeo, están enfretandos y por ello no quieren que sus hijos se casen. A pesar de la oposición familar, el drama de Shakespeare relata como los dos adolescentes se enamoran, se ven y acaban decidiendo casarse.

El final de la obra no puede ser más trágico porque ambos jóvenes mueren. Y tras la muerte de Romeo y Julieta, las familias de ambos se reconcilian.

La lectura del drama es que una prohibición como la que los Capuleto y los Montesco establecen para sus hijos adolescentes no solo no suele dar resultado sino que puede provocar consecuencias terribles. La obra de teatro finaliza precisamente con una elegía que comienza: "Nunca ha habido una historia más trágica que esta, la de Julieta y su Romeo..."

Cómo actuar ante un caso como el de Romeo y Julieta

Aunque no estamos ya en la Edad Media, todavía muchos padres y madres se oponen a las relaciones amorosas de sus hijos adolescentes. Estos padres y madres pueden aprender de Shakespeare, un brillantísimo creador de arquetipos. Los arquetipos son marcos generales sobre comportamientos o carácteres. Es decir, Romeo y Julieta son representaciones de tipos humanos comunes, con los que nos encontramos todos los días.

Si trasladamos a nuestros días lo que Shakespeare había observado en su época veremos que esas prohibiciones tajantes no son una buena idea. Porque la tendencia de los adolescentes es insistir hasta el final.

  • No prohibir. Los padres y madres que se vean en un caso similar deben saber que la prohibición solo empeorará la situación. Deben buscar otros métodos.
  • Estar seguros. Antes de buscar otros métodos para separar a una pareja de adolescentes, es imprescindible que los padres y madres analicen cuidadosamente las razones por las que no desean esa relación. Los adolescentes deben poder elegir a sus parejas libremente siempre que estas parejas no les causen daño. Solo en el caso de que la pareja sea negativa para el o la adolescente, los padres deberían intervenir.
  • Diálogo. Aunque sea más dificultoso, al diálogo franco y sincero suele ser mucho más efectivo que la prohibición. Si los padres de un adolescente están seguros de que la pareja de su hijo o hija es perjudicial para él o ella, deben buscar la forma de hacerselo ver.

Lo que nos enseña la obra Romeo y Julieta

Pero los padres y madres deben estar atentos porque lo que nos enseña sobre todo la obra de Shakespeare es que muchas veces los padres de los adolescentes intentan imponerles a estos sus propias opiniones, incluso sobre de quién se tienen que enamorar o de quién no deben hacerlo, por razones equivocadas y que no tienen nada que ver con la felicidad de los chicos y las chicas.