El Pípila: un héroe mexicano a prueba de balas

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Monumento al Pípila. Fuente Flickr /Foto por José Juan Figueroa/ Creative Commons

El valeroso Pípila

Corría el año de 1810, el movimiento de Independencia estaba en marcha, las tropas insurgentes, comandadas por el cura Miguel Hidalgo, habían sitiado la ciudad de Guanajuato, y la Alhóndiga de Granaditas era defendida con fiereza por un regimiento de soldados españoles que permanecía parapetado en su interior sin dar visos de rendición.

Para los insurgentes era necesario abrir aquella alhóndiga donde estaban almacenados los excedentes de las cosechas anuales, las cuales servirían para reabastecer a las tropas y alimentar a la población azotada por el hambre.

Después de varios ataques infructuosos,  la única solución parecía ser quemar la puerta principal; sin embargo, era riesgoso acercarse demasiado, pues los españoles tenían mejor ángulo de disparo y estaban pendientes para matar a cualquiera que se aproximara.

De entre los combatientes rebeldes se escuchó una voz decidida: “yo quemaré la puerta”.  Era Juan José de los Reyes Martínez, un valiente minero indígena que se unió por convicción al movimiento independentista. Le apodaban “El Pípila”, como se le conoce comúnmente en la región del Bajío a los pavos y al huevo que empollan dichas aves; una de las versiones acerca del origen de este apodo, señala que El Pípila, al tener el rostro cubierto de pecas o posibles cicatrices dejadas por la viruela, guardaba cierto parecido con el aspecto moteado del huevo de un pavo. De lo que no existe duda es de la fortaleza física y mental que poseía Juan José de los Reyes debido al trabajo extenuante que desarrollaba en las minas del Bajío.

Miguel Hidalgo aceptó la propuesta y El Pípila se puso en marcha. Para evitar ser herido por las balas, colocó sobre su espalda una pesada losa de piedra, tomó una antorcha y se encaminó hacia la puerta de la alhóndiga. Los tiros de las escopetas silbaban y rebotaban en su espalda. Los intentos desesperados de los españoles por detenerlo no daban resultados.

Finalmente, prendió fuego al portón de madera y la alhóndiga fue tomada por las tropas insurgentes.

Una vez que se consumó la Independencia de México, El Pípila volvió a su oficio como minero, hasta que falleció a consecuencia de las recurrentes intoxicaciones que sufrían los trabajadores dentro de las minas; no obstante, aquel suceso del 28 de septiembre de 1810,  hizo que El Pípila pasara del anonimato a convertirse en un personaje legendario por su arrojo y valentía.  Hoy en día se le reconoce como un héroe nacional y todo un símbolo de la Independencia de México.

El monumento al Pípila

Entre los sitios turísticos más visitados en la ciudad de Guanajuato se encuentra el Monumento al Pípila. Esta escultura monumental, elaborada con cantera rosa,  fue inaugurada en 1939 y es obra del artista Juan Fernando Olaguibel.

Al observar el monumento, se puede apreciar al Pípila portando una antorcha en la mano derecha dirigiendo el ataque a la Alhóndiga de Granaditas, mientras que en  la base que sostiene a la escultura se lee la inscripción: “…aún hay otras alhóndigas por incendiar…”

La plaza cívica donde se encuentra el monumento, al estar en uno de los puntos más altos de Guanajuato, ofrece una espectacular panorámica en 360º para apreciar la belleza arquitectónica de esta ciudad colonial; por si fuera poco, en la parte posterior del monumento se encuentran un pequeño museo de sitio y unas escaleras que permiten llegar hasta el punto más alto de la escultura, lo cual mejora la experiencia visual que se tiene desde el lugar.

Para llegar al monumento puedes tomar el colectivo que parte desde el Mercado Hidalgo, también puedes hacerlo a pie subiendo por los callejones que conducen cuesta arriba hacia la plaza o tomando el funicular que parte desde el Teatro Juárez.

 

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