El desarrollo de un niño de 8 años

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Los 8 años: una edad cuando las habilidades empiezan a brillar

Niña lista para carrera. Foto © Anna García-Miller

En tu hijo o hija de ocho años ya se ve el impacto de la práctica y el crecimiento que ha tenido en años anteriores.

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Desarrollo físico

Entrenamiento de futbol. Foto © Anna García-Miller

Tu hijo tiene la madurez para dominar las habilidades motoras. Físicamente, los niños de ocho años ya pueden tirar, cachar, rodar y patear una pelota a la perfección. Es la edad perfecta para disfrutar de los deportes como el beisbol, futbol y basquetbol. Pueden moverse rápidamente, y tienen el control para cambiar de rumbo o pararse sin caer. También los chicos de ocho años ya tienen la capacidad de bailar con ritmo, y de participar en actividades como la gimnasia que dependen del equilibrio.

Es el momento idóneo para los equipos deportivos.

Inscribe a tu hijo en el beis, el fut o el basquet. Que tome alguna clase en las tardes para que empiece a conocer sus propios alcances y se considere apto para usar su cuerpo con gracia y efectividad. Es un hecho que esta edad es clave en la auto-apreciación: si tu hijo se considera atlético a los ocho años, es probable que siempre se interese por el deporte, mientras que un niño que se auto-califica como torpe o no deportista tal vez nunca aprenda a disfrutar la actividad física.

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Desarrollo de independencia y seguridad

¿Quieres jugar?. © Ami Beyer | Dreamstime.com

Puede tomar ciertas decisiones por sí solo. Un niño de ocho años ya tiene las herramientas necesarias para medir diferentes opciones y escoger la que más le convenga. Por eso es importante dejar que nuestros hijos de esta edad seleccionen qué ropa se van a poner para ir a la escuela, o qué van a llevar de lunch.

Puede enfocar su atención.

Los niños de ocho años ya tienen la capacidad de concentrarse por periodos de 30 minutos o más, y les gusta el reto de proyectos o actividades que tienen varios pasos. Disfrutan de hacer cosas que no necesitan ni la supervisión cercana ni la participación de los adultos, como son armar modelos, jugar juegos de mesa un poco complicados, o cumplir con tareas escolares que exigen seguir instrucciones múltiples. Cuando tu hijo de esta edad tiene éxito en llegar a la meta, la satisfacción personal es grande.

El apoyo de los papás en esta etapa puede consistir en:

Darles la oportunidad de tomar decisiones sencillas, animarlos a terminar lo que empiezan, siempre dar palabras de aliento a sus esfuerzos, y sobre todo, no apurarlos cuando están concentrados en hacer algo bien. Ya no son los chiquitos de antes que necesitaban el recordatorio constante y el empujón. Ahora estos niños de ocho años pueden enfocarse en una meta, y tienen las herramientas para alcanzarla.

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Desarrollo cognitivo

Niña leyendo. © Vladimir Mucibabic | Dreamstime.com

En su desarrollo cognitivo,debe tener bien afianzadas sus habilidades lectoras. Los niños de tercer grado ya pueden usar la lectura como un medio para aprender cosas nuevas. Leyendo independientemente, pueden descubrir mundos nuevos en la ciencia, la historia y la imaginación. El lenguaje que van desarrollando los niños de ocho años muchas veces refleja sus hábitos de lectura, y pueden aprender hasta 20 nuevas palabras al día, simplemente de los libros, revistas o sitios web que frecuentan. En esta edad es muy importante que los padres proporcionen a sus hijos un ambiente en casa que fomenta el hábito y el gusto por la lectura.

En matemáticas los niños de tercer grado ya dominan muchos conceptos.Entienden la idea de 1,000 y pueden explicar varias formas de hacer agrupaciones para llegar a este número. También son capaces de resolver problemas de suma y resta, identificando lo que el problema busca. Por ejemplo, pueden reconocer si un problema pide un total o una diferencia. Este es el año cuando empiezan a trabajar con el concepto de la multiplicación.

En casa los padres pueden apoyar este desarrollo.

Busquen oportunidades en la vida diaria para practicar los conceptos matemáticos. Por ejemplo, en el súper, le puedes pedir a tu hijo calcular cuántos objetos puede comprar con un billete de cinco dólares. Deja que él pague la cuenta en el restorán, y que compruebe que el cambio sea correcto. Además de practicar las habilidades matemáticas, estás dando la oportunidad para que tu niño se sienta seguro en lo que sabe, que es muy apropiado en esta etapa.

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Desarrollo social y emocional

Somos amigas. © Pathathai Chungyam | Dreamstime.com

En el desarrollo social y emocional,empiezan a superar la etapa del “amigo exclusivo”. En primero y segundo año de primaria, es muy común que los niños se adueñan de sus amigos y no permiten que se asocien con nadie más. Son muy poco tolerantes al dolor de ver que su amigo preferido decida tomar el lunch con alguien diferente. Ya en tercer año, nuestros niños empiezan a tener una seguridad mucho mayor, y bien pueden abrir su círculo de amigos para incluir a tres, cuatro o cinco buenos cuates.

El niño de ocho años puede reflexionar sobre sus relaciones sociales.

Tiene la capacidad de reconocer su impacto sobre los sentimientos de los demás. Empieza a salir del egocentrismo de su época anterior y despertar al mundo alrededor de él: le gusta ayudar y complacer a los demás.

Los papás pueden ayudar a sus hijos a desarrollar relaciones sanas con los demás.

Es tiempo de invitar a varios niños a casa los viernes, a estar dispuesto a ser anfitrión para el trabajo de equipo de ciencia, por ejemplo, o a dar permiso para un paseo en grupo. Si bien es cierto que el niño de ocho años ya posee muchas habilidades sociales, también es necesario que practique sus destrezas sociales y emocionales para fortalecer su seguridad.

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Proporciona a tu hijo el medio para descubrir sus propias posibilidades.

Niños con lupa. © Jacek Chabraszewski | Dreamstime.com

Lo más bello de esta edad es precisamente el privilegio de ver a un hijo adquirir esta seguridad en sí mismo. Los ocho años son especiales. Es una etapa padrísima, cuando los niños empiezan a disfrutar de su propia independencia y se sienten orgullosos de todo lo que pueden hacer.