El desapego

Logra el milagro más grande de tu vida cultivando el desapego

El rapto de Psique (1895) por William-Adolphe Bouguereau
Eros se enamoró tanto de la humana Psique que se la llevó a su palacio. Aunque este mito busca explicar la unión del amor y el alma, también hace pensar que el alma tiende a no aceptar su realidad inmediata y siempre quiere más de lo que tiene. William-Adolphe Bouguereau © Dominio público

Imagina que tienes una meta. Todos los días te levantas temprano, trabajas, y poco a poco vas haciendo un buen trabajo. Lo envías a un concurso y… tres meses más tarde recibes una carta:

“Gracias por participar, pero lamentablemente te informamos que hemos elegido a otra persona para este premio”.

¿Qué haces?

Tu reacción depende de tu actitud y de tu fe. Si tienes una actitud de apego, sentirás una gran decepción, y hasta celos y envidia.

Si practicas el desapego, tal vez seas capaz de reírte. Sabrás que disfrutaste del proceso y aprendiste, y que esa es la verdadera meta.

¿Qué es el desapego?

Una de las mejores definiciones de desapego es “la determinación de ser libre”. Otra es “dejar ir”. El desapego es mantener la paz y la calma cuando no se puede cambiar o controlar algo. En vez de reaccionar con nerviosismo, enojo o infelicidad ante una situación, la persona que practica el desapego se queda tranquila y vuelve a intentarlo. Así logra paz y fuerza interior, y refleja valentía.

Una actitud de amor

El desapego ayuda a amar porque aferrarse a algo o a alguien es perder la libertad y causar sufrimiento. Esto no quiere decir que no se pueda sentir devoción por una persona o admiración por un concepto.

El desapego es lo contrario de la dependencia. Es importante establecer límites para sí mismo y para los demás, de manera que las relaciones con las personas amadas no se vuelvan cárceles hechas de expectativas y manipulación.

Al practicar el desapego, la persona renuncia a ser víctima y deja atrás la necesidad de juzgar y controlar a los demás. Esto a su vez demuestra un amor más grande y complejo. Al estar dispuesta a controlar los impulsos negativos y destructivos, la persona expresa con más claridad su amor y compromiso.

La libertad, el dinero y las posesiones

Tomar la determinación de ser libre no quiere decir que se dejen a un lado los sueños, las metas y los deseos. Por vivir en un mundo material, los símbolos de la abundancia como el dinero, las posesiones y los conocimientos pueden ser medios para aportar a crear un mundo mejor para todos los seres humanos.

Sin embargo, cuando se pierde la libertad por querer abarcar esos símbolos, es apropiado examinar si el apego a lo material tiene sentido en el contexto de la vida diaria. Cuando comprar una casa, un auto o incluso una educación universitaria mal planificada crea deudas imposibles de pagar, hay que preguntarse qué vale más: ¿la libertad o lo piensen los demás?

Lo contrario es igual de preocupante. No hacer algo necesario, como trabajar, porque “no hay que apegarse a lo material” no es desapego si afecta al bienestar propio y el de los demás.

Las adicciones

Una consecuencia del apego es la adicción. Cuando una persona le da el control de su vida a otra persona, cosa o lugar, corre el riesgo de perder la libertad. Su vida se puede convertir en un “infierno” si pierde la fe en un mejor mañana. Es por eso que los programas de 12 pasos enfatizan poner los problemas “en manos de Dios”.

El desapego requiere fe.

La incertidumbre y la fe

La fe, según la Biblia es “la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve.” La fe es saber que todo saldrá bien. La incertidumbre que crea dejar de controlar a las otras personas o dejar ir los resultados de una labor, es parte de lo que crea la dependencia. El desapego requiere fe porque lo que no se ve no parece tener garantía. La fe requiere desapego porque poner algo “en manos de Dios” quiere decir someterse a la voluntad divina. Sin embargo, la fe se puede cultivar a la vez que se practica el desapego.

Cultiva la fe y practica el desapego

Para tener fe no hay que creer en nada concreto, sino escoger cómo se mira una situación. Todo tiene un lado positivo, aún si esto significa aprender a dejar ir y aceptar. Para cultivar la fe, hay que aceptar que todo lo que ocurra será para bien.

Lo malo enseña, lo bueno da placer. Con esta actitud ante la fe, practica el desapego:

  1. Identifica tus sentimientos de apego.
  2. Acepta responsabilidad por tus acciones y sentimientos.
  3. Adopta una frase u oración de entrega para cuando te veas caer en una situación de dependencia o manipulación.
  4. Ejerce una acción creativa. Practica disfrutar del proceso y mantén el desapego respecto al resultado.
  5. Celebra tu libertad. Cada vez que recuerdes que eres libre, da gracias.

Estás en camino a lograr el milagro más grande de tu vida: la libertad. El desapego, junto con la rendición, la compasión y el perdón, son los primeros pasos para lograr una vida llena de milagros.