El averroísmo

La influencia de Averroes en la filosofía medieval occidental

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Santo Tomás de Aquino confundiendo a Averroes. United States public domain

La figura de Averroes y la traducción y expansión de sus “Comentarios a Aristóteles” marcó una honda influencia en el pensamiento filosófico occidental, tanto en el cristiano como en el judío.

Especialmente es la teoría de la “doble verdad”, más desarrollada por los averroístas que por el propio Averroes, que indica la posibilidad de que hayan dos vías para alcanzar la verdad: la filosófica y la religiosa.

Y que, además, es posible que las verdades filosóficas no coincidan con las verdades reveladas o religiosas.

Averroísmo y judaísmo

Durante el siglo XIII EC aparece una corriente del averroísmo dentro del pensamiento judío. El propio Maimónides estudió la obra de Averroes desde Egipto en 1191, ya en su madurez.

Escribió a un discípulo suyo que la obra de Averroes le llenaba de admiración pues, según le dice, haciendo pocos días que había leído los comentarios de Averroes sobre Aristóteles éstos exponían la verdadera inteligencia con gran exactitud.

A partir de ese momento Maimónides fue un averroísta moderado, alejándose un tanto de los filósofos musulmanes más racionalistas con los que anteriormente había simpatizado.

Sobre Maimónides y Averroes se fundamenta la denominada “segunda escolástica” del judaísmo. Figuras importantes de este movimiento y del averroísmo serán Yehudá ben Salomó Cohen de Toledo que publicó en 1247 una enciclopedia aristotélica llamada “Investigación de la Sabiduría”.



Por su parte Shem-Tob ben Josef ben Fālaquera, judío español nacido en 1226, introdujo en sus obras diversas citas de los comentarios de Averroes. Aunque las principales traducciones de la obra de Averroes al hebreo se realizaron en Provenza.

Averroísmo y cristianismo

El “averroísmo latino” se desarrolla en la cristiandad occidental entre los siglos XIII y XVI EC.

No se tratará de un aristotelismo propiamente dicho sino que toma por base las exposiciones de Averroes pero conjugándolas con ideas neoplatónicas y de Avicena.

Es en el “averroísmo latino” donde se desarrolla en profundidad la teoría de la “doble verdad”, cuyo sostenimiento es la principal característica de este pensamiento.

En los primeros años del siglo XIII EC aparecen los primeros escritos del “averroísmo latino”, a partir de las traducciones de los comentarios de Averroes sobre Aristóteles y, con ellas, penetra la idea de que la auténtica verdad filosófica es la que se deriva integralmente de Aristóteles.

Siger de Bramante y Boecio de Dacia fueron los principales representantes del averroísmo cristiano del siglo XIII,

Según entiende Siger la teoría de la doble verdad conduce a la aceptación como verdad de las tesis filosóficas expuestas por los grandes filósofos del pasado. Por otra parte admite que la fe puede llevar a una conclusión distinta a la de la filosofía y que pese a ello también sería verdadera. De ese modo habrían no solo dos maneras de llegar a la verdad sino que podrían haber dos verdades diferentes y pese a todo validas. Algo así como dos caras diferentes de una misma moneda.



La condena eclesial del averroísmo cristiano

Las tesis del averroísmo cristiano y especialmente las de Siger de Bramante son condenadas en 1277 por el arzobispo de París Étienne Tempier.

La idea de la doble verdad chocaba abiertamente con la de la preeminencia de la verdad revelada como única verdad o, cuando menos, como una verdad de la cual no se podía disentir. Ni siquiera servía el artificio intelectual de hablar de “verdades diferentes” que son “diferentes caras” de una “única verdad”. Ese intento no podía convencer a la Iglesia dado que eso no dejaba de cuestionar la capacidad de la misma para establecer lo verdadero.

Las primeras condenas parciales de las posturas del averroísmo cristiano se dan ya en 1270, y en 1277 se condenan las 219 tesis filosóficas que sostenían Siger de Bramante y los averroístas de la Universidad de París.



No obstante aún habrán otros brotes de averroísmo cristiano más tardío, se defenderán sus postulados en las obras de Juan de Jandún y Marsilio de Padua, así como por la propia Universidad de Padua ya en pleno Renacimiento.