Ejemplos de sonetos

Sonetos de Quevedo, Góngora, Garcilaso de la Vega y otro poetas.

Quevedo.jpg
Francisco de Quevedo.

Estos son algunos ejemplos del soneto.

"Poema metafísico 6", Francisco de Quevedo (1580-1645)

Arrepentimiento y lágrimas debidas al engaño de la vida

Huye sin percibirse, lento, el día,
y la hora secreta y recatada
con silencio se acerca, y, despreciada,
lleva tras sí la edad lozana mía.

La vida nueva, que en niñez ardía,
la juventud robusta y engañada,
en el postrer invierno sepultada,
yace entre negra sombra y nieve fría.

No sentí resbalar mudos los años;
hoy los lloro pasados, y los veo
rïendo de mi lágrimas y daños.

Mi penitencia deba a mi deseo,
pues me deben la vida mis engaños,
y espero el mal que paso, y no le creo.

"La despedida", de Leandro Fernández Moratín (1760-1828)

Nací de honesta madre: dióme el cielo
Facil ingenio en gracias afluente:
Dirigir supo el ánimo inocente
A la virtud el paternal desvelo.

Con sabio estudio, infatigable anhelo,
Pude adquirir coronas á mi frente:
La corva escena resonó en frecuente
Aplauso, alzando de mi nombre el vuelo

Docil, veraz, de mucho ofendido,
De ninguno ofensor, las Musas bellas
Mi pasion fueron, el honor mi guia.

Pero si asi las leyes atropellas,
Si para tí los méritos han sido 
Culpas; á Dios, ingrata patria mia.

"Soneto X", de Garcilaso de la Vega (1501-1536)

¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!

¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas qu'en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en una hora junte me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
lleváme junto el mal que me dejastes;

si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

"Soneto CIII", de Luis de Góngora (1561-1627)

De un caminante enfermo que se enamoró donde fue hospedado

Descaminado, enfermo, peregrino,
en tenebrosa noche, con pie incierto
la confusión pisando del desierto,
voces en vano dio, pasos sin tino.

Repetido latir, si no vecino,
distinto, oyó de can siempre despierto,
y en pastoral albergue mal cubierto,
piedad halló, si no halló camino.

Salió el Sol, y entre armiños escondida,
soñolienta beldad con dulce saña
salteó al no bien sano pasajero.

Pagará el hospedaje con vida;
más le valiera errar en la montaña
que morir de la suerte que yo muero.

"Soneto XII", de Juan de Arguijo (1567-1623)

A Narciso

Crece el insano amor, crece el engaño
Del que en las aguas vio su imagen bella;
Y él, sola causa en su mortal querella,
Busca el remedio y acrecienta el daño.

Vuelve a ver en la fuente ¡caso extraño!
Que de ella sale el fuego; mas en ella
Templarlo piensa, y la enemiga estrella
Sus ojos cierra al fácil desengaño.

Fallecieron las fuerzas y el sentido
Al ciego amante amado; que a su suerte
La belleza fatal cayó rendida:

Y ahora, en flor purpúrea convertido,
La agua, que fue principio de su muerte,
Hace que crezca, y prueba a darle vida.

"Soneto LVI", Francisco de Rioja (1583-1639)

Ardo en la llama más hermosa y pura
que amante generoso arder pudiera,
y necia envidia, no piedad severa,
tan dulce incendio en mi apagar procura.

¡Oh, cómo vanamente se aventura
quien con violencia y con rigor espera
que un alto fuego en la ceniza muera,
mientras un alma a sabor en él se apura!

Si yo entre vagas luces de alba frente
me abraso, y entre blanda nieve y roja,
es culpa de tu amor no hacer caso.

No es la lumbre del sol más poderosa
y agrada más naciendo en el oriente
que cuando se nos muere en el ocaso.