Ejemplos de párrafos por comparación y contraste

Estudiando ejemplos de párrafos

Un párrafo de comparación y contraste tiene por característica enfrentar dos ideas o conceptos. Se compara las similitudes  y destacan las diferencias que puedan resultar.

Para saber más sobre los párrafos, se recomienda la lectura del artículo que analiza sus diversos tipos, tales como el descriptivo, el narrativo, el conceptual, entre otros.

Ejemplo de párrafos por comparación y contraste N° 1

Comprarse un auto cero kilometro tiene sus ventajas en cuanto a comprar uno ya usado.

En primer lugar, disfrutaremos de un vehículo en un estado mecánico óptimo. Sin tener que preocuparnos de llevar al taller ante algún problema imprevisto, solo lo haríamos por los mantenimientos de rigor que todo auto precisa.

En cambio, adquirir un vehículo usado equivale siempre a jugar la lotería. Nunca sabemos si vamos a ganar o no, y con alta probabilidad de que no ganemos.

Es prácticamente imposible saber cómo ha sido tratado, si ha recibido el mantenimiento adecuado, entre otras cosas.

Aunque, hay que reconocer, adquirir uno de estos, puede ser ventajoso en algunos puntos: Entre ellos y el más importante, es el precio.

 

Ejemplo de párrafos por comparación y contraste N° 2

El amor de la madre a la vida es tan contagioso como su ansiedad. Ambas actitudes ejercen un profundo efecto sobre la personalidad total del niño; indudablemente, es posible distinguir, entre los niños -y los adultos- los que sólo recibieron "leche" y los que recibieron "leche y miel".

En contraste con el amor fraternal y el erótico, que se dan entre iguales, la relación entre madre e hijo es, por su misma naturaleza, de desigualdad, en la que uno necesita toda la ayuda y la otra la proporciona.

El arte de amar, Erich Fromm

 

Ejemplo de párrafos por comparación y contraste N° 3

Ahora, con lo del V Centenario, se ha puesto de moda hablar de la intrínseca maldad de los españoles al empalar a los incas, observación que a mí me parece un poco mostrenca. Porque, lamentablemente, esa ferocidad no es exclusiva del antiguo imperio español, sino que es uno de los rasgos más constantes y desazonadores del ser humano. Los mismos incas fueron una nación guerrera e imperialista que exterminaron y esclavizaron a los pueblos más débiles. Es el horror, en fin: un horror que se renueva cada día y que aún perdura.

En algunos casos, estos brutales encontronazos entre una nación poderosa y otra débil se han resuelto con el genocidio de la segunda. Es lo que ha sucedido en Estados Unidos, y lo que hicieron los británicos con los aborígenes de Australia.

En otras ocasiones, sin embargo, se esclavizó y oprimió al pueblo vencido, pero no se le exterminó: así hicieron los españoles en Latinoamérica y los británicos en Oriente. No actuaron de este modo por bondad, evidentemente, sino porque la muerte de los indios no les servía de nada. Españoles y británicos querían explotar América y Asia, no colonizarlas, y necesitaban a los indígenas para que trabajaran en las costas, y en los campos, y en las minas. Estados Unidos y Australia, en cambio, fueron países colonizados; los inmigrantes llegaban a miles ansiosos de plantar su propia granja, y era necesario matar a los antiguos habitantes para que los nuevos pudieran ser dueños de la tierra. Canadá ofrece hoy el ejemplo más patético de este doble proceso: en el sur del país, donde se extienden las grandes llanuras cubiertas de cereales, zona agrícola por excelencia, las tribus autóctonas han sido prácticamente exterminadas. Los indios del Norte de Canadá, en cambio, han sobrevivido: habitaban en los oscuros y helados bosques, allí donde los granjeros no podían entrar, y fueron contratados (y explotados) como tramperos por la Hudson Bay y otras compañías peleteras. Vivieron porque eran útiles.

ROSA MONTERO, "Indios", El país Semanal