Ejemplo de textos narrativos cortos

Recopilación de obras pertenecientes al género narrativo

La lectura de cuentos nos transporta a mundos nuevos
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Un texto narrativo se caracteriza por “contar” una historia. Es un relato, ficticio o no, creado por el autor.
El género narrativo es sumamente amplio. A continuación, se presenta ejemplos de obras que pertenecen a este estilo, entre ellas se encuentran obras emblemáticas de la literatura española.
La finalidad es mostrar a través de estos ejemplos, las distintas maneras que el escritor puede usar al momento de crear su relato.


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Ejemplo 1: Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino.


Ejemplo 2 : Fábula “El caballo viejo”, de Esopo

Un caballo viejo fue vendido para darle vueltas a la piedra de un molino. Al verse atado a la piedra, exclamó sollozando:

- ¡Después de las vueltas de las carreras, he aquí a que vueltas me he reducido!
Moraleja: No presumáis de la fortaleza de la juventud. Para muchos, la vejez es un trabajo muy penoso.


 

Ejemplo 3: La sordica, de Emilia Pardo Bazán

Las cuatro de la tarde ya y aún no se ha levantado un soplo de brisa. El calor solar, que agrieta la tierra, derrite y liquida a los negruzcos segadores encorvados sobre el mar de oro de la mies sazonada. Uno sobre todo, Selmo, que por primera vez se dedica a tan ruda faena, siéntese desfallecer: el sudor se enfría en sus sienes y un vértigo paraliza su corazón.

¡Ay, si no fuese la vergüenza! ¡Qué dirán los compañeros si tira la hoz y se echa al surco! Ya se han reído de él a carcajadas porque se abalanzó al botijón vacío que los demás habían apurado...
Maquinalmente, el brazo derecho de Anselmo baja y sube; reluce la hoz, aplomando mies, descubriendo la tierra negra y requemada, sobre la cual, al desaparecer el trigo que las amparaba, languidecen y se agostan aprisa las amapolas sangrientas y la manzanilla de acre perfume. La terca voluntad del segadorcillo mueve el brazo; pero un sufrimiento cada vez mayor hace doloroso el esfuerzo. Se asfixia; lo que respira es fuego, lluvia de brasas que le calcina la boca y le retuesta los pulmones. ¿A que se deja caer? ¿A que rompe a llorar? Tímidamente, a hurtadas, como el que comete un delito, se dirige al segador más próximo: -¿No trairán agua? Tú, di, ¿no trairán? -¡Suerte has tenido, borrego! Ahí viene justo con ella La Sordica... Anselmo alza la cabeza, y, a lo lejos sobre un horizonte de un amarillo anaranjado, cegador, ve recortarse la figura airosa de la mozuela, portadora del odre, cuya sola vista le refrigera el alma. De la fuente de los Almendrucos es el agua cristalina que La Sordica trae; agua más helada cuanto más ardorosa es la temperatura; sorbete que la Naturaleza preparó allá en sus misteriosos laboratorios, para consolar al trabajador en los crueles días caniculares.


¡Si Anselmo no se contiene al encuentro de la zagala, saltaría, a manera de corzo, cuando ventea el manantial cercano!
Como si La Sordica adivinase dónde estaba el más sediento, el más ansioso de aquellos desheredados, recta venía hacia Anselmo, gallardamente enhiesta para sostener el odre mejor, y en la mano una cantarita de añadidura, una cantarita de barro salpicada de divinas gotas de humedad, que a la luz del sol relucían como sueltos brillantes... Y llegándose al segador novicio -leyendo en su cara amortecida la necesidad- le tendió la cantarita, a la cual pegó Anselmo los labios con un suspiro violento, que parecía un sollozo...
Al anochecer, cuando los enormes carros iban camino de las eras, cargados de gavillas, Selmo y La Sordica volvían juntos, por la senda que rodea el lugar; y el mozo decía a la zagala, muy cerca del oído, sin duda a causa del defectillo que declara el apodo:
-Na, mujer; en la chola se ma ha metío y en el querer muy aentro...

Tú vas a ser mi novia... No me des un esaire, borrega, que me gustas más que el agua de tu cantarita...
 

Ejemplo 4: Fragmento de La Eneida, de Virgilio

Canto las armas y a ese hombre que de lastas de Troya
llegó el primero a Italia prófugo por edo y a las playas
lavinias, sacudido por mar y por tierrr la violencia
de los dioses a causa de la ira obstinada de lael Juno,
tras mucho sufrir también en la guerra, hasta que fundó la ciubr> y trajo sus dioses al Lacio; de ahí el pueblo latino
y los padres albanos y de la alta Roma las murallas.

Ejemplo  5: El manuscrito de un loco de Charles Dickens 

Las noches aqui son largas algunas veces, muy largas; pero nada son en comparacion con las inquietas noches y terribles ensueños de aquel tiempo. Su recuerdo me estremece. Grandes, sombríos fantasmas con maliciosos rostros se sentaban en los rincones de mi cuarto,y de noche se inclinaban sobre mi, incitándome á la locura. Me decian en voces atronadoras que el suelo de la antigua casa en que murió el padre de mi padre, estaba aun manchado de su sangre, derramada por su propia mano en el furor de su locura. Me cubria los oidos con las manos, pero me gritaban y me gritaban hasta que el cuarto se estremecia con sus acentos, y por todas partes oia que en la generacion anterior á la suya la locura durmió, pero que su abuelo habia vivido por años con sus manos entre grillos, para evitar que se hiciesen pedazos. Sabia que decian la verdad, lo sabia bien. Lo habia descubierto años hacia , aunque me lo quisieron ocultar.

Ejemplo de párrafo narrativo N° 4: Galerna, de Joaquín Dicenta

Así, esclavizando a la hermosura de su queredora todo el mujerío montañés, canta su cantar el boyero; y van los ecos del cantar extendiéndose por el espacio en himno de amor, que sube y se pierde hacia los orientes de la luz.

¡Amanecer tibio de Julio, el aire te embellece con el musicar de sus besos sobre las hierbas enjoyecidas por los brillantes del rocío; con su ir y venir sobre las aguas del Cantábrico, que se deshace contra el rocaje en caireles de espuma!...

A tus resplandores va contorneándose el pueblecillo pescador.