Ejemplo de redacción en tercera persona

Explicando el uso de la persona gramatical en tercera persona

Chicas nadando
En la oración Ellas nadaron en la bahía el pronombre Ellas es un ejemplo de la tercera persona gramatical.  Westend61 / Getty Images

La redacción en tercera persona indica la acción desarrollada en un enunciado está siendo realizada por alguien quien es distinto del hablante o del oyente. Los pronombres personales en primera persona son: él/el, ella, ello en singular y ellos, ellas en plural.

Ejemplos:

  • Ella estudia sola
  • El cantante actuará esta noches
  • Los niños se reunieron alrededor de la mesa
  • Ellas nadaron en la bahía 

Características de la tercera persona gramatical

El uso de las diversas personas gramaticales depende mucho del tipo de texto que se quiere redactar.

La tercera persona se utiliza con mucha frecuencia en la literatura. El narrador es omnisciente, que significa la capacidad de saberlo todo. Es decir, quien narra ya sabe los sucesos que van a ocurrir a lo largo de la historia.

Ejemplos de redacción de tercera persona

Emilia pardo Bazán: Cuentos de navidad

Érase un niño enfermizo. Su madre, opulentísima señora, andaba loca con el afán de darle salud, y el médico, fijándose en la índole del padecimiento del niño, decía que, principalmente, dimanaba de una especie de atonía o insensibilidad, efecto de que su sistema nervioso se encontraba como amodorrado o dormido, y no comunicaba al organismo las reacciones vitales y al espíritu la fuerza necesaria. Es decir, que Fernandito, que así le llamaba vivía a medias, como vegetando, lo cual es sobrado para una planta, pero insuficiente para un hombre.Trataba la madre de despertar por todos los medios la sensibilidad, la imaginación y la vida psíquica de su hijo, sin lograrlo. Le paseaba, le adivinaba los gustos, le traía juguetes y golosinas, y el chico tomaba los juguetes un momento y luego los dejaba caer, con indiferencia, a los pies del sillón en que permanecía lánguidamente sentado meses y meses

El caballo y el asno. Esopo

Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día que ambos iban camino a la ciudad, el asno, sintiéndose cansado, le dijo al caballo:

-Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida.
El caballo haciéndose el sordo no dijo nada y el asno cayó víctima de la fatiga, y murió allí mismo.
Entonces el dueño echó toda la carga encima del caballo, incluso la piel del asno. Y el caballo, suspirando dijo:

- ¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido cargar con un ligero fardo ahora tengo que cargar con todo, y hasta con la piel del asno encima!

 Niebla. Miguel de Unamuno

Al aparecer Augusto a la puerta de su casa extendió el brazo derecho, con la mano palma abajo y abierta, y dirigiendo los ojos al cielo quedóse un momento parado en esta actitud estatuaria y augusta. No era que tomaba posesión del mundo exterior, sino era que observaba si llovía. Y al recibir en el dorso de la mano el frescor del lento orvallo frunció el sobrecejo. Y no era tampoco que le molestase la llovizna, sino el tener que abrir el paraguas. ¡Estaba tan elegante, tan esbelto, plegado y dentro de su funda! Un paraguas cerrado es tan elegante como es feo un paraguas abierto.

«Es una desgracia esto de tener que servirse uno de las cosas –pensó Augusto–; tener que usarlas, el use estropea y hasta destruye toda belleza. La función más noble de los objetos es la de ser contemplados. ¡Qué bella es una naranja antes de comida! Esto cambiará en el cielo cuando todo nuestro oficio se reduzca, o más bien se ensanche a contemplar a Dios y todas las cosas en Él. Aquí, en esta pobre vida, no nos cuidamos sino de servimos de Dios; pretendemos abrirlo, como a un paraguas, para que nos proteja de toda suerte de males.»