Ejemplo de ensayo científico

Fragmentos de ensayos que tratan temas científicos

Los siguientes ensayos son científicos en el sentido que tratan temas propios de la ciencia.

Albert Einstein. Ecuaciones del campo de la gravitación

He mostrado en dos publicaciones recientes[1], como puede uno llegar a unas ecuaciones de campo de la gravitación que concuerden con los postulados de la relatividad general, i.e. que en su forma general son covariantes con respecto a sustituciones arbitrarias de variables espacio-temporales.

La línea de desarrollo fue la siguiente. Primero encontré ecuaciones que contienen la teoría de Newton como una aproximación y que son covariantes con respecto a sustituciones arbitrarias de determinante 1. Después descubrí que esas ecuaciones en general corresponden a ecuaciones covariantes, si el escalar del tensor de energía de la "materia" desaparece. El sistema de coordenadas tenía que ser elegido de acuerdo con un simple regla, que  sea 1, de forma que el resto de ecuaciones se simplifiquen considerablemente. En el proceso, sin embargo, uno tenía que introducir la hipótesis de que el escalar del tensor de energía de la materia desapareciese.

Recientemente he encontrado que es posible evitar la hipótesis acerca del tensor de energía de la materia, si uno lo incluye en las ecuaciones de campo de forma algo distinta a como se hizo en mis dos anteriores informes. Las ecuaciones de campo para el vacío, en las cuales basé la explicación del movimiento perihelial del planeta Mercurio, no se ven afectadas por este cambio.

Expongo aquí de nuevo el razonamiento completo, para evitar que el lector tenga que remitirse constantemente a los informes previos

 Hacia una educación neohumanística.

Repetir antológicamente las perpetuas definiciones cuasi burocráticas de educación, sería proseguir tautologías y continuismos neonominalistas inútiles, pues en su sistema léxico semántico, educación, educar, educando, educativo, educado y otras voces del mismo campo, hoy sólo perfilan procesos espurios, ideologizados como progreso para las nuevas generaciones, aunque sin pergeños de la gran cultura humana, que suele ser considerada como simple enciclopedismo proclive a la memorización inútil.

“¿De qué le sirve- dicen los pedagogos de escritorio, a un estudiante o a un profesionista los cursos de literatura o filosofía, por ejemplo?” Los aprendizajes conceptuales se han reducido al mínimo y lo importante es la actitud pragmática del beneficio “utilitario”. El disfrute de la sabiduría se ve despreciado por los tecnócratas y los teóricos acomodaticios. Sólo se piensa en el desarrollo y progreso personal como acciones procedimentales, con lo cual el individualismo exacerbado por la ideología burguesa, alcanza las más grandes frustraciones en una sociedad despiadada que no permite destacar a todos los jóvenes. Sólo ciertos elegidos por la herencia económica o la belleza genética.

Filología. Mariano José de Larra

Supuesto que por la lengua pecamos, y que por ella hemos de morir, no será mucho que dediquemos a este ramo de la literatura algunas de nuestras tareas. Bien se deja conocer que la lengua es para un hablador lo que el fusil para el soldado; con ella se defiende y con ella mata. Tengamos, pues, prevenidas y en el mejor estado posible nuestras armas, y démosle a este fin un limpioncito de cuando en cuando.

Vayan, pues, hoy por hoy, para los aficionados a discurrir, un par de acertijos.

¿Qué entendemos cuando vemos impreso: «El embajador o ministro tal cerca de la corte de cual», etcétera?

¿Quiere decir que anda alrededor de aquella corte, sin poder nunca llegar a ella, como andaban las almas de los paganos cuyas exequias no se habían celebrado, en torno de la barca del viejo Caronte? ¿O padecen los pobres señores el tormento de la garrucha, que, como el lector sabe mejor que nosotros, consistía en colgar al paciente por los brazos, de suerte que tocasen las puntas de sus pies en el suelo al estirarse, pero sin poder nunca descansarlos en él, precisamente en la misma forma que dejó suspendido la pundonorosa Maritornes al hidalgo manchego del agujereado pajar? Nosotros no entendemos de otra manera aquello de andar cerca, y cierto que nos da verdadera lástima y dolor que unos señores de tal categoría se hallen en tan dificultosa posición.

Líbreseles cuanto antes de aquel tormento, si es que somos cristianos, y lleguen ya por fin a sus cortes respectivas, y vivan en ellas como en tiempos de nuestros antepasados, que decían: «El embajador de Francia en la corte de España», etc. Porque si del que se halla en una corte se puede decir que está cerca de ella, ¿qué inconveniente habrá en que digamos que tenemos los ojos cerca de la cara y no en la cara?