Un ejemplo de autobiografía

Ejemplo de autobriografía
Cultura RM Exclusive/DUEL/Getty Images

La autobiografía es un género en el que el autor es el mismo protagonista del texto, y en el que se narra con detalle la vida de la persona que nos comparte su universo personal. En general la autobiografía tiene las siguientes características:

  • Cuenta la vida de una persona.
  • Cuenta los hechos en primera persona a través del autor/protagonista.
  • Cuenta los hechos de manera cronológica, aunque muchas saltan del pasado al presente y no responden a una estructura lineal.
  • Cuenta los hechos relevantes de la vida de la persona, y no todos los hechos. 
  • Provee una visión de los hechos que es una especie de evaluación de los mismos por parte del autor/protagonista. 
  • Cuenta los hechos por capítulos, a través de cartas, en poemas, en columnas, y no responde a un estándar de forma.

Cada escritor tiene la libertad de elegir la forma y el estilo en que relatará su historia. No es una redacción rígida y formal y en ella pueden confluir varios géneros, como incluir un ensayo, o un intercambio epistolar con otra persona para explicar alguna idea, dar una critica o hablar de un momento particular de su vida.

La siguiente obra es un fragmento de la autobiografía de José María Soler García un intelectual español que se destacó en la rama de la arqueología:

Nací en Villena, el treinta de septiembre de 1905, en la calle de La Trinidad, n.º 2, tercer piso, en la misma habitación donde hoy tengo instalado mi despacho particular. Y no es que hayamos vivido allí toda la vida, sino que mi padre, en cierta ocasión tuvo una agencia de seguros en Cartagena y allí vivimos desde 1914 hasta 1917 en la calle Santa Florentina, n.º 11—allí nació y murió mi hermana Caridad. En el año 1917, regresamos a Villena y vivimos una temporada en varios domicilios: calle Ferriz, calle de Santiago y Maestro Caravaca, donde murió mi hermana Bienvenida; el porche de esta casa lo ocupábamos los amigos para depositar las meriendas de las monas en los días de Pascua-. Posteriormente, enterados de la ausencia de inquilinos en la calle de La Trinidad n.º 2, volvimos a ocupar la casa donde nací.

Mi padre había tenido el capricho de grabar en 1905, con un diamante en el cristal de uno de los balcones de la casa, la fecha de mi nacimiento y el de mi hermana Consuelo. Y allí permanecía cuando volvimos, hasta que en una especie de reunión, una pequeña juerga que tuvimos en la casa, en un momento de euforia, uno de los amigos con el codo rompió el cristal. Fue un gran disgusto para mi padre.

Tuvimos cuatro hermanos más: Bienvenida, Ricardo, Manolo y Caridad. Los cuatro murieron de pequeños; hemos quedado, precisamente los dos mayores.

Mi infancia fue la de un niño normal, yo jugaba con los amigos a todos los juegos de entonces: las bolas, mate y cartones, la trompa... muchos de los cuales figuran en el Cancionero popular villenense. Había un juego, que hoy no lo vemos empleado, que se llamaba «El Birle», que consistía en arrojar una moneda a la pared o al bordillo de la acera. Tiraba uno después de otro, y si la moneda del segundo quedaba a menos de un palmo de la otra, se llevaba las dos. Aquí, como en los demás juegos, teníamos un rival extraordinario, una muchacha a la que llamábamos «La Pelendrina», nos ganaba en todos los juegos. Como se dice en villenero: «Nos engalipaba y luego nos pilfaba». Nos ganaba en todos los juegos menos al «Mate y Palmo», porque hasta el momento no he encontrado otra persona que tenga más palmo que yo, hasta el punto de que se lo he propuesto al «Guiness» y no lo han admitido porque este «record» no estaba homologado. Cuando jugábamos a esos juegos teníamos que poner una medida ya que ninguno quería jugar conmigo.

Hacia el año 1915 surgió en Villena una compañía de aquellos «boy scouts» o exploradores con uniforme similar a los de los «americanos» del oeste que estaban entonces muy en boga. Como arma llevábamos una vara de fresno con el extremo puntiagudo metálico para efectuar saltos, y yo llegué a dirigir una de aquellas compañías o patrullas cuyo símbolo era una golondrina. Estos símbolos eran unos gallardetes triangulares que llevaba el guía adherido al extremo de la vara. Con estas patrullas llegamos a efectuar excursiones a casi todos los pueblos de los alrededores, incluso llegamos a ir a Petrel, que está a 25 kilómetros de distancia.

No he hecho nunca «novillos», salvo una sola vez en Cartagena. Mi padre, que no me pegó nunca, me castigó a pasarme el resto de aquel día en la cama, castigo bastante duro para un chiquillo.

Los estudios primarios los inicié en Villena a los cinco años, en el colegio de D. José Gómez Ros, instalado al principio en el Paseo de Chapí en la casa que luego ocupó el Hotel Alcoyano. Se trasladó después al Cantón, a la casa que hoy ocupa el bar llamado «El Túnel». Después pasó a otra casa en la calle de Joaquín M.ª López. Y de allí pasó por último a la Plaza de las Malvas, a la esquina que hoy ocupa la oficina de Correos.