De Frankenstein a los zombis: libros clásicos de terror

Monstruos, fantasmas y vampiros con tradición

Aunque han sido las películas las que mayor fama han aportado a ciertos personajes terroríficos, como vampiros, hombres lobo o -más recientemente- zombies, es en la literatura donde Hollywood ha encontrado las fuentes para estas producciones exitosas. Los libros clásicos de terror también han servido de inspiración para autores modernos tan populares como Stephen King o para las sagas de Crepúsculo o Millennium, por citar unos ejemplos. Incluso las primeras novelas sobre "muertos vivientes" datan ya de hace casi un siglo. Veamos cuáles han sido las más influyentes, y que además nos demuestran que la atracción por el miedo no es un fenómeno nuevo.

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Frankenstein, de Mary Shelley

Frankenstein de Mary Shelley
Editorial Siruela

Frankenstein o el moderno Prometeo fue escrita por Mary Shelley en 1818, aunque una versión corregida en 1831 (menos descarnada que la original) es la más difundida. Recoge la historia de un joven científico suizo, Víctor Frankenstein, empeñado en crear vida a partir de cadáveres, a través de la utilización de la entonces incipiente energía eléctrica. El resultado es conocido por todos: el nacimiento de un monstruo, que se convertirá en la desgracia del científico y de su familia.

Pensada más como una parábola sobre el deseo del hombre de rivalizar con el poder de Dios a través de la ciencia, resaltando los peligros de descuidar los principios éticos, su temática se ha revitalizado, luego de la aparición de las técnicas de clonación y de manipulación genética, por ejemplo.

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Drácula, de Bram Stoker

Drácula, de Bram Stoker
Debolsillo

Escrita en 1897 por Bram Stoker y narrada en forma de cartas y pasajes de los diarios de sus personajes principales, cuenta la historia de un no-muerto, del famoso vampiro que se alimenta de sangre humana, posee poderes sobrenaturales y, sin embargo, no puede exponerse a la luz del sol.

El conde Drácula, con su sombría y a la vez sensual personalidad, ha despertado desde entonces la curiosidad de millones de lectores. La figura del vampiro no es, sin embago, invención de Stoker: el mérito de éste ha sido su capacidad para recopilar las innumerables leyendas alrededor de este personaje terrorífico, objeto incluso de relatos anteriores, y construir toda una simbología. No en vano se ha desarrollado todo un sub-género vampírico dentro de la literatura de terror.

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La temática de zombies ha disfrutado de un verdadero "boom" durante los últimos dos años, especialmente gracias al cine y la televisión; pese a que muchos ubican su origen en el film La noche de los muertos vivientes de George A. Romero, de 1968, lo cierto es que ya en 1929 el escritor estadounidense William Seabrook, en su novela La isla mágica da concreción a la figura de estos "muertos vivientes", como cadáveres que son resucitados por un brujo que practica el vudú, para que trabajen como esclavos.

La isla mágica recoge las supuestas experiencias del excéntrico Seabrook durante un viaje que realizó junto con su esposa a Haití, donde fue iniciado en la prácticas del vudú y constató la existencia de zombis que trabajaban en plantaciones de caña de azúcar. El libro se convirtió en un bestseller inmediato y dió origen a varias películas y obras de teatro.

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Aunque la poesía era su mayor pasión, Edgar Allan Poe fue un maestro de los relatos de terror. Sería difícil realizar una corta enumeración de sus cuentos, donde su capacidad para despertar en los lectores los más profundos sentimientos de miedo es destacable.

Podemos mencionar, por ejemplo, La narración de Arthur Gordom Pym (su única novela), El gato negro, La Caída de la casa Usher, Los crímenes de la calle Morgue o La verdad sobre el caso del señor Valdemar. Como creador del terror psicológico, ha influido en muchos escritores contemporáneos, como el popular Stephen King.

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