De carta en carta

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© Alfaguara Infantil

El papel soporta muchas cosas, lo sabemos, las letras, las palabras se despliegan sobre él, parecer bailar incluso… cuando las letras se juntan en el papel significan muchas cosas, pueden ser historias, recados, incluso la lista del súper… todo lo aguanta el papel. Incluso oraciones poco respetuosas, como “Eres un pesado”, la frase que Pepe le mandó a su abuelo José en una carta.

En la novela corta de Ana María Machado, De carta en carta, ni Pepe ni José saben escribir y por tanto, tampoco leer.

José ya está muy viejo y cansado, así que es poco probable que logre dejar su condición de analfabeto; pero con Pepe la situación es bastante diferente. El chico es el menor de cuatro hermanos y cuando en la mañana su papá y mamá se van el trabajo, él decide quedarse acompañando y ayudando a su abuelo en las labores de jardinería. Pero esta elección, ha dejado a Pepe sin ir a la escuela y, por tanto, de lado ha quedado su potencial de desarrollo, de aprender infinidad de cosas y de crecer como persona. Curiosa es la decisión de los padres… que nada dicen al respecto de este hecho tan particular y antojadizo, pero eso es tema de otro cuento.

Los escribidores

Existen lugares, pequeños pueblos e incluso grandes ciudades en donde se desarrolla una profesión bien particular: los escribidores. Generalmente se ubican en las plazas, provistos de una mesa y un par de sillas. En la mesa se encuentra la máquina de escribir en algunos casos, mientras en otros, solo hay lápiz y papel.

Los escribidores se dedican a escribir todas aquellas cosas que los que no saben hacerlo les solicitan y pagan por ello. 

Es importante poner palabras en papel, es importante para comunicarnos, no siempre podemos hacerlo verbalmente, hay veces que incluso es necesario hacerlo a través de una carta formal… Imaginen cómo si no el abuelo de Pepe podría solicitar al Gobierno que le entregase una pensión para poder descansar luego de años y años dedicados al trabajo.

Yo diría algo más allá, nuestra capacidad de comunicarnos a través de la escritura, nuestra posibilidad de expresar lo que queremos a través de las palabras escritas es, sin duda, una de nuestras más grandes herramientas, el arma del ser humano, diría que es uno de los factores más importantes que nos convierten en seres inteligentes distintos de los otros habitantes del reino animal.

Las palabras escritas son armas poderosas

Pero volvamos al problema de Pepe y José. En la relación de amor entre abuelo y nieto caben también ciertas discordancias y son estas las que motivan tanto a José como a Pepe a recurrir a los servicios de Miguel, el escribidor. La primera vez que Pepe le pide a Miguel que le escriba una carta a su abuelo (“Eres un  pesado. Vete al infierno”), el escribidor se sorprende no solo del contenido del mensaje sino que también porque un chico de la edad de Pepe no sea capaz de escribir su propia carta, a su antojo. Y he aquí que llega la luz a la vida de este chico, luz encarnada en la figura de un escribidor. Primero, Miguel “arregla” un poquitín el mensaje para que no suene tan irrespetuoso y falto de amor, dando paso a una serie de cartas donde nieto y abuelo van conociendo un poco más de cada uno.

Segundo, el tema del pago no es menor. ¿Cómo pagaría Pepe las cartas que estaba solicitando a Miguel? Sencillo: “A los niños de tu edad no les cobro nada. Pero tienes que hacer una cosa: debes ir a la escuela y venir a contarme cómo es, porque tengo muchas ganas de saberlo… Ése es el precio”.

De carta en carta (lee el primer capítulo) es una novela emotiva, en ella se trata la relación entre un abuelo y su nieto, pero también entre un niño y la escuela, entre un niño y una persona que los guía… ángeles, dirán algunos… un niño que gracias al poder de las palabras descubre las necesidades e inquietudes de un adulto mayor y lo ayuda a conseguir su merecido descanso. Las palabras escritas son armas poderosas… hay que aprender a usarlas bien, ese es todo el secreto.

Datos del libro

Escrito por Ana María Machado e ilustrado por Juan Ramón Alonso

Publicado por Alfaguara Infantil. Isbn: 978-9870403265.

Edad de lectura sugerida: a partir de los 8 años