Cuidado con las dietas

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En cuanto empieza a hacer buen tiempo una ola universal recorre el mundo: la presión por hacer dieta. Las afectadas son en su mayoría mujeres pero cada vez también lo son más los varones. Esa sensación de que se necesita perder peso suele comenzar en la adolescencia y, en muchos casos, no abandona ya jamás a las personas que la sufren. Estas personas las sienten durante todo el año pero crece insoportablemente en las primaveras.

La forma de combatir la presión es convencer a las adolescentes y a los adolescentes de, primero, la necedad de esa aparente necesidad y, segundo, de sus riesgos tanto físicos como psicológicos.

Hay que partir de la idea de que es muy difícil convencer, sobre todo a las chicas, de que no se obsesionen con las dietas. Pero para comenzar a hacerlo es imprescindible hacerles ver de dónde viene esa presión.

La imagen de las mujeres

Esa presión casi insoportable viene del intento de controlar a las mujeres. La sociedad en la que vivimos está organizada, desde hace miles de años, para conseguir ese control. Y para ello se ha valido de diversos métodos: durante cientos de años se prohibió a las mujeres el acceso a la educación y también a la mayoría de los trabajos. Con los avances del siglo pasado, estas prohibiciones desaparecieron en la mayoría de los países, aunque no en todos. Entonces la sociedad recurrió a métodos más sutiles para ejercer ese control.

Y uno de ellos es convencer a las mujeres de que deben lograr una imagen que es totalmente inalcanzable porque no es real.

La imagen que la sociedad nos da de las mujeres, en la publicidad, en las películas, en las fotografías… es la imagen de mujeres delgadísimas y con un tipo de belleza que no es común.

La inmensa mayoría de nosotras jamás tendremos esa imagen. Pero a pesar de ello, también la mayoría nos sentimos obligadas a intentarlo. Esos intentos se llevan una gran parte de nuestro tiempo y de nuestra energía. Un tiempo y una energía que podríamos haber dedicado a otros asuntos mucho más beneficiosos para nosotras mismas porque, y esta es la clave, esos intentos jamás producen satisfacción ya que nunca se llega al objetivo porque al ser este irreal es también inalcanzable.

En esa tremenda trampa para las mujeres juegan un papel esencial las dietas. Que además y en los últimos años se han convertido en un negocio muy rentable para algunas compañías.

Luchar contra las dietas permanentes en la vida de las mujeres no quiere decir que enseñamos a nuestras adolescentes que el sobrepeso o la obesidad son buenos para ellas. Luchar contra la presión de las dietas quiere decir que debemos mostrarles a las adolescentes que la imagen real de las mujeres no es, ni debe ser, esa aparente belleza perfecta que nos muestra la sociedad porque esa imagen, al ser inalcanzable, hará que su autoestima sea baja y que no tengan confianza en sí mismas. Y en contra de lo que parece sugerir todo a nuestro alrededor, que las posibilidades de triunfar en sus vidas disminuyen a la vez que intentar alcanzarla.

Es muy importante que enseñemos a las adolescentes, y a los adolescentes, a alimentarse bien. Que entiendan el valor de los alimentos para su salud. Que sepan qué alimentos no les benefician y cuáles sí son sanos. Pero debemos centrar esta información en la salud, no en la estética.