Cuando protegemos demasiado a los adolescentes

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“No sé cerrar el paraguas”. Esta frase resume lo que estamos haciendo con algunos adolescentes. No es inventada, la dijo hace unos pocos días la hija de una amiga. La chica tiene quince años y es una niña normal: lista, despierta, interesada por lo que la rodea… pero no sabía cerrar un simple paraguas.

Esa frase que pronunció la hija de mi amiga ejemplifica cómo los adultos alargamos indefinidamente la niñez de nuestros hijos.

Y más aún cuando son hijos únicos.

La explicación es muy sencilla: en vez de tomarnos el tiempo de enseñarles a hacer las cosas por sí mismos, se las hacemos nosotros. No es una prueba de amor, ni de protección, ni de cuidado, es solo que no les dedicamos el tiempo suficiente.

Desde que son niños entramos en una dinámica en la que ellos aprovechan nuestra debilidad, nos ocupa menos tiempo hacer las cosas nosotros mismos que enseñarles a ellos a hacerlas, y se hacen cada vez más pasivos en lo que respecta a su autonomía.

 

Llegan los choques

Pero esa tendencia no es natural, lo natural es que los seres humanos crezcan y se hagan independientes y autónomos. Por eso llega un momento en el que esos chicos y chicas poco preparados para ser autónomos exigen su autonomía y nosotros, sus padres, que no estamos acostumbrados a que la tengan nos resistimos a ello. Y por esa razón estalla un conflicto que puede tener consecuencias graves.

Porque que una adolescente no sepa cerrar un paraguas, cuando vive en una ciudad en la que llueve con frecuencia, lo que nos está indicando no es que no sea hábil con asuntos técnicos. Para empezar ella, como todos los chicos y chicas a esa edad son muy hábiles porque viven en una civilización tecnológica.

Pero, y esto es aún más importante, aunque en apariencia lo que estamos haciendo por ello es solo facilitarles la vida desde el punto de vista material, esas decisiones implican también el resto de su desarrollo. Les cerramos el paraguas sí, pero también les organizamos la vida y les resolvemos todos los problemas. Y cuando crecen nos resistimos a soltarles porque tenemos el íntimo convencimiento de que ni ellos ni nosotros estamos preparados para que ejerzan su libertad y su autonomía.

Cómo resolverlo

Solo hay una forma de resolver estas situaciones. Debemos tomarnos el tiempo que sea necesario para enseñarles a hacer las cosas por sí mismos. Tenemos que conseguir que nuestros hijos sean autónomos. Que sepan emplear los aparatos que usan en su vida cotidiana y que sepan resolver las situaciones normales en las que se encuentran.

Cuando se presente cada una de estas situaciones, en vez de hacerlo nosotros, debemos pedirles a ellos que lo hagan, con nuestra ayuda las primeras veces, pero solo con nuestra ayuda. Nos llevará más tiempo que hacerlo nosotros pero será mucho mejor para ellos y para nosotros porque tendremos a chicas y chicos autónomos y capaces de desenvolverse con éxito en sus vidas.

Los errores ayudan

Muchos padres y madres evitan darles a sus hijos esa autonomía porque temen que sus hijos cometan errores pero deben saber que los errores no solo son inevitables sino que son beneficiosos. Los errores ayudan a aprender y son inherentes al desarrollo humano.

Los errores forman parte de la vida y los adolescentes deben aprender a convivir con ellos a que no les causen frustración, a no enfadarse con ellos. Debemos enseñar a nuestros hijos que un error te puede hacer más sabio y más fuerte pero solo si sabes convivir con él.

Si siempre les evitamos los errores, cuando les sucedan, y les sucederán, no sabrán cómo convivir con ellos y los sentirán como un fracaso que solo les creará malestar.

 

Hacer las cosas o incluso intentar hacerlas una vez y otra es una de las claves del desarrollo humano y no podemos sustraerles a nuestros hijos esa fórmula fundamental de aprendizaje y crecimiento.