Cuando los adolescentes no dan explicaciones

Cómo acabar con la incomunicación de los adolescentes

Grupo de adolescentes en la calle
Alex Proimos

Algunas de las respuestas más habituales de los adolescentes son precisamente esas del título de este artículo. Cuando sus padres se interesan por lo que hacen esto es lo que responden:

  • Padre o madre: -¿Dónde has estado?
  • Hijo o hija adolescente: -En ningún sitio
  • Padre o madre: -¿Con quién has estado?
  • Hijo o hija adolescente: -Con nadie
  • Padre o madre: -¿Qué hiciste?
  • Hijo o hija adolescente: -Nada

 

Es fácil de entender la frustración que madres y padres sienten ante estas respuestas.

Y también es fácil entender que cuando se han escuchado muchas veces, padres y madres dejen de preguntar o al menos se planteen seriamente dejar de hacerlo. La razón es que no encuentran una vía por la que comunicarse con sus hijos. Pero aunque a primera vista parezca lo contrario, es bueno saber que es posible hacerlo. Es posible tener una buena comunicación con los adolescentes.

Pero para conseguirlo hay que hacer algo muy importante. Olvidarse de uno mismo y pensar en el o la adolescente, ponerse en su lugar, mostrar empatía con él o ella. Solo de esa forma lo conseguiremos.

Para llegar a ello pueden seguirse unos sencillos pasos. Y dan resultado
 

  1. No insistir. Cuando el o la adolescente contestan así, es decir, no contestan, lo mejor es no insistir. Si intentamos obtener respuestas a pesar de su evidente negativa, solo conseguiremos que él o ella se cierre todavía más y además es muy probable que nosotros, sus padres, acabemos enfadados. Y es un enfado absurdo porque esas respuestas nos deberían haber dejado muy claro que nuestro adolescente no quiere contestar.
  1. Humor. Poner sentido del humor en nuestras vidas no solo las mejorará en general, también puede conseguir que la comunicación con nuestros hijos adolescentes sea mucho más efectiva. El humor nos permite dos cosas muy importantes, por un lado pone distancia con lo que ocurre lo que hace más difícil que nos enfademos y eso mejorar la relación indiscutiblemente y, por otro lado, desconcierta al adolescente. Los adolescentes suelen ser seres muy curiosos y si ven en sus padres algo que no conocen van a interesarse por ello, aunque no lo hagan evidente. Y nosotros, sus padres, podremos aprovechar ese interés para poner los cimientos de una relación más comunicativa.
  1. Escuchar. Es muy frecuente oír que los padres y madres de adolescentes se quejan de que sus hijos no los escuchan. Y suele ser verdad. Pero es mucho menos frecuente que esos padres y madres se pregunten sobre si ellos están escuchando a sus hijos. Pero de verdad, no solo esa forma de escuchar a los hijos que consiste en asentir cuando se está ocupado en otra cosa pero que en realidad no supone prestarles atención real. Los padres y madres que se lo preguntan e indagan en ellos mismos descubren que, en muchas ocasiones, ellos tampoco están escuchando a los adolescentes. Es un buen ejercicio cambiar eso y tiene resultados sorprendentes. Cuando se escucha a los demás es mucho más sencillo conseguir que los demás también nos escuchen a nosotros.
  2. Confidencias. Ocurre lo mismo con las confidencias. Es muy normal que padres y madres de adolescentes se quejen de que sus hijos no les cuentan nada. Pero también en ese caso deben preguntarse qué les cuentan ellos a sus hijos. Y como con el paso anterior descubrirán que se trata de algo así como quid pro quo (“uno por otro”) es decir, que si nosotros les contamos cosas que nos importan, ellos nos contarán cosas que les importan.
  3. Paciencia. También hablamos con mucha frecuencia de que hace falta tener mucha paciencia con los adolescentes. Pero, de nuevo, debemos preguntarnos si de verdad la estamos teniendo y si estamos manteniendo la calma necesaria. El quinto paso para conseguir que los hijos se abran a nosotros es precisamente la paciencia, una paciencia que debe aplicarse a todo el proceso. No se puede pretender que las cosas cambien de la noche a la mañana. Debemos seguir esos pasos una y otra vez, seguramente muchas, es decir, debemos empeñarnos en que salga bien, tener paciencia y esperar a que de resultados. El tiempo que haga falta.