¿Contrata la empresa siempre al candidato ideal?

Hombre con el Sol en la mano
El poder de la percepción está en tus manos. Fran Garcia/ EyeEm

Esta mañana me tomaba un cafecito con un amigo que trabaja en una multinacional de mucho renombre. Es ingeniero, muy analítico, y se jacta de sermonearme acerca de la capacidad analítica de su departamento, tanto en el desarrollo de estrategias como en las prácticas de reclutamiento de personal. Como jefe, disfruta de la responsabilidad y la capacidad de contratar a decenas de personas al año. 

En medio de nuestra conversación informal, le interrumpí para hablarle de un conocido mío que podría interesarle como  candidato ideal para su departamento, ya que siempre andan buscando empleados con un perfil tecnológico alto.

Me preguntó dónde trabajaba ese conocido y, en cuanto mencioné el nombre de la empresa, me dijo, “¿trabaja en esa empresa en Silicon Valley? Pero si les va fatal, su reputación ha bajado en los últimos años, incluso circulan rumores de su posible desintegración. Y, ¿ese conocido tuyo todavía trabaja ahí? Pues no me interesa”.

 

Me quedé perplejo. Mi amigo, el ingeniero, super analítico, acababa de tomar una decisión tan importante, como desechar una posible contratación, en cuestión de 3 segundos, sin analizar nada, simplemente después de escuchar el nombre de la empresa donde trabaja (por cierto, esa empresa, por muy mal que le haya ido últimamente, es una de las más conocidas del mundo y una de las más exitosas, en general, de las últimas dos décadas).

 

Perplejo y aturdido

Y yo me pregunto, si las personas que se suponen más analíticas y racionales son capaces de tomar ese tipo de decisiones en cuestión de segundos, basándose meramente en la intuición, imáginate cómo lo harán  las personas que no son tan analíticas ni por naturaleza ni por su preparación profesional.

 

Todos nos creemos muy lógicos

Lo que ocurre muchas veces es que, con la ilusión óptica de ese poder racional que nos caracteriza a los humanos, nos convencemos de que las decisiones que tomamos siempre se basan en la lógica.

Por ejemplo, supongamos que vamos a comprar algo tan significativo como un coche, una de las compras que, junto a una casa, conllevan más análisis y meses de preparación.

Después de esos meses de investigación, comparando marcas, modelos, millas por galón. volumen del equipo de música, ángulo de reclinamiento del asiento trasero, condiciones de pago... De repente, miras a tu pareja, y sientes que la decisión ya está tomada. Sobre el papel, con la calculadora, el coche B parece la elección lógica. Pero tú y tu pareja escogen finalmente, contra todo pronóstico, el coche A. 

 

En vez de convencerse de que el B es superior en todos los análisis que han realizado, después de escoger el A, comienzan a racionalizar su decisión, inventándose factores que ni siquieran habían considerado importantes. ¿Por qué eligieron ese? Pues porque el instinto así lo dictó.

 

Lo mismo ocurre cuando se trata de la contratación de empleados, o cuando le dan el ascenso a alguien que, según tu análisis lógico y racional, no se lo merece. Esas personas en posición de tomar decisiones de contratación "sufren" de la misma ilusión óptica, ese espejismo, que la pareja que escogía el coche.

Así que, la próxima vez que te encuentres inmerso en un proceso de contratación, ya sea como contratante o como candidato, presta atención a los elementos que no solo invocan nuestra parte analítica, sino también la emocional, esa parte que, sin pensarlo, reacciona en esas situaciones.

 

Todos esos elementos que conforman la percepción, como la forma en que nos vestimos, la forma de hablar, la postura, el peinado, el caminar, el apretón de manos, el saludo... todos esos detalles que muchos consideran solo "detalles", en realidad transmiten señales importantes a nuestros receptores intuitivos, aquellos que no podemos muchas veces explicar en palabras.  

Foto @ Fran García/EyeEm